VOX, ¿UN PP CON BÓTOX? (1 de 2)

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Nace un partido de centro con esteroides 

Ayer se hizo la presentación en sociedad de VOX, el nuevo partido que pilotan Santi Abascal y José Antonio Lara (y al que previsiblemente se sumará Alejo Vidal Quadras). Los impulsores del nuevo proyecto dieron una rueda de prensa y publicaron en su web el manifiesto fundacional.

Desde La Casa en el Árbol nos parece interesante hacer unos comentarios preliminares sobre la línea ideológica del nuevo partido y, en particular, sobre si es el partido que esperaban los votantes con valores de derecha que están desencantados con el PP.

Según Santi Abascal, VOX se presenta como una formación de “centro-derecha, moralmente conservadora, económicamente liberal y moderada en sus planteamientos”. Los ejes fundamentales del nuevo partido son la defensa de la unidad de España, la supresión del Estado autonómico por ser “políticamente inmanejable y financieramente insostenible”, el modelo económico liberal y la regeneración democrática.

Nuestro respeto a los impulsores del proyecto

En primer lugar, saludamos la iniciativa por su coraje político y por cuanto supone ofrecer una nueva opción que puede romper el monopolio del Partido Popular en la derecha. Inevitablemente, a partir de ahora el PP deberá vigilar su flanco derecho y eso evitará que pueda hacer sus viajes al centro sin un coste electoral.

En segundo lugar, las personas que lideran el partido cuentan con nuestra simpatía personal y merecen nuestra admiración. Santi Abascal es un político vasco que defendió con valentía sus convicciones durante los años de plomo, mientras muchos callaban. Lleva a España en el corazón y ha tenido que convivir con un escolta desde los 18 años. Eso merece nuestro respeto y está por encima de cualquier diferencia ideológica que nos pueda separar.

José Antonio Ortega Lara no requiere presentación. Es una víctima de ETA y forma parte de la reserva moral de España. De alguna forma, pertenece a nuestra memoria colectiva y su opinión puede y debe ser un referente que guíe la estrategia en la lucha contra el terrorismo.

Alejo Vidal Quadras (a la espera que “salga del armario” popular) es uno de los pocos políticos dentro del PP que ha dado la batalla cultural a los nacionalismos y al progresismo. Como catalanes que somos, los miembros de La Casa en el Árbol sabemos bien que Vidal Quadras ha sufrido durante años el ostracismo social y político de las élites nacionalistas y el acoso callejero de los cachorros de la extrema izquierda.

La lectura del Manifiesto fundacional de VOX causa una buena impresión con el primer vistazo. La música que sale de esa partitura parece que suena bien. Cosas que nos gustan: la defensa de la unidad de España con respeto a su diversidad cultural, la soberanía de la nación española, la lucha frente a los nacionalismos disgregadores y el fin de las concesiones a ETA, el fortalecimiento de la sociedad civil y la vida democrática, el saneamiento del régimen partitocrático y oligopólico, la prioridad del esfuerzo y el mérito en el sistema educativo y la recuperación de ciertos “valores fuertes” (no muy bien definidos).

¿Quiere esto decir que nos adherimos a VOX? No. Nuestros recelos surgen por lo que no se dice en el Manifiesto. VOX es una escisión nostálgica del PP y, por tanto, arrastra todos sus defectos y carencias. Como dice Carlos Martínez-Cava (@cmcava) en un tuit muy inspirado, “son gente del PP, que sale del PP para fundar el PP”.

Sigue siendo la economía.

Igual que el PP, VOX asume explícitamente la defensa del modelo económico liberal. Es decir, los mercados globales y la lógica del beneficio. Según el Manifiesto, uno de los principios inspiradores es el siguiente:

La economía de mercado, la libre iniciativa y el pleno reconocimiento del derecho de propiedad son las claves de la prosperidad y de la creación de empleo. (…) España se ha de dotar de un modelo productivo centrado en la generación de valor añadido sobre la base de la competitividad, el desarrollo y la innovación. El fomento de la cultura emprendedora y de la investigación son componentes indispensables del crecimiento y del progreso. La fiscalidad ha de ser una herramienta de dinamización de la economía y no ha de alcanzar nunca niveles confiscatorios que inhiban el ahorro y la inversión y desincentiven el trabajo y el esfuerzo. El motor de creación de ocupación son las empresas y los empresarios, a los que el Estado ha de proporcionar un entorno normativo, fiscal, cultural y ético que estimule su actividad.

En nuestra opinión, el problema de VOX está en lo que no se dice. Se habla de “economía de mercado”, pero no de “economía social de mercado” (como hacía el PP de 1977, ver nuestro post). Se habla del “pleno reconocimiento del derecho de propiedad”, pero no del destino universal de los bienes y la función social de la propiedad privada. Se habla de la “creación de empleo”, pero no de la protección del trabajador, del freno al empleo precario y de la promoción de un régimen laboral justo. Se habla de un “modelo productivo centrado en la generación de valor añadido” (?) pero no de la reindustrialización de España, la promoción de la agricultura, la ganadería y la pesca y la protección de nuestras empresas frente a las economías que hacen dumping social. Se habla de la “cultura emprendedora” pero no del bien común, ni del comercio justo, ni del principio de solidaridad y arraigo que debe inspirar una economía en la que la noción de comunidad importa. Se habla de la fiscalidad como herramienta de dinamización pero no de la lucha contra los escandalosos niveles de elusión y evasión fiscal que existen en España.

En resumidas cuentas, VOX asume el orden económico actual y trata de que España compita con eficacia en el concierto de naciones para sacar provecho de él. En todo el Manifiesto no se dedica ni una sola línea a la justicia social, la inclusión de los desfavorecidos y la lucha contra la economía de casino y la economía del descarte.

VOX asume la hegemonía de la economía sobre la política. Acata la prevalencia del dinero sobre la voluntad de un pueblo para regir su futuro. En el documento de Reconversión (la asociación que ha actuado como vehículo lanzadera de VOX) titulado “Reflexiones y conclusiones para el encuentro con la prensa 24 de julio de 2012” leemos lo siguiente:

Si se quiere convencer a los mercados de la seriedad de nuestros propósitos, hay que proceder de inmediato a eliminar el 80% de las entidades públicas autonómicas y municipales superfluas, privatizar o cerrar los medios de comunicación públicos autonómicos y clausurar todas las representaciones de las Autonomías en el exterior.

La actitud de los mercados no cambiará hasta que no se produzca en España un pacto de Estado entre los dos grandes partidos nacionales que cristalice en un programa detallado y ambicioso que se extienda a los próximos siete años y que incluya como elemento nuclear una reforma de la estructura del Estado que tapone el sumidero por el que se pierde de forma improductiva una parte significativa de nuestro PIB. Sin esta operación imprescindible, estamos abocados más pronto que tarde a la intervención con la consiguiente pérdida de soberanía y a un retroceso de décadas en riqueza y en prestigio. La negativa a reconocer esta verdad, que es ya un clamor en los editoriales y en la calle, nos condena al hundimiento de la “marca España” durante al menos una generación”.

Vemos que, a pesar de los muchos pasajes escritos en el Manifiesto de VOX sobre la unidad y la soberanía nacional, al final del día, su visión económica acepta la sumisión de España a “los mercados”. Por tanto, la soberanía de la que hablan Santi Abascal y sus compañeros de viaje es una soberanía dirigida, condicionada y lacaya, sometida en último término a la voluntad de los grandes operadores económicos e instituciones supranacionales como la Troika, el Banco Mundial o el FMI.

En otras palabras, una soberanía que, en último término, tolera consecuencias tan poco democráticas y tan indeseables como que desde el exterior se imponga al gobierno de España una reforma exprés de la Constitución o que la Comisión europea nos dicte semanalmente “recomendaciones” de obligado cumplimiento.

Como decía Alain de Benoist, “en el fondo, la derecha siempre se ha equivocado de enemigo… en la lucha contra el sistema del dinero que era su enemigo principal, la derecha nunca ha hecho una prioridad”.

Patriotas de la marca España

El Manifiesto de VOX dedica una buena parte de su contenido a la defensa de la unidad de España y la soberanía nacional. Identifica como única amenaza el auge de los nacionalismos periféricos y el desafío independentista. El Manifiesto afirma lo siguiente:

No hay nación en el mundo que pueda soportar indefinidamente que su Constitución sea continuamente ignorada o despreciada. Un sistema político que pone al Gobierno a merced de fuerzas cuyo propósito explícito es liquidar la unidad nacional no es viable y debe ser reformado.

En nuestra opinión, VOX acierta al identificar al enemigo interior: los nacionalismos disgregadores que, por intereses partidistas y egoístas, tratan de romper lo que nos une. Pero olvida la principal amenaza que nos acecha, el enemigo exterior: la globalización como fenómeno que tiende a suprimir las diferencias culturales de los pueblos y a laminar la soberanía de las naciones a favor de órganos de gobierno supranacionales abstractos y muy alejados del ciudadano (los “Senados Galácticos”).

Hoy en día el verdadero desafío para la identidad española es la anglo-americanización cultural, con las dosis de hedonismo, mercantilismo y secularización que este fenómeno comporta. Los esquemas mentales y la visión del mundo de nuestros jóvenes se conforman cada vez más según los patrones que dictan la industria de Hollywood y la MTV. Nuestras costumbres, nuestro ocio, nuestra alimentación, nuestras tradiciones y nuestra fe están cambiando a marchas forzadas. La principal amenaza para los chicos de nuestros colegios e institutos no es el nacionalismo ambiental, sino los valores nocivos que se inoculan en las series de televisión que importamos. Mientras los políticos de CiU y del PP mantienen un pulso oligárquico, sus hijos visten como los adolescentes de Gossip Girl, interiorizan la “afectividad” de Sexo en Nueva York, aprenden qué es el ‘twerking’ gracias a las canciones de Miley Cyrus, hacen fiestas de Halloween, se intercambian regalos por Papa Noel y sueñan con ganar mucho dinero trabajando en un fondo de inversión transnacional o importando una franquicia americana.

Por otro lado, VOX suscribe el proceso de convergencia y homogenización europea y asume como inevitable la progresiva pérdida de competencias y soberanía nacional a favor de la Eurocracia. Es el patriotismo de la marca España, basado fundamentalmente en la captación de inversión extranjera y en la promoción de las empresas españolas en su actividad exterior, abandonando a la ciudadanía a procesos culturales, políticos y económicos que está alterando artificialmente nuestra forma de ser y de vivir.

El Régimen de 1978 ha convertido a España en una colonia con dos metrópolis: la cultural en Washington y la político-económica en Bruselas. VOX se centra en el (necesario) combate de los nacionalismos interiores pero no dará la batalla en el frente principal. Es decir, VOX pretende defender la españolidad con un brazo atado a la cintura. Desgraciadamente, lleva las de perder. VOX no puede ser la plataforma de la defensa de nuestra cultura e identidad porque carece de las armas ideológicas necesarias para combatir la verdadera amenaza de la hispanidad: la globalización.

Hace cuarenta años que España está perdiendo su alma. Hace cuarante años que hay mucha gente (dentro y fuera de nuestras fronteras) lucrándose con este proceso. Desgraciadamente, Santi Abascal y su equipo, a pesar de contar con nuestro respeto y admiración, no están equipados para frenar esta deriva.

En el siguiente post hablaremos de los valores de VOX y su nostalgia por el PP de 1996.

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