Sin Esperanza: 8 razones para no votar a Aguirre

.

¿Una Dama de Hierro en la derechita Pocoyó?

Se ha abierto un falso debate sobre si el PP de Esperanza Aguirre es bueno y el de Cristina Cifuentes es malo. Se trata de un teatrillo de sombras chinas: el problema no es que el PP tenga dos almas, el problema es que no tiene alma. El hecho de que Cifuentes sea una calamidad no convierte a Aguirre en la gran esperanza de los madrileños. El mal menor no tiene una cara buena. El PP no tiene una cara B, sólo tiene una caja B.

A continuación damos ocho razones políticas para no votar a Esperanza Aguirre:

1. El avestruz: A los palmeros de Esperanza les gusta decir que ella es un animal político. Tienen razón: es un avestruz político. Si hoy España sufre las siete plagas marianas se debe en buena medida a la espantá de Aguirre en el Congreso del PP de Valencia de 2008. Bajo el yugo del soft-totalitarismo zapateril y con el liderazgo de Rajoy en sus cotas más bajas, el mundillo pepero esperaba que Esperanza saltara al ruedo para presentar su candidatura. Sin embargo, Aguirre cogió su calculadora, hizo sus números y consideró que el riesgo no valía la pena. Optó por esconder la cabeza bajo tierra. A fin de cuentas, ella es una profesional de la política y un paso en falso podía echar al traste su carrera.

2. El anzuelo de Rajoy: A Esperanza le gusta decir que ella es un verso suelto dentro del PP. En realidad se trata de un cabo atado y bien atado. La derechita Pocoyó huye de la batalla ideológica, pero de puertas para adentro se trata de un cártel en el que el cacique genovés de turno gobierna con puño de hierro. Esperanza estará sometida a la disciplina de partido igual que cualquier otro nanopolítico de su partido. De hecho, fue Esperanza quien suplicó a Rajoy ser candidata a la alcaldía. Si Rajoy ha dejado que Esperanza salte a la palestra es, precisamente, para fidelizar a los incautos cansados de votar con una pinza en la nariz. Esperanza se ha prestado a hacer de gancho para Rajoy. Igualito que la Thatcher, vamos.

3. Cleptócratas en Corruptolandia: El PP de Madrid es una cloaca púnica de corrupción. Esperanza pretende caminar sobre el barro sin salpicarse. La gran mayoría de sus colaboradores cercanos tiene las manos sucias. La verdad es que nosotros no dudamos de la honradez de Aguirre, pero tiene una evidente responsabilidad política tanto en la elección de sus colaboradores como en el control de lo que ocurría en su gobierno y en su partido. No se puede premiar al PP de Madrid y al mismo tiempo criticar que los andaluces no hayan castigado la corrupción socialista. Que no te la cuelen: Esperanza es Rajoy. Rajoy es Bárcenas.

4. Abortismo provida: Cuando se acerca una manifestación provida, Esperanza Aguirre es dada a hacer alguna declaración pública en contra del aborto. Sin embargo, durante los años en que ella fue presidenta, la Comunidad de Madrid financió las clínicas abortistas con el mismo entusiasmo que otras comunidades gobernadas por el PPSOE. El abortismo provida de Esperanza financiaba más del 60% de las ejecuciones de bebés no deseados en Madrid. A pesar de su afición por el control del gasto, Aguirre nunca aplicó la tijera a esa odiosa partida. Por mucho maquillaje que se le eche, el aborto de derechas mata tanto como el de izquierdas.

5. Prostitución de derechas-de-toda-la-vida: Aguirre ha secundado recientemente la iniciativa de Ciudadanos de legalizar la prostitución (ver noticia). “Quien desee cobrar por el sexo, que lo haga libremente”, sentenció Esperanza. Muy bonito. Y, por el mismo motivo, suponemos que también apoyará que se pueda vender un pulmón o un riñón al mejor postor o cobrar por hacer de cobaya en los experimentos de una farmaceútica. Siempre que lo hagan libremente y a precio de mercado, claro. La idea de libertad que ha hecho grande a Occidente está muy alejada de la noción que parece tener Esperanza. Aguirre confunde libertad con relativismo moral.

6. Defensora de Eurovegas: Esperanza hizo un pulso a Artur Mas para atraer a Madrid los negocios sucios de Adelson. Sexo, drogas & Jackpot, justo lo que necesitaban los madrileños. Para ello se mostró favorable a que el billonario dictara a España las leyes que quisiera. Exención del pago de las cuotas a la seguridad social, exención de impuestos municipales, regionales y estatales, aval del Estado por si el negocio no salía rentable, cesión gratuita de suelo público, modificación gratuita de la ley de extranjería, cambio de legislación sobre la prevención del blanqueo de capitales, etc. La primera declaración de Aguirre tras “dejar la política” fue para pedir una excepción a la ley antitabaco para Eurovegas (leer más en Cásh.ate y sé sumisa).

A algunos no nos gusta la política de Aguirre porque seguimos creyendo en la soberanía nacional, en la igualdad de ricos y pobres ante la ley, en la dignidad del trabajo y en que la economía debe estar basada en proyectos que aportan algo bueno a la sociedad.

7. Azote del pequeño comercio: Los negocios familiares de Madrid han sido maltratados y puestos en riesgo por Esperanza. Ella aprobó la Ley de Modernización del Comercio (atención al uso de la Neolengua) por la cual se liberalizaban los horarios comerciales. De esta forma, las grandes superficies pueden abrir 24 horas 365 días al año (las pymes también, claro, para aguantar la competencia desleal basta con que la familia se esclavice a su negocio). “Puede abrir quien quiera. A nadie se le obliga”, justificó Esperanza. Como decía Eulogio López en las páginas de Hispanidad:

[Esa ley] es liberticida porque aumenta la libertad del grande para fastidiar al pequeño, porque reduce la libertad del trabajador para elegir, la del productor para vender y, sobre todo, la libertad del consumidor -antes llamado pueblo o ciudadano- para poder dedicar más tiempo a su familia, a sus amigos, a sus aficiones y, por qué no decirlo, a Dios. (…) La justicia social no estriba -no ha estribado nunca- en la lucha de lo privado contra lo público sino en la sangrienta batalla de lo pequeño contra lo grande. Lo liberal, señora Aguirre, es lo pequeño”.

8. El deseo (no) oculto de Esperanza. Nuestra última razón para no votar a Esperanza Aguirre es para ayudarle a conseguir su deseo más íntimo: no ser alcaldesa de Madrid. Ella misma lo ha confesado en multitud de ocasiones. Miren la hemeroteca. Ya sabéis que, en el fondo, en La Casa en el Árbol estamos para hacer feliz a la gente.

¡Que tengáis un buen día!

Si te ha gustado, comparte

Deja un comentario