ROSA DÍEZ Y VIDAL QUADRAS: LAS MÁSCARAS DEL PPSOE (2 de 2)

Mascaras venecianas 3

El PPSOE lo sabe: todo debe cambiar para que nada cambie. Se busca una opción política “con músculo” para la derechita.

Una alternativa para la derechita Pocoyó

El PP acumula mucho desgaste por el caso Bárcenas y otros escándalos de corrupción, la pasividad ante el desafío independentista, el incumplimiento masivo de promesas electorales (“más empleo, menos impuestos”) y sus dudas intestinas en materias como la reforma de la ley del aborto. El Sistema lleva tiempo pensando a dónde irán los votos de los descontentos con el partido de la derechita Pocoyó. La maniobra natural será que Vidal Quadras protagonice una escisión para crear otro pequeño rebaño en el que apaciguar a las ovejas descarriadas que estén perdiendo la fe en el PP.

La receta de la nueva marca blanca del PPSOE es tan simple como la de la sopa de ajo: regeneración democrática, adelgazamiento del Estado de las autonomías y más firmeza frente a los nacionalismos. Vidal Quadras es una buena imagen para los muchachitos y muchachitas impacientes del PP que piden más convicción ideológica. Previsiblemente, la asociación Reconversión que dirige Vidal Quadras pondrá la estructura del nuevo partido, igual que lo hizo en su día la plataforma Pro para Rosa Díez.

Lo que más dudas nos genera es la parte de la receta relativa a la “regeneración” política. Últimamente vemos a Vidal Quadras hacer muchas referencias a la necesidad de democracia interna dentro de los partidos. Nuestra opinión es que el eurodiputado se ha sumado de forma oportunista a una ola ciudadana que ha sobrepasado las previsiones del establishment. Para explicar esto es necesario un poco de historia sobre la trayectoria política de Aleix Vidal Quadras.

Vidal Quadras: vivir para (y de) la política

Vidal Quadras ingresó en el Partido Popular (antes Alianza Popular) en los ochenta. Fue concejal del ayuntamiento de Barcelona y diputado autonómico en el Parlamento de Cataluña. En 1991 su corriente fue favorecida por las estructuras del partido y fue aupado por Aznar a la presidencia del PP de Cataluña. En ese momento no le pareció relevante que su nombramiento no procediera de los militantes del partido. Se imponía la tesis de que a Pujol, ni agua. Personalmente consideramos que era la buena línea. Aunque los hooligans del PP no lo quieran recordar, fue el propio Aznar en 1996 quien cortó la cabeza de Vidal Quadras y se la sirvió a Pujol en bandeja de plata como condición para obtener un pacto de gobierno en su primera legislatura. Apuñalado por la espalda y condenado al ostracismo dentro de su propio partido, Vidal Quadras bien pudo crear una nueva formación en ese momento. Pero no lo hizo.

En 1999 Aznar lo desterró al Parlamento Europeo para no incomodar con su presencia a sus socios de CiU (recordemos que en esta época Aznar hablaba catalán en la intimidad). Eso sí, fue desterrado con honores y como cabeza de cartel. Viva Vidal Quadras, pero que viva lejos. No fueron los militantes quienes le pusieron al frente de la candidatura europea. Fue de nuevo la calle Génova, en concreto, los inquilinos del portal nº 13. A Vidal Quadras tampoco pareció importarle en ese momento el déficit de democracia interna. Vidal Quadras ha permanecido en el Parlamento Europeo con cargo, sueldo y dietas hasta el día de hoy. Ahora una parte fundamental de su discurso es que en España hay demasiada gente que vive de la política.

Otra reflexión histórica. En 2008, después de que Rajoy perdiera por segunda vez las elecciones generales ante ZP muchas voces dentro del partido pedían un cambio en la dirección. Ni Vidal Quadras (ni Esperanza Aguirre, la otra gran regeneracionista de última hora) presentaron candidatura a la presidencia del partido. Así, en el congreso de Valencia, el único candidato era Rajoy y fue reelegido en medio de un clima de frustración de gran parte de la militancia. Viva el coraje político y la democracia interna. ¿El motivo? Los sectores críticos del partido hicieron sus sondeos y sus cálculos y no consideraron que contaran con opciones serias de poder ganar. No olvidemos que son pragmáticos, no idealistas. Para un político profesional, el riesgo de un paso en falso es la pérdida de la carrera profesional. Por eso hicieron el avestruz todos aquellos que ahora levantan sonrientes la bandera de la regeneración.

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Más convicciones y menos estimaciones

A favor de Vidal Quadras y para evitar un escarnio innecesario, debemos decir que es un gran orador, que a nivel personal nos genera simpatía y que la defensa de España y la lucha frente al nacionalismo sectario y excluyente han sido una constante en su vida. Nos gusta menos su neoliberalismo económico y su ambigüedad en la defensa de la vida, pero eso lo trataremos en profundidad en otro post.

No son regeneracionistas, son oportunistas

Hemos visto que Rosa Díez y Vidal Quadras han tenido vidas paralelas a ambos lados del espejo del PPSOE. Los dos nacieron en territorios ahogados por el nacionalismo, ocuparon altos cargos en la jerarquía de sus partidos, en un determinado momento pasaron a ser molestos y fueron desterrados al Parlamento Europeo como cabezas de lista. No han presentado una candidatura crítica hasta que han visto que tenían opciones de mantener su carrera profesional en otra formación. Nunca soltaron la poltrona ni las dietas. Los políticos de carrera, igual que los monos, no se caen del árbol porque no sueltan una rama hasta que tienen agarrada la siguiente. No defienden principios distintos al PPSOE, solo han encontrado un nuevo nicho en el “mercado electoral”.

Los jerarcas Rosa Díez y Vidal Quadras denuncian la endogamia y la corrupción de unos partidos que les dieron de comer durante tres décadas. ¿No lo vieron en su momento o no les interesaba airearlo y denunciarlo? Lo cierto es que no tuvieron lucidez o coraje para plantar cara a las jerarquías de sus partidos. Y no sabemos cuál de las dos cosas es peor, en una situación en la que ambas son necesarias regenerar España.

Asumámoslo: la regeneración sólo puede venir de gente nueva. Gente no contaminada y que no viva de la política. Quienes han estado durante décadas en el centro del sistema, ocupando cargos relevantes y medrando al calor del poder, con un silencio cómplice, no pueden presentarse ahora ante la ciudadanía como los regeneracionistas. Para acometer una tarea de transformación son necesarias la valentía y la independencia. Rosa Díez y Vidal Quadras han demostrado conformidad con la corrupción y la endogamia o, como mínimo, falta de valor. ¿Quieres una prueba? Ponte delante del espejo, repite “Rosa Díez y Vidal Quadras no son PPSOE” y trata de contener la risa.

La taza y el platillo

Los beneficiarios del sistema político actual son conscientes del malestar ciudadano que existe y saben que, como decía el personaje de Tancredi en El gatopardo:

Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.

Por eso el PPSOE ha creado dos marcas blancas: UPyD y el futuro partido de Regeneración. Una para recoger a los descontentos de la izquierda sociológica y otra para la derecha sociológica. Son el platillo que recogerá las gotas que se caigan de la taza del bipartidismo. Lo importante para el establishment es que ninguna gota se derrame sobre el mantel. Lo importante es que los votos derramados no lleguen a personas con principios y sin ataduras. PP y PSOE se entenderán fácilmente con los dos nuevos partidos porque comparten los mismos intereses, el mismo lenguaje, amigos y conocidos y décadas de militancia. Ya lo han hecho PSOE y UPyD en Asturias. Rosa Díez y Vidal Quadras son alternativas controladas. Lo peligroso es que entren en política ciudadanos con un ADN distinto.

En nuestra opinión, no se puede alzar una nueva voz con las gargantas de siempre. UPyD y Reconversión no son distintas personas sino distintas chaquetas. La verdadera renovación solo será posible si conseguimos que entren en la arena pública hombres y mujeres con un proyecto nuevo, con vocación de servicio y que no vivan de la política.

Y aquí los ciudadanos tenemos la última palabra. Depende de nosotros.

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