REPÚBLICA DE FARSANTES

En el año 2013, la defensa de la República y el puño en alto es una pose lucrativa que permite pasar por rebelde a la vez que aceptar las reglas del capital.

bardem República

Poses cómodas y rentables

Este domingo será 14 de abril. Un año más veremos el espectáculo casposo de las banderas tricolores y los puños en alto. Esa postal que no puede ser más desoladora. Artistas subvencionados, directores de cine con Sicavs, socialistas vendidos al capital que regularon el desahucio exprés y recortaron las pensiones, comunistas que reivindican una república burguesa a la que sus predecesores juraron derrocar, sindicalistas de mesa y mantel con cargo al presupuesto público y algún que otro intelectual extranjero a quien no sabemos quién le ha dado vela en nuestro entierro. En fin, lo de cada año.

Defender la memoria de la República es una pose tan rentable como vacía de contenido. Su llegada en 1931 la celebraron políticos como José Antonio y Ramiro Ledesma Ramos y en ella gobernó Gil Robles, líder de las derechas de la época. El levantamiento de Franco fue tan sólo el último golpe a la República. El que triunfó tras varios amagos e intentos frustrados por parte de anarquistas y comunistas. Pero nuestra izquierda caviar prefiere ignorar todo esto. Prefiere identificar la República como el Bien en lucha contra el Mal, supuestamente encarnado en el Rey, Franco y los militares fascistas. Envolverse en la bandera del abuelo proporciona una fotografía rebelde que exige muy poco esfuerzo o compromiso en la práctica. Es compatible con mantener la Sicav, aceptar el papel principal en la siguiente película subvencionada con los impuestos de la clase media, la comida del Primero de Mayo y la silla en el consejo de administración de la caja regional. Luchar contra los fantasmas del pasado proporciona una pelea vistosa y sin riesgo.

Subir a la buhardilla para desempolvar las fotos color sepia de los años treinta es la prueba del algodón de la falta de ideas y referentes en que vive la izquierda. El mundo ha cambiado mucho desde 1945 y, sobre todo, desde 1989 con el final de la Guerra Fría. El 70% de las decisiones políticas que nos afectan a los ciudadanos proceden de Bruselas y los avatares económicos que nos sacuden tienen su origen en agendas diseñadas por instituciones internacionales tuteladas por Estados Unidos (FMI, Banco Mundial, G-8). Identificar lo que funciona mal hoy en día con el Rey, la Iglesia y el Ejército demuestra, en el mejor de los casos, pereza o miopía intelectual y, en el peor, ganas de mantener el statu quo representando ante la opinión pública una opereta bufa donde el malo sigue llevando tricornio o corona.

marioneta rey

El verdadero debate actual

La realidad política de hoy tiene poco que ver con la de 1931. El debate de nuestro tiempo no es si España debe ser una república o una monarquía. Tampoco lo es el auge del comunismo ni del fascismo. Mientras los nostálgicos de los años treinta de uno y otro lado siguen con sus peleas de mentirijillas, los grandes temas de la actualidad van por otro lado y son:

(1) si debe primar la política sobre la economía o la economía sobre la política,

(2) si se tiene una visión de la persona como sujeto provisto de una dignidad intrínseca o una simple visión económica (homo economicus).

(3) si la diversidad cultural tiene un valor en sí misma o es mejor completar un proceso globalizador.

Y aquí nuestra izquierda divina tiene las manos tan manchadas como la derecha neoliberal. Desde mayo del 68 la izquierda oficialista renunció al marxismo y la lucha obrera y adoptó una soft-ideología que trata de hacer compatible la defensa del trabajador con la economía liberal y la lógica del capital. Sin ir más lejos, Felipe González es amigo personal y asesor corporativo de Carlos Slim, el empresario que posee la principal compañía de telecomunicaciones de Méjico y la mayor fortuna del mundo. O Javier Solana, ex ministro socialista, que llegó a ser secretario general de la OTAN y es asistente habitual a las reuniones del Club Bilderberg. En el plano cultural, Javier Bardem no tiene inconveniente en pasearse por la manifa de solidadiridad con el pueblo palestino, pero reserva una habitacion de lujo en el hospital Monte Sinaí de Nueva York para el post-parto de su mujer y va corriendo a recoger el premio Óscar, cuando Hollywood es la principal maquinaria de colonización cultural de los Estados Unidos. Son sólo algunos claros ejemplos de cómo los viejos izquierdistas han pasado a formar parte de la Nueva Clase, cosmopolita y capitalista, pero no quieren renunciar a mantener las apariencias de que son algo distinto a la derecha neoliberal.

Para mantener algunas formas del pasado, nuestra izquierda está inmersa en una guerra ciega contra el “patriarcado” y la “tradición”, supuestamente representados por la Corona. Este combate debe llevar supuestamente a la libertad y emancipación de las-ciudadanas-y-los-ciudadanos, como paso previo para que todos podamos vivir en igualdad y fraternidad en una aldea global. Para que esta aldea global pueda instaurarse es necesario suprimir todas las distinciones culturales o biológicas entre personas para que no pueda existir discriminación de ningún tipo (ni por raza, ni sexo, ni religión, ni frontera). El problema es que por el camino la izquierda caviar está haciendo el trabajo sucio a la élite internacionalista y neoliberal porque al demoler la identidad y valores de los pueblos, en realidad está allanando las resistencias naturales para que el mundo que conocemos acabe siendo un supermercado global y homogéneo.

En la política del siglo XXI nuestros izquierdistas están sentados en los consejos de administración de las Sicavs, las cajas regionales y las empresas de Carlos Slim. En esta nueva foto no queda claro que estén en el lado del Bien luchando contra el Mal. Por eso es más fácil rescatar del desván un año más la bandera tricolor, levantar el puño y sonreír ante las cámaras al grito de “la lucha continúa”.

 

Si te ha gustado, comparte

Deja un comentario