PREFERENTES: LA ESTAFA PERFECTA (1 de 2)

Las familias rescataron el sistema bancario en 2009

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La versión oficial dice que el rescate del sistema financiero español se produjo en julio de 2012 por medio del MOU (Memorandum of Understanding) firmado por España y la Unión Europea. A través de este instrumento, España recibía fondos para poder inyectarlos en los bancos comprometidos. En realidad, el primer rescate a la banca se había producido ya en 2009 con cargo a los ahorros de las familias.

Se estima que en España existen 185.932 familias afectadas por participaciones preferentes y 478.604 por deuda subordinada. Todas ellas son víctimas de una estafa cometida con premeditación y alevosía desde los consejos de administración de las entidades financieras con la anuencia de los organismos supervisores (CNMV y Banco de España).

El móvil del delito.

A principios del año 2009 el sistema financiero mundial pasaba su peor momento de esta crisis. El sistema había dado sus primeras señales de debilidad en el verano de 2007. En esas fechas se inició la crisis hipotecaria subprime en Estados Unidos que se extendió rápidamente a Europa. A partir de ahí se generó una crisis crediticia motivada por la desconfianza de los operadores de los mercados sobre el grado de exposición de los demás a la toxicidad subprime. Esta crisis se agudizó en septiembre de 2008 con la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers. A ello le siguió poco después el colapso del sistema financiero islandés. En España las entidades habían concentrado mucho riesgo en el sector de la construcción y existían serias dudas sobre la calidad de los activos inmobiliarios de sus balances. La intervención de Caja Castilla La Mancha por el Banco España en marzo de 2009 no hizo sino confirmar las sospechas de lo que podía venirse encima.

Esta situación de incertidumbre hizo que en toda Europa se exigiera a las entidades fortalecer sus balances por medio del incremento de sus fondos propios y la dotación de provisiones con las que cubrir posibles contingencias. Los bancos españoles tenían un serio problema para cumplir porque el mercado de capitales internacionales estaba cerrado para ellos por las graves sospechas sobre su solvencia y encima se anunciaban inmediatas bajadas de su calificación crediticia (rating).

En ese contexto, los aprendices de brujo de las finanzas dirigieron sus ojos a los millones de euros que conformaban los ahorros de las familias y que descansaban mayoritariamente en depósitos y fondos tradicionales. Ahí había unas buenas reservas de dinero que podían captar en un momento en que las entidades internacionales no les prestaban ni querían comprar sus títulos.

El arma y las víctimas. Preferentes y ahorradores.

Las preferentes eran el arma perfecta para el crimen. Estos productos financieros permitían a los bancos la captar capital de la mejor calidad. Desde Basilea II (incorporado a España en 2007) se permitía computar las preferentes en los balances como recursos propios de primera categoría (Tier 1) siempre que los títulos reunieran ciertas características. En este caso se consideraban asimilables a las acciones ordinarias del banco. Es decir, se podían considerar capital pata negra (core capital). Pricisamente lo que necesitaban nuestras entidades de crédito para reforzarse durante los tiempos duros de la crisis.

El problema de las preferentes es que se trata de activos de riesgo elevado, complejos, ilíquidos, de carácter perpetuo, con intereses no acumulativos, ultra subordinados y no cubiertos por el Fondo de Garantía de Depósitos. El atractivo nombre de “preferente” viene del hecho de que tienen preferencia sobre el accionista ordinario para recuperar su dinero en caso de quiebra del banco. Es decir, la preferencia se limita a ser el penúltimo de la cola para cobrar, por detrás de todos los depositantes, bonistas y demás acreedores del banco.

Como se puede ver son títulos nada, pero nada recomendables para clientes particulares no entendidos. No lo decimos nosotros. Lo dijo el propio Luis de Guindos, ministro de economía y ex presidente de Lehman Brothers en España, el 23 de mayo de 2012. El ministro manifestó claramente que «nunca debieron colocarse entre los pequeños ahorradores». Es más, en la misma intervención reprochó con ironía a los bancos que colocaran participaciones preferentes entre esta población en un momento en que los clientes institucionales habían dejado de comprarlas.

La mayoría de las emisiones de preferentes del año 2009 no tenía tramo mayorista. Esto significa que no había clientes instituciones (otras entidades de crédito, compañías aseguradoras, fondos de inversión) que estuvieran interesados en adquirir esos valores. La razón es sencilla: el cociente riesgo-beneficio no era nada interesante.

Las preferentes son especialmente dañinas para ahorradores de elevada edad. En el contexto de 2009 mezclar jubilados y preferentes era como mezclar niños y pistolas. Sabes que no va a acabar bien. Al ser títulos perpetuos, con un pago de intereses no garantizado y sin un mercado asegurado para la venta son extremadamente inadecuados para personas que, precisamente, necesitan unos ingresos recurrentes para su día a día y cierta facilidad para recuperar su dinero en caso de que lo necesiten para gastos médicos. Desgraciadamente, los bancos se han cebado con nuestros mayores porque tenían una gran masa de ahorro inmovilizado y carecían de conocimientos financieros básicos. Es triste decirlo, pero eran víctimas fáciles. Bolsillos fáciles.

El plan maestro.

No hay atraco perfecto sin un plan maestro. En esta ocasión, los genios del mal diseñaron una estrategia que consistía en derivar los ahorros invertidos en depósitos a plazo fijo y los fondos garantizados (es decir, las inversiones más conservadoras) hacia las preferentes. Obviamente, la mejor forma de hacerlo era presentar las preferentes como productos de la máxima calidad y 100% seguro. Los equipos de márketing se pusieron manos a la obra para crear una publicidad atractiva que realzara el prestigio de la entidad y la sensación de seguridad. Los equipos de ventas hicieron las presentaciones de rigor a los directores de las sucursales para explicar las bondades de los nuevos productos. Además, el personal de oficina fue generosamente incentivado por medio de bonus ligados al éxito de la comercialización. La confianza de los ahorradores en su banco o caja de toda la vida y en los empleados a los que conocían desde hacía años hizo el resto.

Los clientes recibían en sus casas un extracto bancario donde el nuevo producto siempre estaba valorado al 100%. No se apreciaba deterioro alguno de su valor. En realidad, esos productos empezaron a perder valor desde el primer momento. Y se acabaría de desplomar tan pronto como su banco entraba en situación de balance comprometida.

Para los bancos, el traspaso de dinero de depósitos a preferentes era una mejora espectacular. Para una entidad de crédito los depósitos son deuda y las preferentes recursos propios. De esta forma, grandes masas de dinero pasaron de la noche a la mañana de una partida del balance a otra. Al pasar el dinero al cajón de fondos propios los bancos conseguían cumplir (de una forma muy barata) con las nuevas exigencias de ratios de capital que les imponía Europa. Podían salir bien en las fotos de solvencia y sonreír en las pruebas de resistencia (stress test) que se estaban haciendo a todas las entidades. Los ahorradores no lo sabían, pero habían dejado de ser acreedores del banco y se habían convertido en accionistas “preferentes” del banco.

Como en todos los golpes de antología, la genialidad del plan radica en su sencillez. Que sea un plan brillante no lo convierte en un plan bueno. Era y sigue siendo un plan malvado.

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