POLÍTICA DE TIERRA QUEMADA

La nueva Ley de Montes es una llamada a gritos para especuladores urbanísticos y pirómanos.

peligro incendio

Nuevo artículo 50

El ministro de agricultura, Miguel Arias Cañete, presentó hace unos días a varias ONG ecologistas el cuarto borrador de la modificación que prepara para la Ley de Montes. La redacción actual de esta ley, elaborada en 2003 bajo la presidencia de Aznar, prohíbe la recalificación por un periodo de 30 años de los montes arrasados por el fuego. El objetivo era doble: por un lado, favorecer la regeneración de los terrenos destruidos y, por otro, desincentivar los incendios provocados con fines urbanísticos. Ahora la propuesta de Cañete introduce un nuevo párrafo en el artículo 50 que recoge la posibilidad “excepcional” de recalificar montes incendiados. Este nuevo párrafo establece lo siguiente:

“Con carácter excepcional las comunidades autónomas podrán acordar cambio de uso forestal cuando concurra un interés general prevalente el cual deberá ser apreciado mediante ley, siempre que se trate de terrenos de titularidad pública y que se adopten las medidas compensatorias necesarias que permitan recuperar una superficie forestal equivalente a la quemada. Tales medidas compensatorias deberán identificarse con anterioridad al cambio de uso”.

Parrafitos como éste los carga el diablo y huelen a gasolina a la legua.

¿Hecha la ley, hecha la trampa?

En España el problema de los incendios es muy serio. De acuerdo con los datos oficiales del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, en el año 2012 el fuego arrasó 209.855 hectáreas de superficie forestal (2.098 kilómetros cuadrados). Esto equivale a una superficie superior a la de toda la provincia de Guipúzcoa. Según Greenpeace, el 95% de los incendios están ocasionados por el ser humano, ya sea por descuido o de forma intencionada. Por ello, las organizaciones ecologistas están preocupadas. Temen que la excepción Cañete acabe siendo la regla que permita la recalificación sistemática de la tierra quemada.

Motivos de preocupación no les faltan. Esta pequeña adenda puede ser el incentivo que faltaba a empresarios sin escrúpulos y con buenos contactos políticos para animarse a intentar un pelotazo urbanístico. Ya tendrán la ley. Sólo les faltará el bidón de gasoil y la cerilla.

Contamos con casos sonados que todavía hoy están bajo sospecha. El más flagrante es el de la construcción de Terra Mítica en Benidorm (Comunidad Valenciana). El 11 de agosto de 1992, un incendio provocado arrasó la comarca de Marina Baixa, un auténtico pulmón ecológico. Las hemerotecas guardan el recuerdo de las inesperadas y “fortuitas” reavivaciones del fuego que se produjeron durante varios días cuando los servicios de extinción parecían haber controlado el incendio. A partir de ahí vino la recalificación de los terrenos como urbanizables y la construcción de un enorme complejo hotelero (2.500 plazas), dos campos de golf y el Parque de la Naturaleza.

Con la legislación actual, vigente de 2003, esto no hubiera sido posible. El nuevo texto que propone Cañete viene a resucitar los fantasmas del pasado. La mujer del César no sólo tiene que ser honrada, sino también parecerlo. Y la excepción Cañete va a despertar la sombra de la duda cada vez que sea utilizada.

Al final, como casi siempre, la elección es sencilla. Quienes defendemos el medio ambiente y la tierra de nuestros padres por encima de componendas económicas necesariamente rechazamos la excepción Cañete. Por el contrario, quienes son amigos de los balances de intereses y los análisis riesgo-utilidad, querrán guardarse un comodín que el día de mañana permita la recalificación urbanística. Así podrán sacar un rendimiento a la tierra quemada y no perderán oportunidades de negocio.

La letra de la nueva ley contiene ingredientes como “medidas compensatorias necesarias” y “superficie forestal equivalente a la quemada” que darán mucho juego en manos de los aprendices de brujo de la especulación urbanística. Al tiempo.

Si te ha gustado, comparte

Deja un comentario