Partido Popular: dos bodas de más

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Sobre bodas gay, vientres de alquiler y ceremonias esponsales con un nuevo electorado.

Vientres de alquiler, valores a subasta

Mientras todos se dedican a hacer pronósticos y quinielas sobre la gobernabilidad de España, en la Casa en el Árbol seguimos aplicando la lupa a algunos detalles del 20-D que corren el riesgo de ser pasados por alto.

En pleno frenesí de la campaña electoral, y pocos días de las elecciones, el partido de la derechita Pocoyó se mostró en un programa de La Sexta a favor de los vientres de alquiler (ver noticia en La Gaceta). Andrea Levy soltaba la idea en directo y Javier Maroto remachaba en twitter: “A favor de la gestación subrogada regulada. Un nuevo paso al frente “.

Los cachorros del PP jugaban a ser los más progres (nuestro respeto a IU que se mostraba contraria a regular la “gestación subrogada” porque supone mercantilizar la vida y convertir el cuerpo de la mujer en una mercancía).

Este movimiento del ala más cool y yogurina del PP pilló con el pie cambiado a todos los tertulianos, contertulios y opinadores oficiales de la derecha-de-toda-la-vida. No podían salir de su asombro. El Partido había hecho una toma de postura sobre una cuestión trascendental que no estaba en el programa electoral y sin debate previo. El desconcierto duró solo unas horas porque rápidamente el Ministerio de Propaganda de Génova sopló el silbato y todo el mandarinato periodístico pasó página al unísono. La Brunete mediática volvió a avanzar por la senda del crecimiento mariano y a azuzar el miedo a Podemos.

“¿Qué fue eso de los vientres de alquiler?” Se pueden preguntar todavía hoy algunos a los que sus preocupaciones políticas no se limitan a la gestión presupuestaria y las mesas con mantel. ¿Un lapsus? ¿Una extravagancia?

La boda aparente

Para comprender la verdadera profundidad del órdago debemos remontarnos unos meses atrás. En su tuit Maroto hablaba de “un nuevo paso al frente”. ¿Cuál fue el anterior? Debemos buscarlo en Vitoria.

Como recordaréis, en septiembre de 2015 Javier Maroto (ex alcalde de Vitoria del PP) se casó con el que había sido su novio durante 19 años, José Manuel. Después de unas semanas de dudas e indecisión, la pareja fue finalmente arropada en su enlace por Mariano Rajoy y la plana mayor del Partido Popular. Con esta puesta en escena, la jerarquía popular daba carta de naturaleza al matrimonio homosexual (ver La boda gay de Maroto rompe moldes en el PP). Los mentideros de Palacio cuentan que el presidente estuvo sentado en la mesa Celine Dion, cantante conocida por ser un icono gay.

Los prohombres de la derecha pragmática y mercantil se divorcian con escándalos más sonados y sus niñas abortan con más fuerza. Probablemente sea para actualizar su imagen y purgar su oposición en el pasado a ciertas medidas de progreso. Así que podemos suponer que en la boda de Vitoria los cachorros de las Nuevas Degeneraciones sudaron la camisa, agitaron sus corbatas y bailaron el I’ll survive con más desenfreno incluso del que habrían exhibido los muchachos de Ferraz. A fin de cuentas, probablemente esos mismos cachorros habían estado en 2005 en la manifestación del millón de personas a favor del matrimonio natural y contra la ingeniería social de Zapatero. Ya se sabe que para promocionar dentro del partido hay que estar allá donde esté el partido.

Los medios satélites del PP más conservadores (¿queda algo que conservar?) aplicaron al evento todo el perfil bajo que pudieron y, como mucho, hicieron alguna pequeña crónica rosa. Con las generales a la vuelta de la esquina, no hicieron mucha sangre con el fraude al elector ni el chaqueterismo de un presidente de gobierno que había cuestionado duramente el matrimonio homosexual y había defendido el recurso ante el Tribunal Constitucional contra la ley de ZP como una “cuestión personal”.

La boda subyacente

Ninguna foto puede recoger el verdadero enlace que se produjo en Vitoria en septiembre de 2015. A unas semanas de las elecciones generales, la prensa No-Do no quiso pararse a reflexionar. Se sabe que Rajoy estuvo valorando hasta el último momento la conveniencia de asistir a la boda de Javier y Josema. En su cálculo político valoraba el efecto que la foto podía tener en el ala más “conservadora” de su electorado. Finalmente, el hombre sin atributos asistió al enlace y depositó sus posaderas en la mesa Celine Dion.

Esta decisión debe interpretarse como una verdadera una declaración de principios. Don Mariano, hombre pragmático, reflexivo y calculador puso todos los elementos en la balanza y decidió que prefería incomodar a su electorado más tradicional que a los sectores más centristas y progres del PP. Probablemente, también valoró que la nueva centralidad política se está desplazando a la izquierda en materia social y que, a fin de cuentas, el voto conservador es cautivo y asustadizo como un perrillo faldero. Como susurraba Arriola a la oreja de Rajoy, el miedo a las hordas descamisadas del populismo, bien alimentado por las terminales mediáticas del Partido-Monopolio, haría que esos votantes en shock se olvidasen rápidamente de los bebés abortados y de las tartas de novios con dos chaqués. Génova tiene a su favor un amplio histórico para seguir dando por sentado que el pepero de cartilla bancaria y Misa de domingo seguirá con ellos, se posicione donde se posicione el PP. Como dice la canción: “cerca, lejos, donde quiera que estés / yo creo que el corazón seguirá adelante” (Celine Dione, My heart will go on, 1997).

De esta forma, el Partido Popular dio el “sí quiero” a un nuevo electorado.

El PP, la agenda social del PSOE con 10 años de retraso

Javier Maroto celebró su éxito en pleno convite: “Esta boda humilde es también un paso más al reconocimiento del matrimonio sea quien sea quien lo contraiga. Libertad para todos con los mismos derechos. Y hoy, una década después, mis compañeros de mi partido han querido dar este paso al frente», manifestó Maroto junto a Josema mientras toda la cúpula del PP escuchaba la canción de Building Bridges de Conchita Wurst, la cantante transexual que ganó el Festival de Eurovisión de 2014.

En el PP se ha producido un putsch de facto desde hace mucho tiempo. Al desfondamiento moral del partido le ha seguido su adhesión a la ideología de género y al pensamiento único. La boda de Vitoria no fue el inicio de este proceso, tan solo su escenificación pública.

Con este telón de fondo es fácil de entender que el apoyo a los vientres de alquiler no fue un lapsus ni una salida de tono, sino el preludio de lo que vendrá en el futuro.

Quienes antes eran versos sueltos ahora se están convirtiendo en estrellas emergentes y se sienten con libertad para marcar la agenda del partido. Es un punto de no retorno. “Esta noche estamos construyendo puentes / No hay marcha atrás, estamos en camino” (Building Bridges, Conchita Wurst, 2014)

Eso no es necesariamente malo. El camaleonismo del PP hará abrir los ojos, poco a poco, a aquellos españoles que todavía no hayan sido anestesiados con la dormidina de lo políticamente correcto y de las conveniencias coyunturales. Y puede que esa toma de conciencia les lleve a buscar, por fin, una alternativa acorde con su visión del mundo y de la persona. Un nuevo compromiso político, lejos del PP y del pensamiento dominante.

Ya se sabe que de una boda siempre sale otra boda.

Hay motivos para la esperanza. Como dice la canción, “empieza un nuevo día” (Celine Dione, A new day has come, 2002).

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