¿Municipalismo?

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El municipalismo puede ser una vía para impulsar la subsidiariedad, los vínculos sociales y los valores de pertenencia, buena vecindad y arraigo.

Antes de Iglesias, era Colau.

Antes del advenimiento del mesías podémico, Ada Colau era la sacerdotisa de la izquierda heterodoxa. Trabajando desde las bases, consiguió poner en pie a los barrios más deprimidos de Barcelona y a toda la periferia metropolitana. Y desde allí la llama de la desobediencia civil prendió por toda la geografía española. A través de su Plataforma Antidesahucios (PAH) consiguió transformar una reivindicación social en una movilización política. Fue el tema de conversación durante meses, llegó a salir en televisión en horario prime time, forzó que el Congreso admitiera a trámite su iniciativa legislativa ciudadana y fue galardona por el Parlamento Europeo.

Y cuando estaba en el punto más alto de su popularidad, decidió entrar en políticamunicipal.

A diferencia de Pablo Iglesias, Ada Colau no ha buscado como objetivo prioritario la toma del Congreso. La sacerdotisa de la PAH podía aspirar a todo, pero quiso limitar su influencia al Ayuntamiento de Barcelona.

¿Qué lógica tiene esto?

Quienes entiendan la política como un juego de poder no sabrán darle una respuesta fácil.

En el manifiesto de lanzamiento de su agrupación municipal (Guanyem Barcelona) reclamaba la necesidad de “reapropiarse” de las instituciones para ponerlas al servicio de las mayorías y el bienestar común. Para demostrar que lo sabemos hacer de otra manera tenemos que ir paso a paso. Y el primer paso es empezar por aquello que conocemos de cerca: el ámbito municipal, nuestra ciudad, nuestros barrios”.

Podemos aplica en política la estrategia marxista de conquista del Estado / Estructura.

Sin embargo, Guayem sigue la vía del municipalismo, con origen en el socialismo libertario. Esta visión entronca con el movimiento cantonalista de la Primera República, con las comunas ibéricas que replicaban la Comuna de París y los municipios libres en la línea de Kropotkin, que buscaba crear una sociedad que se rigiera exclusivamente por el principio de la ayuda mutua y la cooperación, sin necesidad de instituciones estatales.

Ada Colau ha aplicado a la acción política el principio altermundista de “piensa globalmente, actúa localmente”.

¿Qué es el municipalismo?

Tal y como lo define su gran teórico del siglo XX, Murray Bookchin, el municipalismo libertario es el nombre del proceso que pretende volver a crear y expandir el ámbito político democrático como el lugar del autogobierno de la comunidad. Pretende hacer política y gestionar los asuntos públicos al nivel territorial más cercano: desde la municipalidad. Desde ese primer nivel político de la comunidad es desde donde el municipalismo libertario se esfuerza por crear y renovar el ámbito político, para expandirlo posteriormente. Bookchin cree que partir de ese nivel, las personas pueden pasar de estar atomizadas a reconocer a sus vecinos, crear una interdependencia y llegar a acuerdos en aras del bienestar común.

Autogestión y subsidiariedad.

La autogestión es una reivindicación permanente de ciertas corrientes de izquierda alternativa. Bien entendida y bien aplicada, la autogestión es compatible con el principio de subsidiariedad propio del pensamiento social cristiano.

Por ello, el municipalismo, entendido como revitalización de las comunidades locales, es coherente con un pensamiento social que aspire a la descentralización política y económica, al fortalecimiento de los vínculos sociales y a la recuperación de los valores de pertenencia, buena vecindad y arraigo.

Conforme al principio de subsidiariedad, una instancia superior no debería hacer nada que pudiera hacer una inferior. Así, el municipio no debería realizar ninguna función que pudiera realizar la familia. La comunidad autónoma o región no debería hacer una función que pudiera realizar de forma eficiente un municipio. El Estado no debería hacer aquello que de forma eficiente pueda hacer una región. E instancias supranacionales como la Unión Europea no deberían asumir aquellas competencias que pudieran desarrollar eficazmente los Estados.

Por ello, un movimiento que aspire a regenerar verdaderamente política, entendida como cuidado del bien común, debe empezar en los ayuntamientos, por entender que es el centro de toma de decisiones más cercano al ciudadano. La proximidad y la cercanía de la política es el camino para asegurar la implicación del ciudadano en política de forma responsable, evitando la sensación que existe actualmente en muchas capas de la sociedad de que su voz no se escucha o que las decisiones más importantes que afectan a sus vidas se toman a miles de kilómetros de distancia por funcionarios internacionales o burócratas sin rostro.

La perspectiva municipalista supone asumir que una sociedad armónica y estable debe fundamentarse sobre una vida municipal armónica y estable. Una vida municipal en el que las familias, y no los individuos aislados, se sitúen en el centro.

El municipalismo ofrece grandes oportunidades de contestación en un país como España en el que la Eurocracia de Bruselas ha capturado la competencias del Estado y en el que las taifas autonómicas han canibalizado las competencias municipales.

España cuenta con una hermosa tradición localista en el carlismo y en el pensamiento conservador. Tal vez sea hora de iniciar un proceso de actualización y puesta a punto según el ideal del distributismo.

Ada Colau quiere demostrar que existe una izquierda que sabe hacer las cosas de otra manera. De igual forma, frente a la vieja oligarquía de la derecha-poder, es necesario que surja una derecha-valor que encarne otra forma de ser y estar en política.

Otro día analizaremos el éxito que la estrategia municipalista ha dado a formaciones políticas alternativas de distinto signo.

Por el momento, simplemente recordaremos que, como en la novela de Chesterton “El Napoleón de Notting Hill, la gran rebelión comienza en nuestro barrio.

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