Mientras Europa duerme

Eurabia

El islamismo radical avanza ante la falta de capacidad de las élites europeas para reaccionar.

Mientras Europa duerme es un libro escrito en 2006 por el periodista y ensayista estadounidense Bruce Bawer. Hoy cobra más actualidad que nunca. Su subtítulo es suficientemente ilustrativo: Cómo el islamismo radical está destruyendo Europa desde dentro.

No es un ensayo complicado, sino más bien un libro de viajes. Bruce Bawer viaja en 1998 desde Nueva York para instalarse en Ámsterdam. Esperaba encontrar una ciudad europea, abierta y tolerante, pero, para su sorpresa, se encuentra con algo muy distinto: una ciudad rendida ante el discurso políticamente correcto, con una prensa y un ambiente cultural que practica la auto-censura y que cede ante el chantaje del islamismo radical. En los siguientes años, Bawer visita distintas urbes del Viejo Continente y en todas ellas percibe el mismo ambiente de relativismo moral, cobardía política y falta de convicciones sobre los valores europeos. Eso sí, todo bien aderezado bajo un maquillaje de tolerancia y multiculturalismo.

Bawer habla del creciente porcentaje de población musulmana en Europa. Del sometimiento de las mujeres a los varones. De los matrimonios forzosos de las hijas de inmigrantes con hombres desconocidos de sus países de origen. De las maniobras de agrupación familiar y petición de asilo político para ir incrementando su número e, incluso, para traer terroristas islámicos. Del uso abusivo que hacen muchos inmigrantes musulmanes de las prestaciones sociales europeas —por ejemplo, en Dinamarca los musulmanes, el 5% de la población, reciben el 40% de las ayudas sociales—. De, en definitiva, la escasa o nula voluntad de muchos inmigrantes musulmanes de mezclarse con la sociedad europea, de aceptar sus principios democráticos, de pertenecer realmente a los países de acogida. Del incremento de la violencia contra los gays, los judíos y los no-musulmanes. Y de la falta de condena pública de las asociaciones y líderes de opinión del islamismo “moderado” de los atentados del 11-S y de los actos de vandalismo y terrorismo perpetrados por los radicales a lo largo de toda Europa.

Bawer describe en su obra la crisis de convicciones y de ideales que sufren las democracias europeas y denomina esta situación como “momento Weimar”, haciendo una analogía de las actuales políticas europeas frente al islamismo con las políticas de apaciguamiento de los años 1930 frente al ascenso del nazismo.

Esclavos de lo políticamente correcto, los europeos, según Bawer, permitimos a los musulmanes seguir con sus costumbres aunque contravengan los derechos humanos más elementales y pongan en jaque nuestros valores y nuestro orden público. Mientras, el fundamentalismo islámico aprovecha para ir expandiéndose en el entorno europeo para así minar y atacar el sistema desde dentro. Muchos imanes extremistas hablan de la necesidad de acabar con la democracia para implantar la ley musulmana en Europa. Quienes denuncian esta amenaza pasan a ser censurados o estigmatizados como islamófobos. Bawer llega a conocer a creadores y políticos como Teo Van Gogh, Ayaan Hisrsi Alii o Pym Fourtuyn y comprueba que quienes se oponen al islamismo radical sufren el acoso hasta llegar al asesinato o el exilio. Bawer descubre indignado cómo el miedo comienza a estrangular la libertad en Europa.

Bawer nos alerta del peligro y se muestra anonadado ante la incapacidad europea para reaccionar. Por ello dice que el principal enemigo de Europa no es el islamismo radical, sino la propia Europa. Y es que la fortaleza del Islam político se nutre, precisamente, de la debilidad de nuestras propias convicciones. No se equivoquen: si finalmente la media luna llega a ondear sobre la Torre Eiffel, los principales responsables no serán los islamistas radicales, sino los europeos aburguesados y descreídos que no quisieron ver el huevo de la serpiente.

Por cierto, Bawer es un escritor y ensayista liberal y conocido activista homosexual. Difícilmente puede ser calificado de “ultraderechista”, filo-nazi o algo parecido. Por eso, sin el recurso fácil de matar al mensajero, la intelligentsia sesentayochista lo tiene difícil para combatir el mensaje.

Disfruten la lectura.

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