MÁS ALLÁ DEL PROGRESISMO Y DEL MERCANTILISMO (2 de 2)

Ondas en el agua

La izquierda vive como la derecha y la derecha piensa como la izquierda.

La derecha pasmada: una derecha que ya no se reconoce

En el post de la semana pasada vimos que la izquierda, envuelta en la bandera del progresismo, es la brigada de demolición de los vínculos familiares, sociales y morales. Está convirtiendo al trabajador en un átomo aislado, indefenso ante los intereses de la tecnocracia y los grandes gestores de capital.

A la derecha actual no le va mucho mejor. Esta derecha está haciendo el trabajo sucio al capitalismo del laisser faire. La derecha europea ha abrazado, con mayor o menor intensidad el neoliberalismo, y está permitiendo cosas tan aberrantes como que haya salarios indignos, que los puestos de trabajo sean cada vez más precarios, que los horarios comerciales impidan la conciliación familiar, que empresas extranjeras hagan fracking (fractura hidráulica) en nuestro territorio, que las empresas españolas deslocalicen masivamente sus centros de trabajo para ahorrar costes, que las empresas que se quedan aquí tengan que competir con productos de países que hacen dumping social o que las inversiones extranjeras exijan reformas legislativas a la medida de sus intereses. Ahí está el caso de Eurovegas. No hace falta decir que los únicos beneficiarios de esta pérdida de rumbo de la derecha son las multinacionales que priorizan la obtención de beneficios a la creación de puestos de trabajo y el compromiso con su comunidad local. La visión de la derecha es convertir a los ciudadanos en consumidores de un supermercado global.

La derecha ha renunciado a la defensa del interés nacional. Los gobiernos han cedido a Bruselas grandes cuotas de soberanía, aceptan la deuda odiosa procedente de los rescates bancarios, acatan las “recomendaciones de obligado cumplimiento” del Banco Central Europeo y carecen de medios y de voluntad para proteger sectores tan sensibles para España como el campo y la pesca

La actual derecha se ha vuelto antisocial. Hace tiempo que ya no habla del “bien común”, como siempre ha hecho la Derecha, en línea con la escuela escolástica que es, en realidad, la escuela aristotélica. La derecha-monedero ya sólo habla del interés general, entendido como un equilibrio de egoísmos entre individuos, colectivos y grupos de presión.

Esta derecha está tan obsesionada con apagar los últimos rescoldos del enemigo comunista que ha dejado su cultura en manos del amigo americano y la industria de Hollywood. Esa industria que consigue que un niño de Valencia se parezca cada vez más a un niño de Munich o de Zurich. Visten igual, escuchan la misma música, son fans de los mismos actores. Esta derecha que destruye el cine español por estar infiltrado por Bardem y su camarilla en vez de construir un cine sano que refleje nuestros valores y nuestra forma de ser.

Los líderes de la derechita Pocoyó han renunciado a defender sin cálculos políticos el derecho fundamental a la vida y a proteger la cohesión y estabilidad de la familia como eje del orden social. Sin ir más lejos, Monago (PP Extremadura) ha declarado que “nadie puede obligar a nadie a ser madre” y Rajoy ha aprobado el divorcio exprés ante notario.

PPSOE a sus órdenes mi capital

La izquierda y la derecha han abdicado en buena medida de sus misiones originales. La izquierda vive como la derecha y la derecha piensa ya como la izquierda. Lo único les diferencia (y cada vez menos) es el tamaño que debe tener la Administración y el grado de intervención que debe tener el Estado en la economía (una economía cuyos fundamentos no se discuten). Se han desdibujado las diferencias sustanciales. No hay una verdadera dualidad. La izquierda progresista y la derecha mercantilista son las dos caras de la misma moneda. Una rompe los vínculos morales que nos unen y la otra los sociales. Son una tenaza que atrapa al español y al europeo del siglo XXI y que pretenden convertirlo en un átomo social, desarmado ante el Estado y las grandes corporaciones. Y ése es el peligro porque ahí está la esencia de lo totalitario.

Tal vez sea el momento de emprender un nuevo camino.

La Derecha social o la tercera vía

La Casa en el Árbol pretende dar notas para una visión del mundo alternativa, basada en la defensa de la vida, la familia, la riqueza y variedad de los pueblos, el bien común, la justicia social y la participación ciudadana activa.

No nos vamos a conformar con menos. No vamos a entrar en cálculos electorales. No vamos a apoyar al menos malo. No vamos a renunciar a nuestros ideales ni a nuestro estilo. No vamos a rendirnos. Tenemos sueños pendientes.

Sabemos que sólo somos una pequeña gota de agua. Pero ahí estará precisamente nuestra fuerza. Venimos a remover conciencias, a agitar la superficie tranquila del estanque. Queremos que nuestro impacto genere ondas expansivas. Nuestro objetivo es inspirar a otros para la reflexión y la acción. Otros vendrán que harán este proyecto más grande y con mayor alcance. Somos las alas de la mariposa y entre todos vamos a crear un huracán.

Sócrates decía que “para cambiar el mundo, hay que empezar por uno mismo”.

Nosotros hemos empezado a cambiar.

¿Y tú?

 

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