LOS JUEGOS DEL HAMBRE: UNA REBELIÓN ANTI-ELITISTA (1 de 2)

Juegos del hambre 1

La trilogía de moda contiene trazas de un mensaje de rebelión contra el nihilismo y el narcisismo y a favor de la recuperación de los valores tradicionales.

El Distrito 12, donde puedes morirte de hambre sin poner en peligro tu seguridad

El Nuevo Orden

Ya está en las carteleras la segunda parte de “Los juegos del hambre”, la penúltima trilogía que ha causado furor entre los lectores adolescentes (y no tan adolescentes). Esta saga transcurre en un mundo futuro que ha sufrido un apocalipsis ambiental, económico y político. Una distopía ambientada en unos Estados Unidos posteriores al colapso cuya causa no se dice pero que parece relacionada con el calentamiento global o la escasez de recursos energéticos.

Sobre las ruinas de la que era la potencia más poderosa del mundo se ha levantado un nuevo país (Panem) cuya sociedad se estructura en dos estamentos. Existe una amplia clase de semi-esclavos que trabaja en condiciones precarias por subsistir y en beneficio de una reducida clase dominante que vive rodeada de lujos y privilegios, entregada al narcisismo y a la cultura del entretenimiento. La clase dominante reside en un lugar llamado Capitolio y se organiza por medio de un régimen autoritario. El Capitolio gobierna con mano de hierro los doce distritos en los que se divide el territorio. El distrito nº 13 fue arrasado como represalia por una insurrección que tuvo lugar hace décadas. La Neolengua de los vencedores llama a esa época turbulenta “los años oscuros”. Los Juegos del Hambre son una competición televisada como un reality show que conmemora la victoria del Capitolio sobre la revuelta. Su visión es obligatoria para todos los habitantes de Panem, ya que supone una exhibición del poder del Capitolio y un recordatorio de las consecuencias que puede tener la rebeldía. Todos los años cada uno de los distritos selecciona por sorteo un chico y una chica (niños o adolescentes) que les represente. Se trata de un enfrentamiento a muerte en el que sólo puede quedar uno vivo. El vencedor recibe como premio una vida de comodidades proporcionadas por el Capitolio y comida asegurada para su distrito durante un año.

Katniss, la protagonista de la trilogía, debe representar al Distrito 12 en los Juegos del Hambre. Lo que el régimen del Capitolio no sabe es que una chica sencilla de una familia pobre puede ser la chispa que encienda la llama de una nueva rebelión de los oprimidos.

Juegos del hambre 2

¿Contra qué arde la llama de la rebelión?

En este blog nos preguntamos si el relato futurista de Panem es una simple historia para entretener a los adolescentes o admite alguna lectura en clave política. Mayoritariamente, los medios de comunicación mainstream que se plantean el sentido de la rebelión hacen una interpretación acorde con el diktat de la corrección política. Para unos, Katniss es simplemente una adolescente que se levanta contra un orden injusto. Para otros, la dictadura del Capitolio y las desigualdades sociales del futuro permiten construir un relato progresista en clave de emancipación y lucha contra el patriarcado del antiguo régimen. Para el soft-totalitarismo que amordaza Occidente ambas interpretaciones son tan inocuas como un numerito pseudo-provocativo de Miley Cyrus en la gala de los premios MTV. Falsas poses de rebeldía programadas por el Sistema que sólo buscan neutralizar las justas aspiraciones de cambio de la juventud.

Como ocurre a menudo, en La Casa en el Árbol tenemos una interpretación alternativa más allá de los clichés del pensamiento único. En nuestra opinión, Suzanne Collins, la autora de las novelas, introduce (de forma intencionada o no) una crítica contra las élites dominantes que es más coherente con un discurso comunitarista al estilo de Christopher Lasch que con la agenda progresista. Como veremos, el software mental del Capitolio, caracterizado por el nihilismo, el hastío y el desdén por los lazos sociales permanentes, es más propio del mundillo decadente de Hollywood (meca del progresismo estadounidense) que de los cowboys reaccionarios del Sur.

Aunque lo haya pasado por alto la policía del pensamiento, los Juegos del Hambre admiten una lectura disidente contra la plutocracia que la revolución conservadora denomina la “Nueva Clase”. La Nueva Clase es la élite mundialista que pilota un nuevo orden político que combina un imperialismo globalizador en el campo económico con un secularismo relativista en materia moral. Esta tecnocracia controla el estado de opinión a través de los medios de comunicación de masas: genera un pensamiento políticamente correcto que condena a los no conformes a la autocensura, al silencio mediático y a la estigmatización social. El gobierno de Obama o la oligarquía de Bruselas son dos buenos ejemplos de estos nuevos Capitolios que llevan las riendas de Occidente.

En nuestro siguiente post, veremos que, de forma sorprendente, la trilogía de moda contiene trazas de un mensaje de rebelión contra el nihilismo y el narcisismo y a favor de la recuperación de los valores tradicionales.

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