La revuelta de Sol y la derecha emergente

 

Calle Mayor

Otra Derecha es posible. ¿Sabrá aprovechar la Derecha alternativa esta oportunidad histórica?

El 14 de mayo de 2013 (es decir, un año antes de la creación e irrupción de Podemos) decíamos lo siguiente en nuestra entrada La Derecha nacional necesita un 15-M:

Mañana se celebrará el segundo aniversario del 15-M. Seguramente pasará sin pena ni gloria. En el primer aniversario, los burócratas del PPSOE se dieron palmaditas en la espalda y los señores de la derecha y la izquierda liberal suspiraron con alivio al ver que las calles no se agitaban. Este domingo respiraron aliviados al ver la pérdida de fuelle de las marchas de Madrid. Creen que han quedado atrás las jornadas de contestación en las que cientos de miles de ciudadanos reclamaban una reforma de la ley electoral bajo el grito “No nos representan”. No quieren recordar los carteles que llevaban los jóvenes en los que se leía “Generación Ni-Ni: ni PP, ni PSOE”. Pero se equivocan. Ha pasado el primer impacto del 15-M, pero su onda expansiva sigue produciendo efectos bajo la superficie.

Después del 15-M, la izquierda está en plena catarsis. Busca en su espíritu cívico y (en buena medida) espontáneo la savia que le devuelva el vigor para salir del estado de trance en que se encuentra desde la caída del comunismo. La izquierda parlamentaria ha tratado de capitalizar el sentimiento de indignación. Los guiños de Tomás González y de Rubalcaba al movimiento, en sus respectivas campañas, fueron vergonzosos. Izquierda Unida, desde una posición más alejada de las élites, también ha hecho un esfuerzo notable por atraer las simpatías de los indignados. Pero el efecto más importante se ha vivido en la izquierda extraparlamentaria. Los foros de debate de la izquierda revolucionaria, los neomarxistas, los altermundistas o los socialistas utópicos son un hervidero de nuevas ideas y nuevas propuestas para actualizar sus programas y acercarlos a los problemas reales de la ciudadanía. Basta dar un paseo por el barrio de Gracia, Malasaña o el ciberespacio para comprobarlo.

Por supuesto, en aquella fecha ni existía Podemos ni teníamos ni idea de qué grupo político iba a lograr canalizar y dar forma a todo ese descontento ciudadano. Pero logramos vaticinar con bastante acierto que quien se encontraba en una mejor posición para capturar toda esa energía social no era la izquierda oficial (PSOE / IU) sino la izquierda radical extraparlamentaria.

En las jornadas del 15-M (15 de mayo de 2011) los oligarcas del PPSOE optaron por negar que la expresión popular en las calles fuera democracia y pidieron a la gente que se fuera y constituyera un partido. Los políticos profesionales tienden a confundir soberanía popular con ser representantes de la soberanía popular.

De esos polvos, estos lodos.

En su discurso de la Plaza del Sol Pablo Iglesias se auto-proclamó encarnación de las aspiraciones del 15-M y dijo lo siguiente:

Esta Puerta del Sol vio la recuperación de las libertades y aquel 15 de mayo vio a millares de jóvenes gritar ‘no nos representan’, ‘queremos democracia’. Esa gente valiente está aquí ahora”.

Los sondeos del PPSOE no predijeron lo que se estaba cociendo “bajo la superficie”.

La izquierda extraparlamentaria, acostumbrada a la lucha cultural, la escasez de medios y la agitación de las calles y las redes ha acertado a crear un movimiento cuyos límites todavía no podemos anticipar con certeza.

En aquel post de hace dos años también nos atrevíamos a lanzar otra idea:

La derechita acomplejada y de vuelo bajo ha creído que la defensa de la iniciativa privada y la libertad de empresa era la única trinchera para frenar al socialismo. Pero la crisis tan brutal que nos azota ha puesto de manifiesto que los intereses de la clase media son opuestos a los de la alta finanza y las grandes corporaciones. Un mismo partido o bloque ideológico no puede aspirar a representar a ambos. Por eso, el 15-M fue una oportunidad perfecta para que la derecha oficialista tomara conciencia de su distancia con los problemas de la gente e iniciara un proceso profundo de reflexión y renovación. Ha fracasado estrepitosamente y ahora es el momento de que pida la alternativa una tercera vía procedente de la derecha nacional pero con una fuerte agenda social”.

Sosteníamos entonces y seguimos sosteniendo ahora que se están sentando las bases objetivas para que pueda entrar en escena una formación que sepa combinar valores fuertes de Derecha y un compromiso con la cohesión social.

Así como la izquierda alternativa ha sabido atraer a los indignados, ahora hay espacio para la irrupción de una tercera vía que pueda dar voz a los descontentos de Derecha. Una derecha social, patriótica y democrática. Más allá de la calle Ferraz y de la calle Génova, es la hora de la calle mayor.

Es obvio que hoy la derecha política ha sido dejada huérfana de representación. Rajoy es un trilero que cree que puede hacer desaparecer toda un área de pensamiento con unos simples movimientos de cubilete. En La Casa en el Árbol no tenemos asesores áuricos como él. No necesitamos ver las encuestas ni sondeos de Arriola y sus aprendices de brujo. Sabemos que en política hay un principio general que dice que los vacíos se llenan.

Y en estos momentos hay un enorme vacío en el tablero político. Cuestión distinta es que exista un grupo de activistas que sepa suplir la escasez de medios con la voluntad y la audacia necesarias para aprovechar una oportunidad histórica que no se había presentado con tanta claridad en 40 años de democracia.

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