LA HISTORIA DE ESPAÑA, DE M. MENÉNDEZ PELAYO

Dedicó su vida a combatir las ideas de los heterodoxos españoles. En plena dictadura del pensamiento único, el heterodoxo es él.

Menéndez Pelayo

Coloso de la cultura española

2012 fue el año del centenario de la muerte de Marcelino Menéndez Pelayo. Nos parece de justicia dedicarle a él nuestra primera reseña de Libros Prohibidos.

Hijo de un liberal y una tradicionalista. Historiador y poeta, trabador infatigable (sus obras completas ocupan 65 volúmenes, sin incluir sus epistolarios y notas), provisto de una inteligencia superdotada y una memoria legendaria, gran estudioso de la cultura europea, dominaba ocho lenguas antiguas y modernas. Fue miembro de la Real Academia Española , diputado en las Cortes por Unión Española (formación del ala derecha del Partido Conservador), propuesto para el Premio Nobel, miembro de la Real Academia de la Historia, de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y la Real Academia de la Bellas Artes de San Fernando. Finalmente, en los últimos catorce años de su vida fue director de la Biblioteca Nacional de España.

Dejó escrito que “a falta de grandezas que admirar en el presente, he tomado sobre mis hombros la tarea de testamentario de nuestra cultura española”. Y en su profundo estudio de esta cultura identificó la esencia de lo español con el legado de la Roma clásica y, sobre todo, con la tradición católica. Su maestro le propuso escribir una serie de reseñas sobre los herejes españoles más ilustres. El resultado fue la Historia de los heterodoxos españoles, ocho tomos de más de 500 páginas cada uno. Allí analizó y combatió apasionadamente todas las líneas y escuelas de pensamiento herético, pasando por la Edad Media, el Renacimiento y la Reforma Protestante, la judería y las hechicerías de los siglos XVI y XVII y, sobre todo, las ideas ilustradas nacidas en la Revolución Francesa y que cruzaron los Pirineos de la mano del liberalismo progresista. Menéndez Pelayo entendió las ideas afrancesadas como un ataque directo al espíritu español. Y eso, a día de hoy, todavía no se lo perdona el discurso cultural dominante.

Centenario de su muerte

El centenario de Menéndez Pelayo ha pasado sin pena ni gloria. Apenas algunos actos en Santander, su ciudad natal, acompañado de algunas conferencias y reseñas por parte de los escasos sectores conservadores que no se dejan asustar por los dedos acusadores de la corrección política. El silencio intencionado que ha rodeado el centenario es muy propio de nuestro espíritu ibérico que nos impide reconocer la genialidad del adversario simplemente por ser adversario.

Este silencio contrasta con el boato del centenario de su nacimiento en 1956. En plena época de nacional catolicismo, en ese año se publicaron más de mil referencias bibliográficas sobre la obra de Don Marcelino. El aparato propagandístico de Franco interpretó su pensamiento en clave nacionalista y antiliberal. Las alabanzas recibidas en la primera etapa de la dictadura son proporcionales a la saña de los ataques recibidos en esta dictablanda.

Rosa Regás, directora de la Biblioteca Nacional nombrada por Zapatero, intentó retirar en 2006 la estatua de Menéndez Pelayo del lugar de honor que ocupa en el edificio de la biblioteca. La comparación de Regás con quien ocupaba su cargo un siglo atrás nos permite comprobar la vacuidad del presente y el deterioro de la cultura española. Nicolás Gómez Dávila dijo:

Sólo un talento evidente hace que le perdonen sus ideas al reaccionario, mientras que las ideas del izquierdista hacen que le perdonen su falta de talento.

Menéndez Pelayo está en otra división. En otra galaxia. Tenía tanto talento que ni siquiera un siglo después de su muerte la izquierda le ha perdonado sus ideas. El destino ha querido que el centenario cayera en un año en el que gobierna el centro derecha (sic), en el que supuestamente existe un ala conservadora (sic). No obstante, el terrible complejo de inferioridad moral e intelectual que arrastra el Partido Popular le ha llevado a pasar por alto la efemérides. La realidad es que ninguna familia política del arco parlamentario reclama el legado de Menéndez Pelayo. Sin embargo, su obra sigue estando ahí, al alcance de todo aquel que busque fuentes de inspiración para la recuperación de nuestra cultura y nuestra forma de ser.

Selección de la editorial Ciudadela

Historia de España

La editorial Ciudadela ha publicado un compendio de diferentes textos de Don Marcelino bajo el título de “La historia de España”. Quien se asome a sus páginas verá el amor que tenía el autor por su patria y por la religión católica, que para él es la savia que da vida a nuestra historia común. Su amor a España no era nacionalista, como publicitaba el régimen de Franco. Se ha dicho que Menéndez Pelayo amaba todo lo bueno que hay en la historia de España, no por lo que tiene de español, sino por lo que tiene de bueno. Los ideólogos del franquismo no quisieron leer bien su obra. Para Menéndez Pelayo el punto de arranque es la tradición y quien se acerque a ella de forma sincera verá que nuestra unidad obtiene su fuerza de la riqueza de los pueblos que la componen. Por eso, el santanderino dijo que la salvación política de nuestro país vendrá “no con el yugo servil del centralismo exótico, sino con los lazos del amor y del común sacrificio”. Don Marcelino creía que las claves de nuestro destino y nuestro futuro como pueblo podían encontrarse en los mejores momentos de nuestro pasado:

“No suelen venir dos siglos de oro sobre una misma nación; pero mientras sus elementos esenciales permanezcan los mismos, por lo menos en las últimas esferas sociales; mientras sea capaz de crecer, amar y esperar mientras su espíritu no se aridezca de tal modo que rechace el rocío de los cielos; mientras guarde alguna memoria lo antiguo y se contemple solidaria con las generaciones que la precedieron, aún puede esperarse su regeneración (…)”

Son muchos los frutos que la cultura española ha dado al mundo y todavía no hemos escrito su última página. Mientras mantengamos vivo su espíritu aún puede esperarse su renacimiento. ¿Dejarnos vencer por el desánimo? Jamás. Como dice Don Marcelino: “Un rayo de luz ha brillado en medio de estas tinieblas, y los más próximo al desaliento hemos sentido renacer nuestros bríos”. Debemos reflexionar, movilizarnos y actuar. Es demasiado tarde para el pesimismo.

Si te ha gustado, comparte

Deja un comentario