LA DERECHA NACIONAL NECESITA UN 15-M (2 de 2)

España tiene una (r)evolución pendiente

Chica con megáfono

Recordad mayo del 68

Son muchos los que han encontrado parecidos entre el 15-M y mayo del 68. La revuelta de París supuso la consolidación de la llamada Nueva Izquierda (post-marxista). Pero estas mismas jornadas contestatarias inspiraron a un sector de la derecha nacional que la prensa acabó denominando, por contraposición, Nueva Derecha. Alain de Benoist, Guillaume Faye y otros pensadores de esta escuela tomaron distancia de la realidad política más inmediata y se aventuraron en un proceso de revisión integral de sus tesis y planteamientos. Después de dos décadas de trabajo a través de sus revistas y publicaciones empezaron a ver los frutos. La derecha liberal francesa ganaba las elecciones pero cada vez debía “aguar” más su discurso para adaptarlo a la hegemonía de la izquierda en el terreno cultural. Sólo la Nueva Derecha estaba en condiciones de afrontar un debate cultural en igualdad de condiciones con la izquierda.

En los años ochenta el Front National francés empezó a trasladar a su programa muchas de las ideas y reflexiones de la Nueva Derecha. Identificar FN y ND es un grave error y existen diferencias relevantes entre ambas. De hecho, las relaciones entre Jean Marie Le Pen y Alain de Benoist nunca han sido buenas. Entre otras cuestiones, De Benoist siempre ha reprochado al FN su acusada xenofobia. Pero lo que sí es cierto es que la ND ha ejercido una influencia notable en el FN. La llegada de Marine Le Pen a la presidencia del FN ha supuesto un giro ideológico relevante: se ha distanciado del posicionamiento liberal-conservador (anticomunista y pro-americano) de su padre y ha dado a su agenda un marcado acento social, transversal y antiglobalización.

El resultado de todo este proceso es espectacular. En las elecciones presidenciales del 2002 el Front National llegó a la segunda vuelta frente al candidato del centro-derecha. La izquierda tuvo que pedir el voto para Chirac. Años después, el FN y otras formaciones comunistas y de izquierda obtuvieron un claro éxito al ganar el referéndum del NO a la Constitución Europea con un 55% de los votos. Los liberales de derecha e izquierda salieron trasquilados. La pujanza del FN ha obligado al centro derecha y a la izquierda a ajustar sus programas para evitar una sangría de votos en las clases medias y en los barrios deprimidos. La gente de la calle ha entendido que un mismo partido no puede aspirar a representar los intereses de las grandes corporaciones y las altas finanzas y ser, además, la voz del pueblo. Una ola de ilusión recorre Francia. En las últimas elecciones galas el FN ha sido la fuerza más votada por los jóvenes.

¿España es diferente?

La prensa española acogió con asombro que la indignación entre la juventud por los efectos de la crisis lo haya recogido Marine Le Pen. La prensa española no entiende nada. Se debe a los intereses que pagan su publicidad. Con un análisis simplista, identifica a Marine Le Pen con la vieja ultraderecha y sigue analizando la realidad política en base a unas coordenadas izquierda/derecha que hace mucho tiempo que están superadas. El FN ha conectado bien con la juventud porque habla su mismo idioma y ha tenido el acierto de salirse de las viejas rencillas entre oligarquías de derecha y de izquierda que nada preocupan a la gente de la calle.

El régimen de Franco hizo que en España no hubiera ni mayo del 68 ni nada parecido.  Por eso, el 15-M era una buena oportunidad para que la Derecha nacional iniciara un proceso de reflexión que necesita desde hace casi un siglo. Es hora de reinventarse, de depurar planteamientos, de desprenderse de ropajes ideológicos antiguos, de someter todas las ideas heredadas a una triple destilación. Resulta vital encontrar nuevas síntesis de pensamiento, recibir los aires de cambio y encontrar la forma de unir tradición y disidencia frente al orden actual. España debe buscar su propio camino, distinto del francés en aquello que sea necesario, para respetar sus diferencias culturales y señas de identidad. En esta labor es más necesario que nunca el diálogo entre conservadores, tradicionalistas e identitarios. Los indignados se han planteado buenas preguntas pero sus plataformas han ofrecido malas respuestas. Sólo una Derecha alternativa que se haya desprendido del autoritarismo, el personalismo y la lógica capitalista del beneficio estará en condiciones de ofrecer las respuestas que necesita el siglo XXI y a la vez dar la batalla ideológica al progresismo. Esta nueva vía estará en la derecha cultural, pero su programa no será ni de izquierdas ni de derechas. El renacimiento vendrá cuando por fin se supere esta distinción caduca.

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