La cara B del 20-D: La coherencia vence al voto útil

El pensador

Aunque lo silencie la industria del voto útil, las convicciones y la coherencia determinan hoy la política como nunca antes.

Realmente soy un soñador práctico. Mis sueños no son bagatelas en el aire. Lo que yo quiero es convertir mis sueños en realidad” Gandhi

Hay una lectura incómoda de las elecciones del 20 de diciembre que la industria del voto útil pretende eludir. Los beneficiarios del antiguo régimen azuzan el miedo ante el nuevo paisaje político y se niegan a extraer algunas conclusiones que ponen en riesgo los dogmas que aseguraban su posición. Desde la perspectiva que da estar alejados de la Corte, en La Casa en el Árbol vemos signos que nos reconcilian con la Política (con mayúsculas) y nos dan esperanza para el futuro. No esperanza para hacer apaños con el Juego de la Sillas ni la Sopa de Letras que suman mayoría en esta legislatura. Nos referimos a la esperanza para construir, en el largo plazo, una alternativa real a todo lo existente.

Esperanza para seguir manteniéndonos en pie en un mundo en ruinas.

Estos son los tres signos que brillan en el cielo mientras los mercaderes de crecepelo político tratan de distraer nuestra atención con su griterío cortoplacista:

1. El voto útil, redefinido: Tras el colapso del bipartidismo, el voto útil ya no consiste en votar PP o PSOE. La lógica electoral de rojos o azules se ha roto y ha surgido un nuevo panorama multipolar. El acceso a La Moncloa, los Presupuestos y el BOE ya no depende solo del número de escaños que obtenga un determinado partido, sino de su compatibilidad con otras formaciones y su capacidad para forjar coaliciones. Y un partido minoritario de valores fuertes, podrá condicionar la acción de gobierno de la mayoría. En las próximas convocatorias electorales, decidir el voto va a dar a los pragmáticos más dolores de cabeza que terminar un sudoku. Las posibles combinaciones y derivadas crecerán exponencialmente.

2. Sí se puede: En mayo de 2013, en el segundo aniversario del 15-M, María Dolores de Cospedal volvió a desafiar a los movimientos sociales para que se presentaran a las elecciones. La secretaria general del PP repetía una consigna que su partido venía usando desde la acampada de Sol.

Cuidado con lo que deseas, María Dolores. Tus deseos se han hecho realidad. Ahora tienes a 69 diputados del universo Podemos sentaditos a tu vera. Y, como dice Loquillo, “no vine aquí para hacer amigos”.

Podemos ha conseguido aglutinar el sentimiento de indignación que sacudía a muchos españoles en 2011 y ha dado voz a aquellos que sostenían que los partidos del 78 “no nos representan”. Dio el campanazo con más de un millón de votos en las pasadas Europeas y ahora ha levantado más de cinco millones de votos (el 20% del electorado). Ha conseguido lo que no consiguió Izquierda Unida ni otras plataformas políticas formadas al calor del 15-M (Partido X, En Red, Confluencia…). De nada sirvió la propaganda del PSOE y sus satélites mediáticos para intentar canalizar a través de Pedro Sánchez todo el voto útil de izquierdas.

En el post la bolivarianización de los espíritus decíamos: “No os preocupéis por si pueden ganar las elecciones. Preocuparos porque ya han empezado a enamorar los corazones”. Parece que esta máxima se mantiene y que el proceso ya ha empezado en Cataluña con En Comú Podem.

La moraleja es clara: en la izquierda, el optimismo del “sí se puede” ha vencido al discurso del miedo y a la tentación del monopolio pragmático.

3. CUP de force: La CUP es todavía mejor ejemplo que Podemos para exponer la vitalidad que han cobrado las convicciones en la política actual. Para darse a conocer, la CUP no ha contado con un líder popularizado en los platós de televisión ni con sospechosos apoyos venezolanos e iraníes.

La CUP se constituyó en Cataluña a mediados de los ochenta y a lo largo de tres décadas se ha ido consolidando y extendiendo gracias a una estrategia municipalista estructurada a través de casals, ateneos, colectivos de ámbito local y grupos juveniles. Ha tenido un crecimiento orgánico y desde abajo, opuesto al crecimiento desde arriba vivido por Podemos gracias a los anabolizantes proporcionados por la televisión.

En las autonómicas de 2013 la CUP saltó de los ayuntamientos periféricos al Parlamento de Cataluña. Y desde que empezó a tener apariciones en la prensa oficial su respaldo popular no ha hecho más que incrementarse. También su influencia política: la declaración rupturista del Parlamento de Cataluña incluyó a última hora una adenda de contenido social para contentar a sus diez diputados conseguidos en las autonómicas de 2015. El sistema se está plegando a los antisistema.

Los votantes de la CUP no han sucumbido a los cantos de sirena del voto útil de ERC ni de Junts pel Sí. Además de extrema izquierda, los cuperos han resultado ser de extrema coherencia. Y el caprichoso devenir de la política ha hecho que ahora el futuro de Artur Mas y del prusés esté en sus manos. Y aun así, no se dejan bizcochar con cargos ni promesas. Sin ni siquiera presentarse a las elecciones generales, la decisión de sus asambleas condiciona el paisaje político posterior al 20-D.

Estos perroflautas revoltosos están dando toda una lección de principios a esos señoritos biempensantes que se consideran personas de valores pero que, a la hora de la verdad, acaban votando con la calculadora o el monedero.

Aunque la industria del voto útil se esfuerce en silenciarlo, nunca antes las convicciones y la coherencia han determinado tanto la política como hoy. Para apreciarlo, además de combatir al adversario, hay que saber admirarlo y aprender de él. En la orilla izquierda se ha producido un desapego de los viejos partidos, del pragmatismo del voto útil y una vuelta a los valores fuertes de izquierda. Otros ya están haciendo realidad sus sueños.

¿Seremos nosotros capaces de comprender este nuevo fenómeno político? ¿Podremos dar (por fin) voz a nuestros valores? ¿Podremos iniciar un renacimiento en nuestra orilla?

Las multitudes cantando con el puño en alto y la alegría y abrazos de sus dirigentes no nos asustan. Nos recuerdan que no podemos renunciar a nuestros ideales. Y que, en política, el coraje se demuestra con coherencia.

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