INTERPRETACIÓN NEO-MARXISTA DE LA VÍA CATALANA (3 DE 3)

Gramsci llibre

El remedio frente a una revolución cultural: una contra-revolución cultural.

Cómo hemos cambiado.

En los dos posts anteriores hemos explicado de forma sencilla y breve el método gramsciano para promover la revolución por medio de la guerra cultural. La infiltración paulatina en la sociedad civil, el control de la superestructura ideológica, la creación de un discurso contra-hegemónico, el papel de los intelectuales orgánicos, la estrategia de las termitas y la agresión molecular al “bloque histórico”.

Echando la vista atrás, vemos cómo los fumanchús del nacionalismo catalán han aplicado, capítulo a capítulo, el manual revolucionario de gramsci en las últimas décadas. El interés del nacionalismo por la cultura es particularmente intenso desde los años sesenta. Su presencia se ha ido haciendo hegemónica en el terreno del folclore, la música popular, el teatro, el deporte, el excursionismo y las fiestas de pueblos y barrios. Incluso la Iglesia ha sido objeto de infiltración y uso político en Cataluña.

Más adelante la estrategia cultural se extendió al ámbito de la educación, tanto primaria como universitaria. Aquí ha sido flagrante la falta de visión y la dejación de funciones de los dos grandes partidos nacionales (PP y PSOE). Durante décadas han permitido que los gobiernos de CiU y del Tripartito controlaran la educación y aplicaran programas de “inmersión lingüística” a pesar de que resultan claramente vulneradores de las libertades individuales, de la libertad de los padres a elegir la educación de sus hijos y del derecho de los pueblos a mantener sus diferencias (en el caso del pueblo catalán su cultura y su identidad se expresa en dos lenguas).

La estrategia de infiltración del nacionalismo catalán también ha tenido como objetivo los medios de comunicación, hasta el punto que las televisiones y radios públicas nunca han reflejado la pluralidad de Cataluña y se han convertido en simples terminales ideológicas. La prensa escrita editada en Barcelona es otro ejemplo de libro de control cultural: recordemos que tras la famosa sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut todos los grupos de comunicación pactaron la misma editorial para el día siguiente. Quedó perfectamente claro que los medios de Cataluña comparten un pensamiento único en esta materia.

El nacionalismo ha sabido crear un nuevo discurso cultural persuasivo basado en la proclamación de la existencia de una nación (“som una nació”), la reformulación de la historia y el uso de una neolengua. Términos tan artificiales como “Països Catalans”, “lengua vehicular”, “hecho diferencial” o “inmersión lingüística” son utilizados con normalidad en el seno de la sociedad civil. El nacionalismo también ha sabido rectificar sus errores históricos. Ha introducido en su discurso factores fiscales y económicos muy atractivos para las clases medias poco receptivas a discursos épicos. Su reivindicación del antiguo derecho de autodeterminación (de connotaciones de coloniales) ha dado paso recientemente al “derecho a decidir”, menos radical y más “democrático”. También ha sabido ampliar su ámbito de influencia más allá de las fronteras  territoriales e ideológicas del nacionalismo. Al cabo de los años ha conseguido que amplios grupos de la comunidad valenciana, Baleares y sur de Francia se reconozcan como “catalanistas”, igual que algunos sectores sociales de la izquierda y la derecha catalanas tradicionalmente no nacionalistas.

En resumidas cuentas, el nacionalismo catalán ha sabido crear un nuevo consenso social basado en el hecho indiscutible de que Cataluña es una nación en la que pesan más las diferencias culturales que los rasgos comunes con los demás pueblos de España. También ha sabido crear las condiciones para que la aceptación de esta premisa sea un requisito para tener acceso al ascensor social. Lo dice muy claro el barcelonés Loquillo:

Si vives en Cataluña y no estás por la labor del chanchullismo, eres un facha. Y anticatalán ya es todo aquel que vive en España. Deberían leer historia, porque se ha vendido a los chavales que los españoles invadieron Cataluña (…) el nacionalismo ahora mismo en Cataluña es un negocio muy rentable”.

Muy lejos quedan los tiempos en los que Cataluña era estimada como tierra de gente acogedora y hospitalaria, de seny y de apertura intelectual y cultural. Cómo hemos cambiado.

¿Un paso en falso del nacionalismo?

La Vía Catalana fue simplemente la manifestación de un virus incubado durante décadas. Ha sido la tempestad que hemos recogido después de que durante años se hayan sembrado vientos.

Pero el nacionalismo catalán ha podido incurrir en un grave error que puede llegar a lamentar. Durante décadas ha practicado la estrategia de las termitas. La erosión del Estado mediante la lluvia fina, el lento deterioro de todo lo que nos une, la burla y el descrédito de todo lo que suene a español. La gota malaya, al fin y al cabo.

En los tres últimos años hemos visto cómo el discurso cultural se ha endurecido y cómo la estrategia de lluvia fina se ha acelerado. Han precipitado la agenda revolucionaria y han anticipado la fase de distinción entre legalidad y legitimidad. Es muy posible que el pueblo catalán todavía no haya aceptado e interiorizado este mensaje de última hora.  Esto puede ser un grave error de cálculo, motivado por las necesidades a corto plazo de una Generalitat en quiebra y una casta política salpicada por la corrupción. Ahora es el propio Artur Mas quien está reculando en su desafío al Estado e intentando ganar tiempo en su estrategia.

Los defensores de la unidad y la comunión de los pueblos de España debemos aprovechar este tiempo. Es muy probable que Artur Mas se estrelle igual que se estrelló Ibarretxe. Pero no hay tiempo que perder.

¿Cómo se combate una revolución cultural? Con una hermosa, participativa y festiva contra-revolución cultural. Si ellos financian una película que adultera la historia, nosotros debemos financiar dos que reflejen la realidad. Si ellos promueven una exhibición basada en la obra de un artista nacionalista, nosotros debemos promover dos que exalten la obra y la visión de Pla o Dalí. Si el Terrat lleva a escena una obra bufa sobre el facherío, debemos responder con una chirigota del Tricicle contra el nacionalismo excluyente. Si ellos politizan el deporte, nosotros debemos llenar los estadios con catalanes que no tengan miedo a reconocer su españolidad.

Y es que al poder cultural solo se le puede oponer otro poder cultural.

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