INTERPRETACIÓN NEO-MARXISTA DE LA VÍA CATALANA (2 de 3)

Gramsci 3

Si se logra que la mayoría acepte la nueva ideología, la toma del poder político será como recoger una fruta madura.

“Sociedad política” y “sociedad civil”

Gramsci distingue entre “sociedad política” (el Estado y sus resortes) y “sociedad civil”. Para él la “sociedad civil” equivale al sector “privado”: la esfera cultural, intelectual, religiosa y moral. Gramsci llegó a la conclusión de que los comunistas habían fracasado en Europa (a diferencia de lo ocurrido en Rusia) por haber creído que el Estado se reducía a un simple aparato político. En realidad, el Estado “organiza el consentimiento”. Dirige no sólo por medio de su aparato político, sino sobre todo a través de una ideología implícita (la superestructura) que descansa en valores admitidos y que la mayoría de los miembros de esta sociedad dan por supuestos. Este aparato “civil” engloba la cultura, las ideas, las costumbres, las tradiciones y hasta el sentido común. En todos estos campos, no directamente políticos, actúa un poder en el que también se apoya el Estado: el poder cultural. En otras palabras, el Estado no sólo ejerce su poder mediante la coerción, sino que domina sobre todo a través de una “hegemonía ideológica”, de una adhesión espontánea de la mayoría a una determinada visión del mundo. Este consenso o aceptación generalizada hace que no se discutan las premisas de orden y funcionamiento de la sociedad. Como estas premisas han sido dispuestas y benefician a la clase dirigente, esta clase, aun siendo minoritaria, consigue dominar a la clase dirigida (el proletariado).

Por ejemplo, hoy en día vemos que con un número relativamente pequeño de policías se puede mantener en orden una ciudad porque en el subconsiente colectivo está asumido que su presencia es legítima, que representan la autoridad y que no obedecerles acarreará con seguridad responsabilidades jurídicas. El día que esta asunción se no sea asumida por la mayoría la policía será ineficaz para mantener la ley y el orden. Ejerce más dominación el consenso social que el número de porras realmente existente.

Por eso, para Gramsci la conquista de la hegemonía es más importante que la toma del poder político. Un poder político que no tenga una sociedad civil que le responda ideológicamente, está girando en el vacío. Si se logra que la mayoría acepte la ideología socialista, la toma del poder político será como recoger una fruta madura.

Así, Gramsci desplaza el conflicto social de los resortes del Estado a la sociedad civil. Cree que es ahí donde se debe buscar la fractura a partir de la cual construir una “contrahegemonía” al dominio burgués. Por tanto, había que infiltrarse y tomar el control de todas esas instituciones públicas y privadas que tienen como función socializar a los individuos para construir las bases de la legitimidad, es decir, las asociaciones empresariales y sindicales, los medios de comunicación y de enseñanza, las asociaciones culturales y folclóricas, las iglesias, etc. Una vez que la legitimidad del “orden burgués” estuviera en entredicho, estarían sentadas las bases de la revolución. Por eso, Gramsci escribe en sus Cuadernos de la cárcel lo siguiente:

Un grupo social puede e incluso debe ser ya dirigente antes de haber conquistado el poder gubernamental: es una de las condiciones esenciales para la conquista de ese poder”.

Gramsci redirige la estrategia marxista clásica. De forma paralela al “trabajo de partido”, directamente político, el ideólogo propone emprender un trabajo cultural, consistente en sustituir la hegemonía burguesa por una hegemonía cultural proletaria.

Los medios para obtener el control de la cultura

La vanguardia en la lucha para hacerse con el poder cultural corresponde a los intelectuales orgánicos. Son los intelectuales del pueblo o del proletariado, opuestos a los intelectuales tradicionales. Son los agentes que en el campo de la cultura, organizan las mayorías ideológicas que son la precondición necesaria a la toma y conservación del poder político.

Según la estrategia de Gramsci, lo que debe ejecutarse es una “agresión molecular” a la sociedad civil para erosionar poco a poco el esquema dominante de ideas religiosas, filosóficas, científicas y artísticas. La victoria debe llegar mediante un lento “trabajo de termitas”. Hay que ir desintegrando lentamente lo que llama el “bloque histórico”, el bloque ideológico dominante, hay que meterse, buscar cualquier rendija, por pequeña que sea, para irlo resquebrajando, tratar de que comiencen a fallar los mecanismos de la sociedad civil en vigor. En este trabajo de demolición a lo que hay que apuntar ante todo es, obviamente, a la clase hegemónica y dominante, porque detenta tanto la hegemonía como el poder político, para que empiece a perder la hegemonía y pase a ser sólo dominante. Es decir que no tenga ya el control sereno de las ideas sino que se vaya haciendo solamente dominante, de pura coerción, exclusivamente policial o judicial.

Gramsci detalla los medios que estima apropiados para la “persuasión permanente” de la población: apelación a la sensibilidad popular, subversión de los valores que están en el poder, creación de “héroes socialistas”, burla de los valores e instituciones tradicionales, promoción del teatro, del folclore, de la canción, etc…

Entonces habrá llegado la hora de explotarla situación en el plano político: la acción histórica o el sufragio universal y popular confirmarán –y transpondrán al plano de las instituciones y del sistema de gobierno- una revolución ya consumada en las mentalidades. En otras palabras, la subversión política no debe crear una situación, sino sólo consagrarla.

Si traducimos todo lo anterior a la estrategia del nacionalismo catalán, veremos claramente que labor de la “cançó catalana”, el rock català, el Club Super 3, Òmnium Cultural o la Assemblea Nacional de Catalunya ha sido precisamente esa “labor de termitas” contra el sentimiento de hermandad y solidaridad con el resto de España, la exaltación de los “hechos diferenciales”, la reinterpretación de la historia, la politización de la lengua y un largo etcétera. En el siguiente post profundizaremos más sobre esta cuestión.

 

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