Guardianes del orden: economía y cultura de Derecha

Estatua griega

Recuperemos la armonía: frente al anarquismo y el anarco-capitalismo.

“Guarda el orden y el orden te guardará a ti”. Ésta es una de las frases más célebres de San Agustín, que encierra una gran verdad. Él estaba pensando más en cuestiones morales y de edificación personal. Sin embargo, esta máxima es perfectamente extrapolable al terreno político.

Hubo un tiempo en que la cuestión del orden era un tema central en las distintas culturas de Derecha. Antes, claro está, de que la derecha se convirtiera en un triste técnico con manguitos y visera verde dedicado a la gestión de balances, la reducción de facturas y sin más aspiración que la recuperación de la “senda del crecimiento”.

Al estallar la crisis económica –que empezó siendo una crisis financiera– Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de EE.UU, declaró que “todavía no comprendía del todo por qué ocurrió”. La frase fue pronunciada en una audiencia en el Congreso de EE.UU. en octubre de 2008.

Asusta pensar que una de las personas con mayor prestigio internacional en el ámbito financiero no tenía ni pajorera idea de qué había fallado para provocar un crash comparable al de 1929.

Hay que estar muy cegado por cierta propaganda ideológica para considerar que vivimos en el marco de una economía ordenada. Algunos pretenden salir de esta crisis poniendo algunos parches y tiritas y sin hacer una reflexión de calado sobre sus causas. Es el viejo gatopardismo que busca que todo cambie para que todo siga igual. Otros más salaos se las ingenian para buscar oportunidades en nuevos mercados y trasladar a Asia o África sus maquinitas de hacer burbujas, mientras esperan a que escampe en Europa.

La economía europea está enferma. No es extraño, ya que está fundamentada sobre una base tan poco sana como la maximización del egoísmo y la lógica del beneficio, sin ninguna consideración por el mantenimiento de las familias, el arraigo, los vínculos y la utilidad social que reporte la actividad económica.

Si salimos del Matrix económico que se repite en los mass media y miramos la situación con cierta distancia, probablemente lleguemos a la conclusión de que vivimos en un orden invertido. De forma sencilla, podemos decir que hay cuatro niveles: naturaleza (planeta), sociedad, economía y finanzas. El panorama actual no es muy ilusionante:

  • Las finanzas controlan la economía. La actual crisis económica tiene su origen en la crisis financiera subprime, cuyos efectos se propagaron rápidamente como consecuencia del uso de derivados.
  • La economía controla la sociedad. La soberanía nacional ha sido capturada por instituciones como el Banco Central Europeo, el Banco Mundial o el FMI que dan a los gobiernos recomendaciones de obligado cumplimiento.
  • La sociedad controla la naturaleza, transformándola más de lo necesario o destruyéndola. La sociedad de consumo se esfuerza por progresar sin tener en cuenta los límites naturales del territorio, en una carrera alocada por el “siempre más”. Creemos que es posible un crecimiento infinito en un mundo finito (ver Crecimiento sostenible, quimera insostenible). De hecho, el actual gobierno del PP promociona el fracking a la vez que persigue el autoconsumo energético.

Una concepción sana del mundo nos debería llevar a dar la vuelta como un calcetín al desorden establecido. El planeta tiene una gran variedad de recursos, pero son limitados. Las sociedades deberían organizarse de una forma que respete el territorio (la tierra de sus mayores o la Creación) y su capacidad de regeneración. La economía debería organizarse para facilitar la vida de las familias y que la sociedad en su conjunto estuviese orientada al bien común. Y, por último, las finanzas deberían estar al servicio de la economía, para permitir el arranque de proyectos con utilidad social.

La “gente de orden”, que es una de las mejores cosas que se puede ser en la vida, debería mirar con la misma desconfianza al anarquismo y al anarco-capitalismo. Siendo coherentes, la ley de la selva es tan poco deseable en el terreno social como en el económico.

La “gente de orden” debería combatir tanto a los ácratas de izquierdas como a los ácratas de derechas. Si no, se corre el riesgo de ser utilizado como cobertura ideológica para mantener el abuso del fuerte sobre el débil. Algunos piden leyes duras que rijan la sociedad porque allí son ratones, pero reivindican la des-regulación o auto-regulación en los mercados porque allí son leones.

La “gente de orden” (orden entendido como equilibrio en beneficio de todos) sabe que, en política, como en muchas otras áreas, debes guardar el orden, porque al final es el orden quien te acaba guardando a ti.

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