GOBERNANZA EUROPEA: DICTADURA TECNOCRÁTICA (1 de 2)

No hace falta que tú decidas: ellos lo harán por ti (y con mejor criterio)

The Goldman Sachs

La gobernanza es actualmente uno de los mayores riesgos que amenazan la democracia. Se trata de un concepto de reciente difusión para designar la eficacia, calidad y buena orientación de la intervención de las instituciones públicas. Sobre todo se aplica en materia económica y a nivel de funcionamiento institucional, en especial en lo relativo a la interacción entre los distintos niveles de la estructura administrativa.

La gobernanza aparece en escena tras el final de la Guerra Fría y el derrumbe del comunismo. El enfrentamiento de las dos grandes ideologías de la segunda mitad del siglo XX (liberalismo y comunismo) se saldó con la victoria de la primera, que ha pasado a ocupar la hegemonía indiscutida en el terreno de las ideas y las visiones del mundo. Fukuyama, en su obra El Fin de la Historia (1992), sostiene que la Historia, como lucha de ideologías, ha terminado, con un mundo final basado en una democracia liberal.

En la actualidad, Europa es, probablemente, el principal campo de pruebas para la aplicación de la gobernanza. Las dos grandes corrientes ideológicas del continente (liberalismo y socialdemocracia) avanzan en un proceso de convergencia y han establecido un amplio consenso sobre las principales materias económicas y sociales. ¿Ejemplos? No se discute que el modelo económico debe estar basado en el libre cambio y que se deben suprimir las barreras de protección. No se discute que la globalización es un fenómeno positivo e inevitable. No se discute que la construcción (sic) de Europa debe pasar por la progresiva cesión de soberanía de los Estados a las instituciones comunitarias. Se acepta que la vida tiene un valor relativo (ponderable) y no absoluto. Las diferencias entre partidos liberales y socialdemócratas son mínimas y se reducen prácticamente al grado de intervención que debe tener el poder político en el mercado y a la postura frente a las reclamaciones de determinadas minorías. Es sintomático que el Partido Conservador inglés abandonara en 2009 el Grupo Popular Europeo al constatar una creciente afinidad con el bloque socialdemócrata en la mayoría de las votaciones del Parlamento. Y más sintomático todavía el auge arrollador que tiene en la actualidad el UKIP (United Kingdom Independece Party), muy crítico con el establishment de Bruselas.

La Unión Europea se está construyendo de arriba abajo y el pensamiento único (económico y social) se está imponiendo mediante herramientas de conformidad social a sus distintas poblaciones con total indiferencia a sus particularidades culturales. El proyecto europeo está dirigido por la Nueva Clase, élite liberal y cosmopolita, y adolece de un grave déficit democrático. La élite europea cree sabe lo que es bueno para la población, sabe dirigir la economía y prefiere que la población no participe en el proceso para que no altere la trayectoria con su torpeza. La Nueva Clase percibe a los ciudadanos como un rebaño desconcertado, demasiado estúpido para comprender los temas económicos de relevancia. Recientemente hemos tenido dos buenos ejemplos de imposición de la gobernanza:

    1)  Constitución europea: En 2005 el Parlamento Europeo aprobó una resolución en la que recomendaba a los Estados miembros que ratificaran la Constitución. En algunos países, el tratado fue sometido a referéndum. En España los electores lo aprobaron con una baja participación (44%), pero en Francia y Holanda, con una alta participación (69 y 63%, respectivamente), fue rechazado. La crisis institucional que se produjo fue resuelta mediante la inclusión de la mayor parte de la malograda constitución en el denominado Tratado de Lisboa, que fue firmado por los representantes de todos los estados miembros de la UE en diciembre de 2007. No podía ser que el pueblo aguara la fiesta de la élite de Bruselas.

En España, la “banda de los cuatro” (PPSOE + CiU + PNV) pidieron unánimemente el “sí” a la Constitución europea. No hubo un debate real en la sociedad sobre las ventajas y desventajas. Después, cuando la Nueva Clase sacó de la chistera del Tratado de Lisboa, los principales partidos y medios de comunicación, de izquierda o derecha, se resignaron ante el pucherazo, cuando no lo legitimaron. La gran perjudicada: la democracia.

    2)  Tecnocracia de Mario Monti: Ante la creciente presión ejercida desde las órbitas europeas, Berlusconi dimite el 12 de noviembre de 2011 tras ser aprobada la Ley de Presupuestos de 2012. Estos Presupuestos incluían las reformas económicas exigidas por la Unión Europea. Al día siguiente, el Presidente de la República, Giorgio Napolitano, encomienda por sorpresa al senador Mario Monti la jefatura de Gobierno. Monti pasa a ser Primer ministro y asume la cartera de Economía. ¿Legitimidad democrática? Ninguna. Pero Monti es un destacado representante de la Nueva Clase. Su currículum: Director europeo de la Comisión Trilateral, lobby de orientación neoliberal fundado por Rockefeller, Miembro de la directiva del Grupo Bilderberg y asesor del banco de inversión  Goldman Sachs. Si el rebaño desorientado no sabe elegir bien a sus representantes, la Nueva Clase está presta a arrimar el hombro y corregir el desaguisado.

La opinión del pueblo no se hizo esperar: en las elecciones generales del pasado mes de febrero la coalición de apoyo a Mario Monti obtuvo tan solo el 10% de los sufragios. El movimiento “antipolítico” de Beppe Grillo obtuvo un apoyo del 25%. La bofetada a la Nueva Clase ha sido de las que hacen afición.

La gobernanza no basa su legitimidad en la soberanía popular ni en un origen superior, sino en la buena praxis. A diferencia del rebaño, los directores de la gobernanza “saben hacer”, son especialistas y tecnócratas. Conocen las leyes de la oferta y la demanda y, aún mejor, saben lo que (supuestamente) conviene al pueblo. No los ves, pero están ahí. Son la nueva mano invisible que mueve el mercado.

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