Frente a la partitocracia: El regreso de los patriotas

Leon del congreso

Una crítica audaz a la partitocracia y la dictadura del “consenso” desde una perspectiva de Derecha.

Estos últimos días he estado leyendo el nuevo ebook de Blas Piñar Pinedo (@bpinarpinedo), fino analista a quien tenemos gran aprecio en La Casa en el Árbol. En él recoge una serie de entradas de su blog y otros artículos publicados en medios escritos en los que analiza el camino de rendición del Partido Popular desde sus orígenes hasta la traición definitiva de Rajoy y nos urge a tomar partido por la creación de una nueva derecha antes de que se agote el tiempo de reacción.

Si la vida nos lo permite, más adelante comentaremos este libro. Por el momento, entre sus páginas nos ha llamado la atención la reivindicación que hace de la figura de Fernández de la Mora. Dice Blas:

Ya en 1984 Gonzalo Fernández de la Mora alertaba en conferencias y libros sobre el poder omnímodo de la partitocracia y sus desastrosas consecuencias. Hoy, treinta años después, han aumentado las traiciones, los errores y las corrupciones y los males que padecíamos se han elevado al cubo. El sistema colapsa y si no resurge una derecha moderna, democrática, nacional y sin complejos, ocurrirá como ha dicho Pío Moa recientemente: el poder político quedará repartido entre una izquierda asilvestrada y un PP claudicante”.

Fernández de la Mora fue un político (exministro de Franco) y ensayista. En 1979 fue uno de los fundadores de Derecha Democrática Española, proyecto político que no llegó a encontrar su hueco en la Transición. Tras la disolución del partido pocos años después, se retiró de la política activa y desarrolló una intensa actividad intelectual. Fundó la revista de pensamiento conservador Razón Española, que dirigió hasta su muerte. La revista, que continúa siendo publicada con periodicidad bimestral, ha sobrepasado ya el número 180 y goza de buena salud porque ha conseguido realizar el relevo generacional.

Fernández de la Mora pertenece a ese reducido grupo de pensadores disidentes que a principios de los años ochenta intentaba superar la dicotomía entre inmovilismo y nostalgia del franquismo, por un lado, y pragmatismo y desarme ideológico, por otro. Él criticó tanto a esa derecha que se negaba a admitir que el mundo había cambiado como a esa otra que se apuntaba sin dudar a cualquier moda política que viniera de fuera. Propugnaba una democracia orgánica que condujera a una mejor selección de élites y que generara representantes no sometidos a los partidos. Si bien el pensamiento de Fernández de la Mora contiene algunos aspectos que no van en la línea de La Casa en el Árbol (puedes leer aquí la valoración de Pío Moa), la crítica que realizó hace treinta años a la partitocracia y las ideologías del consenso demuestran una capacidad analítica rigurosa y una lucidez casi visionaria.

Para su exposición seguiremos, fundamentalmente, la síntesis de su pensamiento que hace Pedro Carlos González Cuevas en Las otras derechas en la España actual.

En 1976, Fernández de la Mora publicó su libro La partitocracia. En él sostenía que la democracia liberal conducía necesariamente a la partitocracia, un régimen que anula la división de poderes, el diálogo parlamentario, la autodeterminación de los electores e incluso el gobierno de la mayoría.

En El crepúsculo de las ideologías (1965), Fernández de la Mora analiza el pensamiento de quienes dicen rechazar las ideologías y descubre que, en el fondo, se trata de una simple excusa para justificar la tecnocracia. Tras la victoria socialista en 1982, se publicó la séptima edición de El crepúsculo de las ideologías. En ella el autor mantenía que el cambio político ocurrido en España no había invalidado su tesis. Y es que, a su juicio, tras un período de superficial politización e ideologización de la sociedad española, las aguas volvían a su cauce.

En su opinión, la drástica reducción del espectro político a la opción liberal y socialista; el consenso dominante, sólo posible «cuando la materia pactada se ha objetivado y desideologizado»; la «moderación» en la práctica política cotidiana y en los programas de los partidos; la desideologización de la clase política en pleno; y, sobre todo, la actitud del grueso de la población, que, después de un efímero periodo de hiperpolitización, se había sentido desencantado con respecto al régimen político y sus dirigentes; todo ello demostraba que «el hecho universal del crepúsculo de las ideologías ha vuelto a iniciarse entre nosotros»

Fernández de la Mora también fue muy crítico con la forma en que se estaba produciendo la Transición. En su opinión, la reforma política se hizo «desde arriba» y fue una operación de «cambio otorgado», que se debió a la voluntad del Rey y de Suárez, cuya motivación no eran depositar el poder de decisión en el pueblo, sino «satisfacer a una parte de la clase política, la que no estaba integrada dentro del Estado vigente». Y, a partir de ese diagnóstico, denunciaba sus consecuencias: destrucción de la derecha por el centro, los errores de la Constitución, la desvertebración universitaria, la inseguridad ciudadana, la anemia espiritual y la desnacionalización.

Como vemos, Fernández de la Mora supo anticipar, desde sus orígenes y con una clarividencia pasmosa, un proceso político que iba a desembocar en el desfondamiento moral de la sociedad, en la claudicación de los valores de derecha, en la convergencia ideológica de liberales y socialistas (hoy PPSOE), en el sometimiento de las instituciones representativas a los partidos políticos y en el advenimiento de una nueva clase política preocupada principalmente en el mantenimiento de sus propios privilegios (lo que hoy conocemos popularmente como “la Casta”).

Con sus luces y sus sombras, el pensamiento conservador (heterodoxo) de Fernández de la Mora bien merece una segunda lectura. Muchos de sus planteamientos permiten articular una crítica al actual régimen institucional desde una perspectiva plenamente democrática y de derecha.

Ya va siendo hora de que la actual generación de jóvenes regeneracionistas supere los estigmas, los complejos y las leyendas negras y se reconcilie con el legado intelectual de unos patriotas que en los años ochenta decidieron preservar el pensamiento crítico y no entregarse a la carrera por el reparto de sillas, ministerios y prebendas comerciales.

Si te ha gustado, comparte

Deja un comentario