DETROIT: ESPERANZA MÁS ALLÁ DEL MOTOR

Obama en el discurso de su segunda investidura dijo:

nuestro recorrido no estará completo hasta que todos nuestros hijos, desde las calles de Detroit hasta las colinas de los Apalaches y los senderos tranquilos de Newtown, sepan que se les cuida y que se les atesora y que siempre estarán a salvo

Newton es el pueblo donde se cometió la última gran matanza americana. La alusión a los Apalaches es un guiño conciliador a una zona del país poco receptiva al discurso de Obama. ¿Y Detroit? ¿Qué significa la alusión a Detroit?

Detroit es todavía hoy conocida como Motor Town o la ciudad de los motores. Vivió su época dorada durante la expansión económica e industrial desde principios del siglo XX. Es la cuna de los grandes fabricantes de automóviles americanos: General Motors, Ford y Chrysler. Además, Detroit puso la banda sonora a los cambios sociales de los sesenta a través de los grandes artistas del sello Motown (Marvin Gaye, Stevie Wonder, Diana Ross & The Supremes, The Jackson 5). No obstante, la ciudad inició una decadencia imparable a partir de la crisis del petróleo de 1973, paralelo al declive de la industria automovilística. El aumento del precio de los carburantes favoreció la compra de coches compactos europeos y japoneses (que consumían mucho menos), en perjuicio de los grandes modelos estadounidenses. Esta situación de depresión económica coincidió con la llegada de la heroína y el crack a la ciudad, que hicieron estragos en una juventud sin horizontes. La caída de Detroit tiene un gran simbolismo en el imaginario estadounidense. En la conciencia social la prosperidad del país está subliminalmente asociada a la prosperidad de la industria automotriz. De ahí la célebre frase de Charles Wilson, presidente de GM en los cincuenta:

Lo que es bueno para General Motors es bueno para Estados Unidos

Actualmente Detroit es una ciudad sin autoestima y racialmente dividida. La alta conflictividad social y el éxodo de empresas hizo que los blancos abandonaran el centro y se trasladaran a los barrios residenciales de la periferia. El paro es una epidemia y el centro de la urbe parece un escenario post-apocalíptico: existen más de 33.000 solares y edificios abandonados o destrozados por vándalos.

 

Brotes verdes

Pero no todo está perdido en Detroit. En los últimos años, una ola de esperanza recorre las calles de la ciudad. Los solares, edificios y antiguas fábricas abandonadas se están convirtiendo en huertos urbanos. Decenas y cientos de huertos. En pleno centro de la ciudad. La tendencia se inició de forma esporádica, debido a la imposibilidad de muchos habitantes de acceder a la compra de comida. Los hijos y nietos de los antiguos trabajadores del automóvil están labrando la tierra con sus propias manos.

Algunas fundaciones y proyectos locales como The Greening of Detroit, Detroit Eastern Market, Earthworks Urban Farm, Urban Farming están haciendo una revolución silenciosa. Aplican ideas de la permacultura, las comunidades en transición y la tecnología adecuada a las calles de la Ciudad de los Motores. Los habitantes de Detroit no quieren perder sus raíces ni el lugar en el que se criaron. En medio de la desesperación se está abriendo paso un rayo de optimismo. Y es un optimismo contagioso. En las tertulias de la calle, en los grupos de ayuda, en los talleres de agricultura urbana se puede sentir el deseo de la gente de permanecer en su ciudad, refundarla y verla florecer de nuevo.

El mundo empresarial también ha vuelto sus ojos hacia Detroit y existen diversos proyectos en marcha para instalar en ella nuevas industrias limpias como vehículos eléctricos, baterías y paneles solares. Detroit es ya un ejemplo de que es posible la rehumanización de las ciudades y de la técnica. Actualmente es un modelo de agricultura urbana a pequeña escala y en el futuro puede convertirse en punta de lanza del movimiento ecológico.

Los burguesitos airados de mayo del 68 gritaban que “debajo el asfalto está la tierra”. Los residentes de Detroit están haciendo realidad esta consigna. Ellos están haciendo que nazcan brotes verdes entre las ruinas del capitalismo salvaje.

 

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