Desmontando Ikea: #LaOtraFiscalidad

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Ikea y Juncker: Montaje para eludir impuestos serie Luxembörg

Este año nuestros amigos de Ikea han lanzado la campaña #LaOtraNavidad en la que reivindican una navidad diferente y menos materialista. En el anuncio dos mujeres mayores cargadas con bolsas llenas de paquetes preguntan a un niño que juega en la calle qué regalos ha recibido. Cuando el niño les enseña un molde para hacer galletas, ellas le miran con pena, mientras él se imagina lo bien que lo va a pasar cocinando con sus padres. El anuncio termina con el lema “La navidad nos desamuebla la cabeza. Nada como el hogar para volvérnosla a amueblar”. Todo muy casero, muy familiar y muy chupi.

 

 

Sé lo que hicisteis

Resulta cínico que el beneficiario de esa campaña “anticonsumista” sea una multinacional que ha gastado millones en publicidad precisamente para fomentar el consumo en temporada alta.

También resulta cínico que hasta ayer mismo la propia Ikea tenía desamueblada la cabeza. La campaña Tengo derecho a mi fiesta fue una verdadera celebración del consumismo. Otra campaña, Ikea Terapia, llegó a ser finalista de los Premios Sombra 2013 (organizados por Ecologistas en Acción) en la categoría ME LO LLEVO. En esta categoría compiten los anuncios que destacan por la transmisión de los valores más consumistas. Precisamente, en esta campaña se mostraba el consumo como una vía para superar estados de ánimo bajos. La terapia #6 de Ikea se centraba específicamente en fomentar el frenesí navideño. Vean, vean:


 

Los mercaderes tienen derecho a su fiesta

Sin embargo, la verdadera hipocresía corporativa no está en vender consumismo con un discurso anticonsumista (vean aquí el de la Coca-Cola). Lo peor de #LaOtraNavidad es que llega apenas dos meses después de que estallara el caso Luxleaks.

Una investigación de 40 medios internacionales ha demostrado que más de 300 empresas multinacionales firmaron en el periodo 2002-2010 acuerdos fiscales secretos con el Gobierno de Luxemburgo, cuyo primer ministro era Jean-Claude Juncker. Entre las firmas que evadieron impuestos de esta manera se cuentan Ikea, Apple, Amazon, Ikea, Burberry, Procter & Gamble, Heinz, Pepsi, JP Morgan o Deutsche Bank.

El informe revela cómo las grandes empresas “se apoyaban en Luxemburgo y en sus leyes fiscales flexibles, pero también en las deficiencias de la reglamentación internacional para transferir” a ese país “sus beneficios a fin de que no fueran objeto de impuestos, o al menos muy débilmente”, es decir, con tipos inferiores al 2%.

Así, Luxemburgo, que tiene la renta per cápita más alta del planeta, ayudó a Ikea y otras multinacionales a ahorrarse millones de euros en impuestos.

Bienvenidos a la República Independiente de la Casta

La investigación revela que, bajo el mandato de Juncker, Luxemburgo firmaba sistemáticamente acuerdos privados con multinacionales para que estas pagaran menos impuestos por los beneficios obtenidos en otros países de la UE. El tamaño de la elusión fiscal ha sido de tal calibre que la comisaria danesa Vestager ha reconocido que “algunos Estados miembros funcionan como una especie de nexo para una planificación fiscal relativamente agresiva para algunas compañías”.

Tras las últimas elecciones europeas, Jean-Claude Juncker fue nombrado nuevo presidente de la Comisión Europea con los votos de los populares y los socialistas. Después de que estallara el escándalo fiscal, el PPSOE europeo ha blindado a Juncker, que ahora tiene el cuajo de prometer “mano dura” contra este tipo de prácticas.

El escándalo Luxleaks demuestra que la construcción de la Unión Europea se está realizando con cargo a los impuestos de los europeos, mientras las grandes multinacionales se benefician de montajes de ingeniería fiscal por los que tributan menos del 2%.

Esto significa que mientras papá y mamá pagan en España un IVA del 21% sobre el previo de venta de los productos navideños, Ikea y las otras multinacionales pagarán menos del 2% sobre sus beneficios finales. Por eso, #LaOtraNavidad no es casera, ni familiar, ni chupi.

Eso sí, la propaganda de Juncker y los eurócratas seguirá invariable. Los euroescépticos, los antieuropeos no son los mercaderes apátridas ni los piratas fiscales, sino nosotros. Los que queremos más transparencia y control democrático en la construcción de Europa, los que queremos que el centro de decisiones esté lo más cerca posible del ciudadano para respetar el principio de subsidiariedad, los que queremos que el proyecto europeo tenga a las personas y los pueblos en el centro. Los que vemos Europa como un hogar, no como una esquina de un mercado global.

La eurocracia nos desamuebla Europa. Nada como las raíces para volvérnosla a amueblar.

Ikea y la Europa de los mercaderes, un modelo a desmontar.

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