Descontentos de Derecha: la otra indignación

Indignados

La indignación no es monopolio de la izquierda

El término “indignado” se ha popularizado y se utiliza habitualmente para referirse al ciudadano que ha pasado del sofá a la acción como consecuencia de su hartazgo de la situación política y social. Viene del libro “Indignaos”, de Stéphane  Hessel. En la calle el término “indignado” tuvo un primer momento en que parecía que podía englobar un estado anímico de malestar social que tuviera un alcance amplio o transversal. Sin embargo, nos guste o no, a la larga ha acabado siendo apropiado casi en exclusiva por la izquierda alternativa. En las asambleas del 15-M se llegó a votar si podía haber “indignados de derecha” y se concluyó por votación que no. Todo muy “democrático”, muy “participativo”, muy “ciudadano” y tal. Pero el viejo tic totalitario de la izquierda surgía para expulsar a un amplio sector social de ese clima generalizado de desencanto.

El 15-M parafraseaba al mayo del 68 francés y repetía aquello de que “nuestros sueños no caben en las urnas”. Luego sus urnas mostraron que la derecha no cabía en sus sueños. Ante este paisaje: ¿qué deben hacer esas personas ‘de derechas’ que se sienten indignadas?

Desde La Casa en el Árbol proponemos rescatar el término “descontentos”, al más puro estilo de Edmund Burke. En su obra Revolución y descontento, el padre del pensamiento conservador reflexionaba sobre las causas del malestar político de su época.

Actualmente hay serios motivos para el descontento en las derechas (entendidas en su sentido más amplio). Corrupción política, partitocracia, injerencias exteriores en nuestra política interior, clientelismo político y sindical, indultos endogámicos, puertas giratorias entre el sector público y el privado, decadencia de las élites, abuso bancario, fraude de las preferentes, saqueo y rescate de las Cajas, cártel energético, expolio de las clases medias, elusión fiscal y evasión fiscal de las grandes fortunas, despilfarro público, desmantelamiento del sistema de salud, gigantismo administrativo, hachazo a las pensiones, desahucios de familias, hambre infantil, deslocalizaciones, acoso al pequeño comercio, deterioro de las relaciones laborales, paro crónico, especulación inmobiliaria, dificultad de acceso a la vivienda, juventud sin futuro, dilución de nuestra soberanía, sustitución del patriotismo por la “marca España”, auge del separatismo y de la extrema izquierda, anticlericalismo, penetración del islam político, desfondamiento ideológico de la derecha mercantil, claudicación ante ETA, derogación de la doctrina Parot, abandono de las víctimas del terrorismo, presencia de Bildu en las instituciones, asalto a la familia, blindaje del aborto, relativización de los valores, ideologización de la educación, tiranía de la ideología de género, incivismo en los barrios, degradación de la ética empresarial, pérdida de la identidad local, mercantilización de la cultura, mercantilización del deporte, abandono del campo. Y un largo etcétera.

Podemos ha hecho sonar el cuerno del valle y están acudiendo a su llamada los indignados desde todas las periferias de la izquierda.

La pregunta es: ¿quién levantará la bandera de la Derecha social para atraer a los descontentos?

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