Derecha y banca, ¿una relación tóxica?

capitalism pez grande come chico

Hay otra Derecha que desbanca.

En España hace tiempo que la derecha está perpleja y en retirada. Es víctima de sus propias contradicciones, de sus malas compañías y de un discurso mercantilista que le aleja cada vez más de la sociedad. Un ejemplo muy claro es la relación tóxica de la derecha con la banca. El PP siempre que puede se rodea de banqueros, ya sea en el ministerio de Economía, en sus cursos de verano, en el pomposo Comité Empresarial para la Competitividad o en los platós de sus televisiones satélites. Creo que se debe a ese paletismo tan derechas que parece que sentar a un banquero a la mesa da reputación, honorabilidad y clase. Y, ya puestos, a la derechita Pocoyó también le gusta legislar para los mercados: destaca habitualmente cómo tal reforma va a tranquilizar a las bolsas y cómo tal iniciativa va a gustar a los inversores extranjeros. Para que se note que, a diferencia de la izquierda populista y manirrota, ellos sí entienden cómo funciona la economía.

La banca, culpable.

Sin embargo, la sociedad va por otro lado. Los españoles culpan claramente a los bancos de la crisis. Un Barómetro del CIS identificaba a la banca como el principal responsable de la crisis. Sobre una escala del 1 al 10, los bancos recibían una puntuación altísima del 8,68 (muy por encima del gobierno español: 7,60). Desglosados los datos, el estudio muestra que esta acusación se produce casi por unanimidad, sin importar la edad, el sexo o la formación. La culpabilidad de la banca recibe una puntuación del 8,78 en las personas sin estudios y del 8,51 en la población universitaria. Del 9 en las personas que se consideran muy de izquierdas y del 8,40 entre los que se consideran muy de derechas.

Razones para la indignación parece que no faltan. Financiación por parte de cajas y bancos de la burbuja inmobiliaria. Estafa a medio millón de familias con las preferentes. Expulsiones mediante desahucio de decenas de miles de familias de sus viviendas. Vampirización de las clases medias a través de las cláusulas suelo en las hipotecas. Vampirización de las pymes por medio de coberturas de tipos de interés (swaps). Congelación del crédito a pymes. Rescate de las cajas de ahorro por valor de 40.000 millones de euros y ayudas encubiertas a los bancos por medio de crédito europeo y activos fiscales diferidos. Y todo ello bien aderezado con permanentes escándalos de corrupción, prácticas directivas deshonestas y unas remuneraciones indecentes.

Un informe reciente del Banco de España revela que las quejas de los clientes bancarios “han adquirido un carácter estructural”. Si algo ha demostrado la actual crisis es que los intereses de las clases medias y de los bancos son, en buena medida, opuestos. Las familias, las pymes y los contribuyentes han sido expoliados. Mientras tanto, entre 2013 y 2014, Banco Santander ha pagado de media un tipo efectivo del 7% de su beneficio en España, muy por debajo del tipo oficial del 30% para el impuesto de sociedades.

Estas son las grandezas de la Marca España. Como dijo Chesterton en su día “la propiedad privada debería estar protegida contra cosas mucho mayores que ladrones y carteristas. Necesita protección contra las conspiraciones de toda una plutocracia”.

Una oportunidad en clave social y nacional.

Algunos analistas atribuyen a la sensación general de impunidad de la banca la irrupción de Ada Colau o Manuela Carmena. El castigo a los principales responsables de la crisis no parece que vaya a venir de la mano de los partidos del establishment. Puede que ello explique por qué Ada Colau ha tenido resultados sorprendentes en los barrios de clase media de Barcelona (Eixample 25%, Gracia 13%, Les Corts 6%) e incluso haya entrado en Sarrià-Sant Gervasi con un 7,4% (el PP obtuvo un 8,7%).

En el resto de Europa han surgido otras derechas muy diversas pero que comparten dos rasgos distintivos: un firme compromiso social y un claro posicionamiento nacional. Esta otra Derecha está arraigando entre los jóvenes y en los barrios de trabajadores. Sin embargo, en España es la izquierda radical quien logra penetrar en los feudos históricos de la derecha. Algo se estará haciendo mal.

En nuestra modesta opinión, las (por el momento) pequeñas formaciones emergentes con cultura de Derecha no parece que hayan tomado bien el pulso al sentimiento de descontento de su público natural. La responsabilidad de la banca y la solidaridad con los afectados está ausente en sus discursos. No parece buena estrategia política pasar de puntillas sobre lo que los españoles consideran la principal causa de la crisis. Y no tiene sentido denunciar con vehemencia la amenaza potencial que supone para la clase media el auge de los criptocomunistas y silenciar los abusos de quienes ya han comprometido gravemente su bienestar. Parece sesgado. O, peor aún, colaboracionista.

En un contexto de injusticia, un verdadero conservador protege al débil, defiende la cohesión social, el arraigo de una familia a su hogar y la propiedad privada (la empresa familiar y los ahorros de toda la vida). Un verdadero conservador ve tremendamente injusto que cuando una entidad no pueda pagar se la rescate y que cuando una familia no puede pagar se le expulse de casa.

El rechazo palpable al modelo económico y social del Partido Popular, que ha privilegiado los intereses de la banca a costa del sacrificio de ahorradores, contribuyentes y familias ofrece a las formaciones alternativas un punto de fractura para levantar un nuevo discurso patriótico y social. Un nuevo relato de la crisis que no escurra la responsabilidad de la banca, que se posicione claramente del lado de la gente y que aspire a evitar que se cierre este ciclo económico sin haber hecho reformas legislativas y una purga en profundidad. Alejado del populismo y cargado de razones y de cordura. Un relato que dé voz al descontento del hombre común.

No olvidemos que en Europa hay otra Derecha que desbanca.

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