DEFENSA DE LA HISPANIDAD, de R. de MAEZTU (2 de 3)

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“La misión histórica de los pueblos hispánicos consiste en enseñar a todos los hombres de la tierra que si quieren pueden salvarse, y que su elevación no depende sino de su fe y su voluntad”

El mensaje de la Hispanidad

Maeztu señala que hay tres posibles sentidos del hombre. El primero es el de aquellos que se consideran buenos por algún tipo de providencia. Buenos y superiores por nacimiento. Se atribuyen misiones exclusivas y exclusivos privilegios en el mundo. A lo largo de su obra Maeztu habla de la Francia de Juana de Arco, de los Estados Unidos de Hoover y del Islam. El vitoriano destaca que nosotros, ni siquiera en nuestros mejores tiempos, nos consideramos superiores:

Los españoles no nos hemos creído nunca un pueblo superior. Nuestro ideal ha sido siempre trascendente a nosotros. Lo que hemos creído superior es nuestro credo en la igualdad esencial de los hombres”.

La segunda visión del hombre es aquella que dice que no hay ni buenos ni malos porque no existe una moral objetiva.  Entienden que lo bueno para el burgués es malo para el obrero y por eso debe nivelarse todo, suprimirse las diferencias de clases y fronteras para que sean iguales todos los hombres. Es la posición igualitaria y universalista, pero desvalorizadora, propia de la Rusia comunista. En esta visión, edificarse, construirse a sí mismo, comportarse rectamente, superarse, deja de tener valor desde el momento en que no hacerlo es igual de válido.

Por último encontramos el sentido del hombre de los pueblos hispánicos. Según esta visión todos los hombres pueden ser buenos y para ello no necesitan sino creer en el bien y realizarlo. Esta fue la idea española del siglo XVI. La que difundimos en América, Asia y África como nuestro mejor tesoro. La que nuestros pueblos hermanos acogieron como propia. La idea que proclamamos en el concilio de Trento, frente a quienes decían que la salvación  depende de las solas fuerzas del hombre y frente a quienes decían que el hombre está predestinado y que su salvación solo depende de Dios. Esta es la idea que defendimos a capa y espada por toda Europa frente a la reforma protestante. De esta forma, Maeztu concluye lo siguiente:

La misión histórica de los pueblos hispánicos consiste en enseñar a todos los hombres de la tierra que si quieren pueden salvarse, y que su elevación no depende sino de su fe y su voluntad”.

Superando visiones supremacistas o elitistas, pero también concepciones igualitaristas y niveladoras, la esencia de la visión hispánica consiste en que todo hombre es capaz de lo mejor y de lo peor. Y que actuar de una forma o de otra depende de su fe y de su voluntad. Tanto en el campo espiritual como en el material.

“Esta creencia es el tesoro que llevan al mundo los pueblos hispánicos”. No los españoles. Todos los pueblos hispánicos. Pero “el mundo no creerá el valor de nuestro tesoro si no lo demostramos con nuestras obras”.

Es una forma elegante de decir eso de que “obras son amores y no buenas razones”. A veces da la sensación de que a nuestro sector le sobra espíritu crítico y ganas de dar lecciones y le falta activismo y ganas de remangarse. Pues eso, manos a la obra.

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