DEFENSA DE LA HISPANIDAD, de R. de MAEZTU (1 de 3)

tres goletas

Que la amenaza separatista no nos haga olvidar que el 12-O celebramos la unión de dos mundos.

Postal de Ramiro de Maeztu

Ramiro de Maeztu nació en Vitoria en 1875. De padre de origen navarro y madre inglesa, fue un hombre de viajes y de mundo. París. La Habana. Londres. Buenos Aires. Su actividad periodística y diplomática le permitió moverse en los círculos cosmopolitas de la época. Tuvo una evolución intelectual muy interesante que le llevó de un radicalismo de izquierdas y anticlerical a una admiración por el liberalismo británico y finalmente a abrazar el tradicionalismo y defenderlo apasionadamente desde las páginas de Acción Española.

En su estancia como embajador en Argentina conoció al sacerdote Zacarías de Vizcarra, a quien se atribuye la creación de la idea de la “hispanidad” (que propuso como sustituto del término “raza” que venía utilizándose). Maeztu asumió esta visión y pasó a ser su principal abanderado y difusor. Hoy el 12 de octubre es el Día de la Hispanidad, y no el Día de la Raza.

En Defensa de la Hispanidad (1934) Maeztu recopila y da coherencia a varios de sus artículos anteriores. El pensador vasco defiende la hispanidad como concepto histórico y cultural. Maeztu pertenece a la Generación del 98, muy marcada por la idea de decadencia de España. A diferencia de otros intelectuales de su tiempo, Maeztu comprendió en un determinado momento de su vida que para que un movimiento de regeneración de un pueblo sea fructífero debe hundir sus raíces en su propia tradición. Influenciado por Menéndez Pelayo, Maeztu sostiene que donde no se conserva la herencia de lo pasado no puede surgir un pensamiento original y duradero.

Maeztu fue asesinado el 29 de octubre de 1936 junto con Ramiro Ledesma Ramos por milicianos del Frente Popular. Tiempo antes había presagiado la inevitable guerra fratricida en España y su propia muerte violenta. Eso no le hizo callar ni buscar refugio más allá de nuestras fronteras. Defendió sus ideales hasta el último día. Maeztu murió para que su causa pudiera seguir viva.

Maeztu afirma en su obra que la Hispanidad fue “una obra incomparable”. Nosotros afirmamos que Defensa de la Hispanidad es otra obra incomparable.

Hispanidad como comunidad de pueblos

En sus viajes por el mundo Maeztu constata que existe un sentimiento que hermana a los pueblos de España con los pueblos de América, Asia y África en los que España estuvo presente. Es un sentimiento que también se extiende a Portugal y Brasil. Descubre que una agresión de Estados Unidos a un país de Iberoamérica daña el patriotismo de la nación agredida pero también el de las naciones vecinas.

Maeztu reflexiona sobre cuál es el verdadero vínculo que hermana a pueblos tan diversos. Rechaza las ideas de unidad territorial y racial propia de otras culturas europeas. Entiende que el fundamento de la hispanidad no puede ser la unidad geográfica (tan heterogénea, desde los calores del Caribe a los fríos de la Patagonia, desde las llanuras de la Sabana a las alturas de los Andes), ni la étnica (aztecas, mayas, incas, araucanos, españoles, portugueses…). Maeztu concluye que el vínculo está basado en unos valores compartidos. Unos valores que conforman una cultura diferenciada, por ejemplo, de la anglosajona o del islam. Maeztu enfatiza el catolicismo, la monarquía y la igualdad racial desde una concepción trascendente.

banderas hispanidad

El pensador vasco proclama las bondades del imperio hispano frente a las potencias del resto de Europa, que acudieron a América, África y Asia con ánimo explotador y actitud racista. A diferencia de la nuestra, otras naciones se creyeron intrínsecamente superiores por ser temporalmente más poderosas. El intercambio étnico y cultural del mundo hispano, desde luego, no se ha reproducido en otros imperios. Como concepto central, el vitoriano habla de las distintas actitudes frente a la idea de igualdad, y explica que mientras que otras naciones cristianas y laicas han creído en el dogma de la igualdad de cuerpos, España ha defendido la igualdad de almas:

Todos los hombres pueden salvarse; todos pueden perderse. Por eso son hermanos: hermanos de incertidumbre respecto a su destino, náufragos en la misma lancha, sin saber si serán recogidos y llegarán a puerto (…) Pero todos pueden salvarse o perderse. Por eso son hermanos y deben tratarse como hermanos (…)”

La hispanidad se sustenta en la pluralidad de sus pueblos y naciones y en la diversidad cultural por encima de preceptos homogeneizadores. La hispanidad no puede reducirse a criterios simplistas para apelar a su unidad. De modo que frente a la unidad, propone la idea de comunidad. Esta es la idea que puede inspirar un nuevo despertar de los pueblos hispanos en un momento en que hemos dado la espalda a nuestra forma de ser:

Entonces percibimos el espíritu de la Hispanidad como una luz de lo alto. Desunidos, dispersos, nos damos cuenta de que la unidad no ha sido, ni puede ser, lazo de unión. Los pueblos no se unen en la libertad, sino en la comunidad. Nuestra comunidad no es racial, ni geográfica, sino espiritual. Es en el espíritu donde hallamos al mismo tiempo la comunidad y el ideal. Y es la Historia quien nos lo descubre. En cierto sentido está sobre la Historia porque es el catolicismo”.

Maeztu se sumerge en los hechos que conforman nuestro pasado común para descubrir en él la Tradición, que dota de sentido y finalidad el devenir hispano. El autor defiende el valor de la monarquía hispana, a la que atribuye la cualidad fundamental de ser católica y, por lo tanto, misionera. El pensador vasco rechaza la idea de que España acudió a las indias con otra intención que no fuera la de la evangelización. De hecho, sostiene que la misión de España nunca fue el enriquecimiento sino la lucha por la verdad y la trascendencia. Por eso impulsó y financió la Contrareforma frente al protestantismo, muy costosa en términos económicos y de vidas humanas. Aunque evidentemente reconoce que se produjeron abusos por parte de los españoles en América, recalca lo siguiente:

se prohibió la esclavitud, se proclamó la libertad de los indios, se les prohibió hacerse la guerra, se les brindó la amistad de los españoles, se reglamentó el régimen de encomienda para castigar los abusos de los encomenderos, se estatuyó la instrucción y adoctrinamiento de los indios como principal fin e intento de los reyes de España, se prescribió que las conversiones se hiciesen voluntariamente y se transformó la conquista de América en difusión del espíritu cristiano”.

Tras elogiar esta actitud misionera que emana de la monarquía y que impregna a todo el pueblo, Maeztu reconoce que la cosmovisión que hizo grande a España está en crisis, y advierte que toda esa energía misionera tiene que dedicarse ahora a reconquistar a las gentes de nuestras tierras.

Podemos afirmar que Maeztu anticipó en casi un siglo el actual proyecto de la segunda evangelización de Europa.

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