CRECIMIENTO SOSTENIBLE, QUIMERA INSOSTENIBLE (2 de 3)

Decrecimiento

Algo raro pasa en Europa cuando el “desarrollo sostenible” lo abandera la industria más contaminante.

El “desarrollo sostenible” para la industria

Resulta sospechoso que quienes abanderan hoy la idea del “crecimiento sostenible”, asociada al respeto del planeta, sean precisamente las industrias más contaminantes. Esta pose es tan falsa como el hecho de que ahora los anuncios de televisión de las empresas petroleras parezcan campañas de Greenpeace.

En la concepción liberal clásica, el crecimiento es fundamental para la economía. El crecimiento se caracteriza por el aumento de los ingresos totales y por el aumento constante de la producción y el consumo. Todo ello, implica un aumento correlativo de los beneficios que, a fin de cuentas, es el principal (y casi único) objetivo de cualquier empresa en este modelo económico. En la brutal crisis económica que vivimos uno de los mantras de los magos de la tribu es que hay que “volver a la senda del crecimiento”. De forma artera se asocia el crecimiento con la generación de empleo cuando, precisamente, la economía de casino imperante tiende a la obtención de beneficios (y crecimiento del PIB) mediante la desindustrialización, la externalización de procesos al “tercer mundo” y la híper-tecnificación que sustituye personas por máquinas. Es decir, la maximización de los beneficios mediante el abaratamiento de los costes de producción, sin importar los costes sociales que se generen por el camino. Un sistema económico en el que su prioridad es la cuenta de resultados y no el servicio a la comunidad.

Michel de Fabiani, presidente de BP France, declaró el 11 de octubre de 2001, en el marco del 4º Encuentro Parlamentario sobre la Energía lo siguiente:

“el desarrollo sostenible consiste, ante todo, en producir más energía, más petróleo, más gas, quizás más carbón y más energía nuclear, y desde luego, más energías renovables. Al mismo tiempo, debemos asegurarnos que todo esto no se haga en detrimento del medio ambiente” (sic).

¿Es Fabiani un cínico o un inconsciente? Da igual. Lo importante es que se trata de un representante destacado del mundo empresarial y puede verse claramente que su discurso es insostenible. Europa ha dejado de creer en el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, pero las nuevas élites han conseguido que interioricemos el dogma de fe de que es posible un crecimiento infinito en un mundo finito. Las élites dominantes han conseguido colonizar el imaginario colectivo.

Al situarse la industria contaminante y los gurús del beneficio en la vanguardia del movimiento del “desarrollo sostenible” lo que consiguen es poner el énfasis en la sostenibilidad y evitar que se cuestione la premisa mayor: ¿es realmente posible un crecimiento perpetuo y sostenido? De esta forma, el movimiento, tal y como está enfocado y dirigido actualmente en el “primer mundo”, parece que sirve más bien para mantener el rumbo irracional de la economía y para evitar que nada cambie de verdad. Cuestión distinta son algunos proyectos de desarrollo de economías rurales que se están llevando a cabo en Hispanoamérica y África, donde sí se está alcanzando un equilibrio de utilización respetuosa de recursos naturales para satisfacer las verdaderas necesidades de la comunidad.

El discurso del (futuro) Rey

En España no permanecemos ajenos a esta mercadotecnia de charlatanería sofisticada. El pasado 6 de mayo de 2013 los principales periódicos recogían el titular de que “El Príncipe apuesta por un modelo de crecimiento respetuoso con el planeta”.

La apuesta (sic) se hizo en la inauguración del “II Foro Global de Sostenibilidad”, organizado por Ernst & Young y la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB). A él asistieron también Luis de Guindos, ministro de economía y ex presidente de Lehman Brothers España; Ana Botella, alcaldesa de Madrid y mujer del presidente de gobierno que acabo de subir a España al carro neoliberal y Juan Costa, responsable de Cambio Climático y Sostenibilidad (sic) de Ernst & Young. Vemos que el discurso del Príncipe se hizo ante una muestra representativa de la élite política y financiera. Ante esta pandilla, que son de los pocos beneficiarios del estado actual del mundo, ¿alguien se cree que el discurso iba a implicar de verdad un cambio exigente o drástico en el rumbo de la economía? Obviamente, no. Analicemos el discurso que escribieron para el heredero de la Casa Real:

  • Don Felipe señaló que “el Planeta no nos pertenece, somos sus moradores durante un tiempo, más bien pertenece a las futuras generaciones de la humanidad y para ellas debemos ser sus custodios, responsables y respetuosos”. Hasta aquí bien. Una frase de cara a la galería, políticamente correcta y que consigue dar un tono ecologista elevado sin asumir ningún compromiso en la práctica.
  • En opinión del Príncipe, para asegurar este desarrollo “sostenible y equilibrado” hace falta un modelo que aproveche adecuadamente los recursos, ya que, advirtió, “está en nuestras manos encontrar patrones productivos que contribuyan a favorecer la mayor creación de empleo a partir del mejor aprovechamiento del capital humano”. Decir que “está en nuestras manos” encontrar patrones productivos que generen más empleo cuando desde la revolución industrial la receta liberal intenta aumentar la producción reduciendo el personal es un acto de fe ciega en el Progreso. La referencia a los trabajadores como “aprovechamiento del capital humano” denota que quien le ha escrito el discurso tiene una concepción economicista y utilitarista de la persona
  • El Príncipe explicó que la incorporación de las nuevas tecnologías, la inversión en conocimiento y la búsqueda de campos de expansión permitirá “fomentar más trabajo, mayor productividad, y que ambos sean más sostenibles”. ¿Cómo? El sistema económico dominante más bien parece que genera mayor productividad a la vez que agota las reservas naturales y crea un nivel de paro estructural difícil de eliminar. No es tan infumable como el discurso de Michel de Fabiani pero se le parece.
  • Porque, prosigue el Príncipe, considerar los “activos medioambientales nos permitirá valorar de manera mucho más certera los recursos con los que cuentan nuestros países” para preservarlos, sin olvidar que una mayor eficiencia energética y las tecnologías ecológicas pueden aumentar la competitividad y combatir el cambio climático. Nuevo brindis al sol. La verdadera cuestión es si esa sustitución de energías contaminantes por energías limpias podrá hacerse antes de que se termine el petróleo utilizable y si las energías limpias podrán mantener un estilo de vida asociado a un incremento perpetuo del consumo. Ahora mismo el estado de la ciencia no invita a ser optimistas. Considerar los recursos naturales como “activos medioambientales” denota una visión enfermiza y monetarista de la naturaleza. ¿Qué ponemos en el pasivo del balance, don Felipe?
  • Finalmente, el Príncipe manifestó que “juntos, cooperando, compartiendo nuestros mejores conocimientos y sensibilizándonos por el bienestar de las personas en cualquier lugar de nuestro planeta, podremos progresar hacia un mundo más sostenible y mejor para todos”. APLAUSOS. Ahora lo entendemos todo. Si resulta que, al final, el aprovechamiento del “capital humano” y los “activos medioambientales” pretende que todas las personas de la aldea global podamos caminar cogidos de las manitas hacia un futuro mejor en el horizonte del Progreso.

Éste es el broche final. Lágrimas en los ojos. Aquí es donde los oyentes se ponen en pie, redoblan los aplausos, comentan la gran visión de futuro y el compromiso medioambiental del futuro monarca y después miran el reloj para ver cuánto falta para poder ir a comer los canapés. Nadie ha reparado en que, seguramente, el departamento de “Sostenibilidad” de Ernst & Young no tenga mucho interés en “cooperar” ni compartir altruistamente sus “mejores conocimientos”. Los amos de la industria sonríen entre bambalinas. Ni una mención a la posibilidad de replantearnos nuestro estilo de vida ni una moderación del consumo.

A continuación entra en escena la secundaria cómica. La alcaldesa de Madrid, Ana Botella, toma la palabra y recuerda el compromiso de la ciudad con la sostenibilidad y advierte que a la hora de adoptar medidas anticrisis no se puede perder de vista el factor ambiental porque “resulta clave para recuperar el camino del crecimiento económico”. Aquí tenemos el mantra neoliberal que indica que la ceremonia ha terminado. Ite missa progre est. Por favor, que nadie pregunte por las partidas dedicadas al medio ambiente que habrá en los próximos presupuestos municipales. Tengamos la fiesta en paz.

Los aprendices de brujo de las finanzas saben que generar la apariencia de que los líderes están impulsando el cambio es la mejor manera de evitar que ciudadanos verdaderamente comprometidos se involucren en política para cuestionar el sistema desde sus cimientos.

 

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