CRECIMIENTO SOSTENIBLE, QUIMERA INSOSTENIBLE (1 de 3)

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El “crecimiento sostenible” es el mantra moderno. Pero ¿es posible un crecimiento infinito en un mundo finito?

El “desarrollo sostenible”

La idea del “desarrollo sostenible” o “crecimiento sostenible” se presentó en sociedad con el famoso informe Brundtland (“Nuestro futuro común”). No obstante, su verdadero impulso vino en 1992 con ocasión de la “Cumbre para la tierra” de Rio de Janeiro. El eje fundamental sobre el que se fundamenta toda la teoría es la búsqueda de un “modo de desarrollo que permita la satisfacción de las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las propias”. Este reto implica necesariamente, entre otros factores, la preservación del medio ambiente para evitar el agotamiento de los recursos naturales.

La teoría es muy bonita y todos la suscribiríamos con los ojos vendados. Los problemas surgen cuando intentamos llevarla a la práctica. La laguna de la teoría está en que no se ha llegado a fijar el concepto de necesidad actual ni necesidad futura. El Occidente moderno ha asumido un estilo de vida basado en la exacerbación del consumo que para mantenerlo exige cada vez mayores niveles de producción y, por tanto, de uso de energía y otros recursos naturales. Nuestras necesidades son cada vez mayores. Para perpetuar este estilo de vida Occidente se ve obligado a abrir nuevos mercados exteriores y, por tanto, a involucrar en el ciclo del consumo a sociedades que aún a día de hoy son tradicionales. El sueño de cualquier fabricante de automóviles de Estados Unidos o Europa es poder vender un coche a cada ciudadano chino. Una vez que lo consigan, la lógica del beneficio les impulsará a intentar venderle dos.

El estilo de vida que llevamos no conoce límites. En Europa, los residuos industriales son superiores a los 100 millones de toneladas por año, de los cuales sólo se logra reciclar un tercio. En Estados Unidos la cantidad de residuos vertidos y emitidos ha aumentado un 28% en el periodo 1975-1996. Se calcula que para 2020 los residuos domésticos se habrán duplicado. La ciencia ha diagnosticado en las sociedades “libres” un tipo de patología consistente en la adicción a las compras y al consumo. Las tendencias sólo se ven desaceleradas en épocas de recesión económica. Es decir, no se debe a una decisión libre de moderar el consumo, sino a la falta de liquidez para consumir. En nuestras sociedades “avanzadas” no existe un debate real sobre la urgencia de poner freno a esta espiral de sinrazón. En la famosa cumbre de Rio de 1992, George Bush padre, pronunció su famosa frase de que “nuestro estilo de vida no es negociable”. Esta afirmación resume realmente el pensamiento de toda la sociedad norteamericana. Obama en su discurso de investidura de 2008 dijo que “no pediremos perdón por nuestra forma de vida ni flaquearemos en su defensa”.

Sociedades petroinómanas

A día de hoy nuestro estilo de vida depende en gran medida del petróleo. El petróleo supone hoy el 40% del consumo mundial de energía. En el transporte supone el 95% del consumo de energía. En la actualidad se consume 85 millones de barriles por día contra los 77 millones de 2002. Desde las dos crisis petroleras de los años 70, la dependencia de los países industrializados con respecto a los combustibles fósiles ha ido aumentando de forma constante. La Unión Europea tiene hoy una dependencia de hidrocarburos del 50% y se espera que llegue al 70% en 2030.

Estados Unidos es el principal consumidor de petróleo. Entre 1995 y 2005 su consumo creció de los 17.700.000 de barriles diarios a 20.700.000 barriles diarios. Es decir, un incremento de 3.000.000 de barriles diarios. China dobló su consumo en el mismo periodo, con un incremento anual del 8%. Pasó de 3.400.000 barriles por día a 7.000.000 barriles. Es decir, creció en 3.600.000 barriles por día. A medida que países como China e India se desarrollan, su industria creciente y su nuevo estilo de vida exigen cada vez un mayor consumo de energía.

Desde 1980 se consumen en el mundo 4 barriles de petróleo por cada barril que se descubre. Aunque en la opinión pública prevalece la idea de que las reservas identificadas no solamente no decrecen sino aumentan, la realidad es otra: La mayoría del petróleo producido hoy en día proviene de campos petroleros descubiertos antes de la primera crisis de los petroprecios en 1973. Los descubrimientos de los últimos años en países como Méjico y Brasil no hacen sino retrasar lo inevitable. El hecho que incluso con tecnología de exploración significativamente mejorada (como técnicas sísmicas en tres dimensiones) se han encontrado pocos campos gigantes, nos hace dudar de la posibilidad de que se encuentren nuevos yacimientos significativos.

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Curva energética de la historia

En cualquier caso, en la medida en que el ritmo de consumo sea superior al de descubrimiento y extracción, esto sólo logrará retrasar unos años el agotamiento del petróleo. Lo que es seguro es que los yacimientos que existen en el planeta, muchos o pocos, son limitados y finitos. A este ritmo el hombre habrá consumido en algo más de un siglo reservas que la naturaleza ha tardado 300 millones de años en acumular.

It is pretty clear that there is not much chance of finding any significant quantity of new cheap oil. Any new or unconventional oil is going to be expensive.

— Lord Ron Oxburgh, ex presidente de Shell, octubre 2008

[Está bastante claro que no hay muchas opciones de encontrar cantidades significativas de petróleo barato. Cualquier petróleo nuevo o no convencional va a ser caro

Se denomina “peak oil” al punto en que se ha alcanzado el mayor índice de extracción de petróleo. A partir de ahí la producción de petróleo sólo puede descender. Las estimaciones optimistas fijan el “peak oil” después de 2020. Las previsiones pesimistas creen que el “peak oil” ya se ha producido o que ocurrirá en breve. Como puede verse, entre las estimaciones optimistas y las pesimistas apenas hay unos años de diferencia. Nadie discute la existencia de un punto de inflexión que marque la producción de petróleo, la controversia se limita al momento en que se produce.

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Los sacerdotes del Progreso cultivan nuestra esperanza en que, gracias a unas mayores inversiones, desarrollaremos fuentes alternativas de energía antes de que se produzca una crisis energética que obligue a replantear el estilo de vida en las sociedades dependientes del petróleo. Las energías renovables proceden del viento, el agua, las plantas y el sol. Actualmente representan un porcentaje pequeño de toda la energía consumida en el mundo. Aunque son prometedoras, resulta ingenuo pensar que puedan llegar a ser un sustitutivo perfecto para alcanzar los niveles de producción de energía barata que obtenemos actualmente del petróleo. Sobre todo si tenemos en cuenta que el sistema de vida occidental no es negociable, que exige un consumo de energía que crece exponencialmente y que se está exportando a Hispanoamérica y Asia a marchas forzadas.

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