CONSUMISMO Y VIDA SENCILLA

Bebé publicidad

El consumo es una herramienta de dominación en manos del Sistema. Mira a tu alrededor.

La burbuja del consumismo

Vivimos en una sociedad de consumo. El consumo se está ejerciendo como una herramienta más de dominación. Se trata de una tiranía más perversa que la de una dictadura porque cuenta con la colaboración entregada de la víctima. Las dictaduras controlan las libertades políticas de la población, pero no consiguen doblegar su espíritu. Por el contrario, el consumismo debilita la voluntad de la persona y rebaja la perspectiva vital de la sociedad. La senda que recorremos nos conduce a ser los sonrientes esclavos del consumo.

La producción masiva de bienes de consumo exige una venta también masiva. El capitalismo lleva a incentivar y maximizar el consumo por los siguientes medios:

   1) Publicidad: La publicidad crea necesidades absolutamente prescindibles. Móviles con prestaciones crecientes, fundas de móvil con cristales Swaroski, coches con cilindradas delirantes, un artículo de limpieza para cada rincón de la cocina. ¿Alguien recuerda productos tan innecesarios como el Tamagotchi o las Reebok Pump?

   2) Obsolescencia: Mediante la obsolescencia programada, las compañías fabrican bienes de consumo programados para fallar antes de que se agote su vida útil. Para la industria, este fraude estimula positivamente la demanda al obligar a los consumidores a comprar de modo artificialmente acelerado nuevos productos si desean seguir utilizándolos. La obsolescencia también se da en el mundo de la ropa, en el que las modas varían cada temporada según el dictado caprichoso del sector.

   3) Endeudamiento: Gastamos en consumo y ocio incluso con un dinero que no tenemos y que luego debemos devolver. Los fabricantes nos tientan con créditos atractivos que suponen un desembolso menor al inicio, pero que sumando los intereses de la financiación, acabamos pagando mucho más de su precio inicial.

Epicuro y vida sencilla

El consumismo nos está restando libertad. Nacemos, producimos y consumimos. Para mantener un nivel creciente de consumo debemos trabajar más horas y estar sujetos a mayor incertidumbre y frustración. El tiempo extra que dedicamos al trabajo debemos reducirlo proporcionalmente del tiempo dedicado a la familia, los amigos, la naturaleza y el cultivo del cuerpo, la mente y el espíritu. Esta dinámica conduce a un círculo vicioso.

La lógica capitalista lleva irremediablemente al crecimiento progresivo, que sólo puede ser alimentado por un mayor consumo. Y ello se obtiene (a) ampliando la base de consumidores mediante la apertura de nuevos mercados y (b) incrementando el nivel de consumo de quien ya es consumidor. La primera parte de la ecuación conduce a convertir en consumistas sociedades que no lo son (África, Asia, Hispanoamérica). La segunda parte lleva a azuzar el hambre por el consumo.

Mientras el consumo sea ostentoso y competitivo, seguiremos teniendo nuevas razones para trabajar de forma desmedida. Seguiremos renunciando a nuestro tiempo para obtener más dinero.

Llegados a este punto, conviene volver la mirada al pensamiento clásico. Epicuro ha pasado injustamente a la historia popular como el valedor de una filosofía hedonista basada en los placeres de la carne y el exceso. No obstante, el análisis de su pensamiento nos lleva a otra conclusión. Epicuro defendía una vida basada en el placer. Pero el placer que tenía en mente es muy distinto del hedonismo moderno. Para él los placeres del espíritu eran superiores a los del cuerpo y la felicidad sólo podía construirse sobre la base de la sobriedad, la serenidad y  el equilibrio. Aquí van algunas de sus máximas:

  • “Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco.”
  • “¿Quieres ser rico? Pues no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia.”
  • “El hombre que no se contenta con poco, no se contenta con nada”.
  • “El más grande fruto de la serenidad del alma es la justicia.”
  • “Las enfermedades duraderas proporcionan a la carne más placer que dolor.”
  • “Considera superior a aquel que guarda opiniones piadosas respecto a los dioses, se muestra tranquilo frente a la muerte, sabe qué es el bien.”

Las máximas epicúreas son una bomba en la línea de flotación de nuestro estilo de vida. Es el momento de detener la rueda. La revolución contra el mundo moderno y el capitalismo exacerbado empieza en casa. Redefinamos nuestras necesidades. Reciclemos nuestros hábitos.

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