CONSERVADORES ANTIDESAHUCIOS (1 de 2)

especulación inmobiliaria

¿Y si los más críticos con el abuso bancario fueran los conservadores?

Seguridad jurídica: para bancos… y familias.

El pasado viernes 19 de abril se aprobó, con la mayoría del Partido Popular, una reforma de la legislación hipotecaria que debía paliar el drama de los desahucios. El texto quedó finalmente en una cosa descafeinada y que no incluía la propuesta de regular la dación en pago retroactiva que solicitaba la iniciativa legislativa popular impulsada por la Plataforma Antidesahucios (PAH).

No obstante, la batalla no ha terminado. Existe un clamor popular que sigue sosteniendo que la situación social que se ha provocado es terriblemente injusta en la mayoría de los casos y que las consecuencias de la crisis se están descargando sobre las espaldas de los más débiles. Nos remueve la conciencia ver que los bancos que no pueden atender sus compromisos de pago son rescatados con el dinero público y que las familias que no pueden atender los suyos son echadas a la calle con toda la dureza de la ley.

No vamos a entrar en la guerra de números, pero creemos que hay algo injusto en el hecho de que en una sociedad existan personas sin casa y casas sin personas. Lo que ocurre hoy en día en la calle es el reflejo de un modelo económico que atiende las exigencias de los agentes del mercado y no las necesidades básicas de la población.

Desde La Casa en el Árbol consideramos que las reivindicaciones de la Plataforma Antidesahucios son legítimas. Nos referimos a las reivindicaciones (la dación en pago retroactiva y el alquiler social), no a sus representantes. Por supuesto, no podemos ignorar que Ada Colau y sus amistades peligrosas son personajes que proceden de la izquierda más radical y que la PAH es un vehículo que está siendo instrumentalizado como ariete contra el sistema. Cualquiera que nos haya leído un poco, sabe que no tenemos nada que ver con este entorno. Dicho esto, lamentamos que sea la extrema izquierda la que se haya hecho con el monopolio de la denuncia social ante los abusos bancarios. Lamentamos que, en un clima de empobrecimiento de las clases medias y de desamparo de muchas familias, en las organizaciones y medios auto-definidos como conservadores no se haya elaborado un discurso consistente de denuncia sobre lo que está mal en la economía. Es obvio que, salvo honrosas excepciones, en los sectores de la derecha se ha impuesto la visión liberal que, aun mostrando su solidaridad con el drama humano, han optado por mantener a ultranza la libre fijación de precios en el marco de un “libre mercado” (aunque conduzca a la creación de burbujas inmobiliarias), el respeto a la letra del contrato de hipoteca y la defensa de la “seguridad jurídica”. En particular, resulta vergonzoso que el Partido Popular, que alimenta la imagen de partido de la clase media, haya decantado la balanza a favor de los intereses del lobby bancario, sacrificando la protección de las familias que pasan por dificultades.

Vuelta a lo fundamental

Para un conservador, es necesario que los bancos tengan seguridad jurídica, pero las familias también. Por eso nos planteamos, ¿cómo debe posicionarse un conservador ante el drama de los desahucios? ¿Debe estar más cerca de las posiciones de la Asociación Española de Banca o de la Plataforma Antidesahucios? Probablemente, para definir esta incógnita tendremos que volver a los principios fundamentales y construir una posición a partir de ellos. Cualquier persona con mentalidad conservadora se sentiría cómoda con las siguientes premisas:

  • La familia es la célula de la sociedad. Para que una sociedad se construya de forma armónica es necesario que las familias tengan una vivienda en la que desarrollarse y que los jóvenes puedan acceder a una vivienda para formar una familia.
  • Aunque no es necesario tener la vivienda en propiedad, la propiedad favorece la creación de un hogar, aumenta la autonomía familiar y limita la dependencia del Estado.
  • La banca es una actividad económica necesaria. A lo largo de la historia ha creado negocios jurídicos innovadores y la concesión de crédito ha contribuido a la prosperidad a la sociedad. Es justo que las actividades útiles para el bien común lleven aparejadas una retribución adecuada.
  • No todas las actividades bancarias son necesariamente útiles. Algunas son especulativas. La especulación, especialmente sobre bienes básicos, es reprobable porque supone la obtención de un beneficio individual a costa de un perjuicio a la comunidad (se encarece el precio del bien básico, dificultando a otros su acceso).
  • En última instancia, en caso de conflicto, el bien común y la justicia social deben prevalecer sobre los intereses económicos sectoriales, por muy legítimos que éstos sean.

Cualquier modelo económico que no comparta en alguna medida estas premisas podrá ser liberal, pero no será conservador. De hecho, uno de los gurús del liberalismo, Friedrich A. Hayek, tiene escrito un ensayo muy revelador titulado “Por qué no soy conservador” (en “Los fundamentos de la libertad”). En nuestra opinión, tiene razón: no se puede ser al mismo tiempo un verdadero liberal y un auténtico conservador.

En La Casa en el Árbol nos gusta reimaginar la política desde los fundamentos y defender nuestros ideales con honestidad intelectual. Aunque nos conduzca a posiciones sorprendentes, transversales e incomprendidas por la mayoría. Por eso, en el siguiente post a lo mejor descubrimos que una mentalidad conservadora puede estar en una tercera vía más cercana de las reivindicaciones de la PAH que a las de la banca.

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