CIUDADANOS HÁMSTER

HAMSTER

No vamos a renunciar a la superación del alpinista a cambio del confort y el pienso de la jaula.

El vigor y la salud  de una sociedad lo da la calidad humana de sus ciudadanos. Los programadores del Sistema lo saben. Por eso ha programado un sutil software mental para ablandar su voluntad y evitar resistencias a sus planes. Aquí están tres de las principales líneas de lobotomía social para la juventud:

  • Sé tú mismo. Es un mensaje constante en las canciones de 40 Principales. Da igual que seas trabajador o vago, cívico o maleducado, leal o desleal, comprometido o indiferente. Los medios nos dicen que lo importante es que seamos nosotros mismos. Esto es una verdad a medias. Nosotros consideramos que tenemos que esforzarnos por ser aquello que podemos llegar a ser. La vida sin esfuerzo ni afán de superación se queda a medias.
  • Haz lo que te diga el corazón. Cualquier concursante de Gran Hermano repetirá este mantra antes de poner los cuernos a su novia o novio. A los programadores del Sistema le gustan los ciudadanos que se rigen sólo por el corazón. Los sentimientos son volubles y muy fáciles de manipular. Las industrias del cine y la publicidad viven de ello. Nosotros creemos que debe primar lo que se debe hacer por encima de lo que nos apetece hacer. Pero, claro, eso implica tener un código de conducta. Y al Sistema no le gustan las cosas que puedan obstáculos. Un código de conducta no es cool ni trendy. Es un vestigio del pasado.
  • Lo importante es ser feliz. Las comedias de Hollywood o los programas de Jorge Javier Vázquez que nos lo recuerdan permanentemente. Obviamente, la vida es una búsqueda constante de la felicidad, pero no a cualquier precio. Todos tenemos una misión o un proyecto vital. Una sed de trascendencia. Es lo que llena nuestra vida de sentido. Si te dieran la posibilidad de conectarte a una máquina que te indujera al coma y enviara a tu cerebro señales permanentes de felicidad, ¿aceptarías la propuesta? Probablemente no. Eso es porque no basta con aspirar a la felicidad del bobo, necesitamos tener una vida plena. Por eso decía Nietzsche: “No quiero labrar mi felicidad, quiero realizar mi obra”. Imaginaros pánico de los tecnócratas del Sistema el día en que los ciudadanos asumamos de verdad esta frase.

Dice Ortega y Gasset en La rebelión de las masas:

“Es indudable que la división más radical que cabe hacer de la humanidad es ésta, en dos clases de criaturas: las que exigen mucho y acumulan sobre sí mismas dificultades y deberes, y las que no se exigen nada especial, sino que para ellas vivir es ser en cada instante lo que ya son, sin esfuerzo de perfección sobre sí mismas, boyas que van a la deriva”.

Algunos no nos conformamos con la vida de hámster que nos ofrece la sociedad actual. Caminar en la rueda sin dirigirnos a ningún sitio y sin cuestionarnos nada. Podemos hacer de nuestra vida algo grande. Inspirar a otros. Dejar huella. No tengamos miedo a luchar contra el mundo por llegar a ser lo mejor de nosotros mismos, a afrontar y superar la adversidad y el dolor, a crear nuevas maneras de ser, formas nuevas y originales de vivir y de ver las cosas, de un modo distinto al de la mayoría. No vamos a renunciar a la superación del alpinista a cambio del confort y el pienso de la jaula. Los jóvenes podemos salirnos del camino trazado para convertirnos en ciudadanos hámster y tomar la vía alternativa de los ideales altos.

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