CINE: LOS ÚLTIMOS DÍAS (DEL CAPITALISMO)

Una alegoría sobre la necesidad de que se hunda el mundo enfermo en que vivimos para que surja uno nuevo y más humano. 

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Estos días podemos encontrar en la cartelera una película española con un mensaje que, más allá de las escenas de desolación, invita a la reconversión y al optimismo.

El argumento

2013. Una misteriosa agorafobia se extiende por todo el planeta. La humanidad desarrolla en cuestión de días un miedo irracional a salir al exterior que provoca la muerte de manera fulminante. Pronto, toda la población mundial se queda atrapada en los edificios. Mientras la civilización se desmorona, Marc, un programador informático de sistemas de seguridad, emprende una odisea por toda Barcelona en busca de su novia desaparecida. En su viaje Marc encuentra un extraño aliado: Enrique, el consultor de recursos humanos que había sido contratado por su empresa para hacer un “ajuste de plantilla”. Como los protagonistas no pueden salir a la calle, toda la acción se desarrolla en un submundo de líneas de metro, centros comerciales y torres de oficinas abandonadas.

La idea de la película

En varias entrevistas los hermanos Pastor, directores y realizadores de la película, cuentan que el proyecto surgió mientras montaban ‘Infectados’ (Carriers) en Nueva York. Al mirar por la ventana veían edificios que les parecieron islas, llenas de gente concentrada en sus respectivas pantallas. Así se les ocurrió tratar el tema de la pérdida de humanidad que conlleva el progreso.

Los mensajes

La película puede verse como un simple thriller apocalíptico, pero tiene también una evidente carga de profundidad que permite una lectura en clave política y cultural. Aquí dejamos reseñadas algunas de sus posibles líneas:

1) Crítica al progreso. Marc es el prototipo de hombre moderno: treintañero urbanita, programador informático y preocupado por su carrera profesional. Convive con su novia Julia desde hace tiempo pero aplaza permanentemente la idea de tener un hijo. La vida que le ofrece la sociedad actual no parece conducirle a la felicidad. Un trabajo sedentario en un entorno artificial y climatizado, horarios maratonianos y estrés laboral, una empresa impersonal, insomnio, dependencia de la tecnología. Todas sus preocupaciones pierden importancia cuando el mundo (el Sistema) empieza a caerse en pedazos a su alrededor. Sólo el amor por Julia le hará reaccionar y arriesgarlo todo para reencontrarse con ella.

2) Superación del miedo. Aunque no es consciente de ello, Marc vive atenazado por el miedo. Miedo a la situación económica, a su continuidad laboral, al Otro (ya sea un vecino de escalera o un inmigrante), al compromiso y las responsabilidades, a la paternidad. Miedo al futuro. Pero él no es una excepción. Toda la humanidad es víctima del miedo. Miedo a los Mercados, a las amenazas terroristas, a otras culturas. En nuestra interpretación, es este miedo colectivo el que acaba somatizándose y generando un pánico irracional al exterior a escala mundial.

El miedo es una enfermedad del alma del hombre actual. Juan Pablo II, una de las figuras claves del siglo XX y gran conocedor de la naturaleza humana, identificó esta patología y no se cansó de repetir a la juventud su principal lema: “No tengáis miedo”.

3) Tránsito de la competencia a la cooperación. Consultor de recursos humanos y empleado de empresa en crisis. Enrique y Marc son el cazador y la presa en el sistema capitalista. No obstante, cuando el mundo empieza a derrumbarse inician una nueva relación basada en la colaboración para lograr sus objetivos. Enrique ayuda a Marc a buscar a su novia y Marc también ayudará a Enrique en su búsqueda personal en medio del caos. ¿Un guiño a la economía del bien común?

4) Decrecimiento y refundación de nuestra civilización. En su odisea a través de la Barcelona subterránea Marc y Enrique realizan un proceso de involución necesaria. El maletín, ordenador y el iPhone dejan paso a la lanza y la recolección de semillas. Es la vuelta al origen. Al hombre como cazador-recolector, integrado en la naturaleza y alejado de costumbres artificiales que ocupan gran parte de nuestro día y que poco tienen que ver con nuestra subsistencia o desarrollo personal. A su alrededor el mundo también cambia. El apagón tecnológico permite que los hombres vuelvan a conversar con sus vecinos y que se recupere la tradición de los cuentos orales. Las plantas y los árboles vuelven a germinar en medio del asfalto. Es la ciudad en transición que necesita adaptarse a una nueva era en la que logremos superar la dependencia del petróleo y otras energías contaminantes.

Es muy revelador el diálogo en que Marc mira a través de los cristales la nueva cara de una Barcelona destruida y dice “esto se acaba”. A lo que Enrique responde “esto se había acabado hacía mucho”. ¿Hablan de la humanidad o de nuestro estilo de vida?

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El final

El final de la película no ha gustado o no ha sido bien entendido por parte de la crítica. Algunos lo han considerado una vuelta de tuerca innecesaria. Para nosotros es lo que da sentido a la película. Es la luz de esperanza que hay al final de todo proceso de catarsis dolorosa y que evita que caigamos en el pesimismo o el nihilismo. Los hermanos Pastor han declarado que hacer esta película en Estados Unidos habría sido imposible o habría tenido necesariamente un final distinto. Una razón más que evidencia que subdelegar totalmente nuestra cultura y entretenimiento en la industria de Hollywood es un gran error.

Tal vez la felicidad esté en un estilo de vida más sencillo y más humano, que la belleza esté en la piel de la mujer amada y no en sus ropas, que el ritmo de nuestras vidas lo deba marcar el paso de las estaciones y no el frenesí del calendario laboral. Y es que los últimos días de un mundo que se hunde pueden ser los primeros días de otro mundo que quiere nacer.

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