BANCO SISTÉMICO,BANCO ANTISOCIAL (2 de 2)

Chicago ganster

“El sistema político y económico [está] hoy en manos de una oligarquía política aliada con la oligarquía económica y financiera”

“Paciencia infinita”

En el post de la semana pasada vimos que los bancos sistémicos pueden poco menos que obligar a los gobiernos a rescatarles porque son “demasiado grandes para caer” (too big to fail). De esta forma se minora para ellos el riesgo de quiebra y se sustraen a la regla de oro del capitalismo según la cual una empresa que no puede sobrevivir por sí misma debe ser eliminada del mercado.

Además, las grandes entidades bancarias suponen otro riesgo para la sociedad: pueden llegar a constituir una amenaza a la soberanía. Tienen la fortaleza económica y la influencia suficientes para condicionar la acción de gobierno. Es conocido que los principales banqueros tienen un “teléfono rojo” con Moncloa y que la buena marcha de sus negocios es fundamental para la buena marcha de la economía española. De esta forma, interés privado e interés público tienden a confundirse muchas veces de forma obscena. Y eso por no hablar de que la financiación burbujística de los partidos necesita de los créditos bancarios. La influencia de la gran banca en el ejecutivo es real como la vida misma. Miguel Sebastián, ex ministro de industria del gobierno Zapatero, manifestó en el programa Salvados que, tras unas declaraciones críticas con el comportamiento de los bancos, recibió la llamada del ex secretario de organización del PSOE (Pepe Blanco), que le corrigió severamente: “la paciencia del Gobierno con los bancos es infinita”. Esto ocurría con un gobierno socialista, cuyo márketing político tiende precisamente a huir de toda afinidad con el “capital”.

Dentro vídeo:

http://www.youtube.com/watch?v=balCvX5Ddrc

Este contubernio entre poderes públicos y gran banca no pasa desapercibido para nadie que mire con neutralidad la realidad de España. Stefanie Müller es una periodista económica alemana afincada en España, que trabaja como corresponsal en nuestro país para varias publicaciones germanas. Hace menos de un año se hizo famosa por un artículo publicado en Alemania (cuidado que en internet circulan textos adulterados) en el que describía el triste panorama de nuestras élites dirigentes y, entre otras conclusiones, sentenciaba acertadamente:

el sistema político y económico [está] hoy en manos de una oligarquía política aliada con la oligarquía económica y financiera.

 Los intocables

Estas amistades peligrosas quedaron perfectamente al descubierto en el affaire Sáenz. El 12 de diciembre de 2011 el gobierno saliente de Zapatero acordó por sorpresa en un consejo de ministros extraordinario indultar a Alfredo Sáenz, el consejero delegado de Banco Santander que recientemente había sido condenado por el Tribunal Supremo por un delito de denuncia falsa. Existe un factor agravante como que el PSOE acababa de perder unas elecciones en las que el tono de su campaña había sido muy duro contra la banca. La explicación sobre el indulto que ofreció Zapatero, supuesto paladín de la ciudadanía, fue simplemente que “se entendió que era razonable y punto”.

¿Es el número dos del Santander demasiado grande para ir a la cárcel? Too big to jail?

El poder de los bancos sistémicos es de tal magnitud que consiguen que sus jerarcas se sustraigan de la justicia. Son intocables. Los gobernantes se pliegan a sus instrucciones sin importar el coste de imagen y reputación que pueda tener para su partido político y, más importante, para las instituciones. Es un clamor que a partir de determinada altura en la escala social, la ley no se aplica a todos por igual. Parece que la verdadera regla de oro de este capitalismo desenfrenado es que quien tiene el oro hace la regla.

Banca de servicio y economía de comunidad 

Una sociedad sana no puede permitir que determinadas entidades privadas se sitúen por encima de las reglas de convivencia y que condicionen las políticas de los gobiernos electos. Las grandes empresas y las altas finanzas han conseguido que, a través de medios de comunicación afines, cale entre la derecha sociológica la idea de que cualquier intervención de las autoridades públicas en el mercado (por muy legítima que sea) es odiosa y socialista. Se está asentando en la opinión pública “conservadora” una ideología económica ultraliberal, totalmente ajena a nuestra tradición cultural, que supone la renuncia a la preservación del bien común y la institucionalización del síndrome de Estocolmo.

Es el momento de superar la vieja dicotomía entre el comunismo totalitario y el capitalismo deshumanizado. A fin de cuentas, ambos son regímenes económicos en los que los imperativos del capital (ya sean gestionados por corporaciones o por el Estado) se sitúan por encima de las necesidades de la persona y la comunidad. Existen terceras vías que se están explorando desde ópticas de derecha y de izquierda. A nosotros nos gusta el distributismo que elaboró en su día Chesterton junto con un grupo de pensadores comprometidos. En un mundo escindido entre capitalismo y socialismo, ellos tuvieron la valentía de pensar de forma diferente y buscar una propuesta económica en la que la persona estuviera en el centro. Hoy sigue siendo necesaria la disidencia frente al orden establecido.

¿La búsqueda de un modelo bancario alternativo te parece una tarea irrealizable? Citaremos al famoso banquero J.P. Morgan:

Ningún problema puede ser resuelto hasta que es reducido a algún tipo de forma simple. La transformación de una dificultad abstracta en una forma especial y concreta es un elemento esencial del pensamiento”.

Otra banca es posible. Una banca que está a la altura de la “ficha bancaria” que recibe de la sociedad y que tiene un tamaño óptimo para prestar servicios bancarios, de depósito y de crédito, a la comunidad sin llegar a suponer una amenaza para ella. Una banca armónica para servir a desarrollar los proyectos vitales de las personas y las empresas, para que las familias puedan crecer sin miedo al horizonte económico. No es una quimera: esos modelos de banca han existido en Europa. Pero, claro, eso era antes de que el objetivo de prestar un servicio a la comunidad fuera sustituido por la orientan exclusiva a la maximización del beneficio. Ahí están los ejemplos de Caixa Ontinyent y Caixa Pollença en el sector bancario. Las dos únicas cajas que no quisieron sobredimensionarse y optaron por mantener el tamaño óptimo para prestar servicios a las comarcas en las que operan. Tampoco se involucraron en aventuras especuladoras. Estas dos cajas son “casualmente” las únicas que se han salvado del proceso de reestructuración. Tal vez puedan ser un buen modelo de inspiración. Hay otros modelos bancarios que también son válidos.

A nosotros nos gusta un sistema basado en la pequeña propiedad, la pequeña empresa y la pequeña banca. Además de ser un sistema de distribución más justo, es un sistema más estable. Si una empresa o un sector entra en dificultades, el efecto para los demás es limitado en comparación con la caída de una entidad que sostiene por sí todo el sistema. Los bancos son los primeros que dicen que el riesgo debe diversificarse y que no deben ponerse todos los huevos en la misma cesta. Esto que es válido para una cartera de valores lo es también para el propio sector bancario. Las empresas y bancos “sistémicos” no sirven al bien común porque, en última instancia, son bombas de relojería que pueden poner en peligro al propio mercado.

Reconozcámoslo: hemos ido demasiado lejos en muchos campos. El bancario es un claro ejemplo. Es el momento de hacer un alto en el camino y replantearnos qué modelo de sistema financiero queremos dejar a nuestros hijos.

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