AVATAR: UNA VISIÓN CONSERVADORA (3 de 3)

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¿Los progres no se han dado cuenta de que el Árbol de las Voces es un símbolo de la tradición?

En los anteriores posts hemos tratado los siguientes temas conservadores: arraigo, la identidad, la desposesión, cultura, pertenencia y comunitarismo. Pero no se vayan todavía, ¡aún hay más!:

Tradición: La tradición es probablemente uno de los temas conservadores más patentes en Avatar. El pueblo Na’vi no vive de espaldas al pensamiento y obra sus predecesores sino que vive en una comunión armoniosa con ellos. En un determinado Neytiri Omaticaya, la nativa de Pandora, conduce al marine Jake a un rincón del bosque que es sagrado para ellos y se produce esta conversación:

– Estos árboles se llaman Otraya Mokri.

– El Árbol de las Voces

– Las voces de nuestros antepasados.

– ¡Puedo oírlos!

– Están vivos, Jake.

El guión parece escrito por Weaver o por el mismísimo Burke. El Árbol de las Voces es un claro símbolo de la tradición como faro de una comunidad. Edmund Burke ya dijo en el siglo XVIII que “la sociedad humana constituye una asociación en la que participan no sólo los vivos, sino también los que han muerto y los que están por nacer”. Y entendía que solo quienes escuchan a los muertos podían ser buenos custodios para las generaciones futuras. Los Na’vi comparten esta visión de la comunidad como un proyecto trascendente que discurre a lo largo de la historia. Nada que ver con la idea ilustrada de pueblo como contrato social y plebiscitario de los vivos, sin vínculos con los que nos han precedido ni responsabilidades hacia los que nos sucederán.

Es importante destacar que en Avatar las voces del Árbol están “vivas”. No son ecos del pasado. La tradición no es lo antiguo, sino lo atemporal, lo permanente, que no perece. Lo actual. Es lo contrario al inmovilismo. Es lo que hace florecer y renovarse a una comunidad. Lo que la mantiene viva y unida. Como decía Chesterton “la tradición es la transmisión del fuego, no la adoración de las cenizas”. En el mismo sentido Vázquez de Mella afirmaba lo siguiente:

La tradición es el progreso hereditario; y el progreso, si no es hereditario, no es progreso social. Una generación, si es heredera de las anteriores, que le transmiten por tradición hereditaria lo que han recibido, puede recogerla y hacer lo que hacen los buenos herederos: aumentarla y perfeccionarla, para comunicarla mejorada a sus sucesores”.

La tradición es un concepto dinámico, aunque lo hayan olvidado muchos de los que se consideran conservadores o incluso tradicionalistas. Esto lo tienen calor los Na’vi y algunos de los que nos sentimos identificados con esos nativos que defienden su hogar. A fin de cuentas, nosotros también somos azules y peleones.

árbol voces

Religión y espiritualidad: Han sido muchas las voces, tanto en la izquierda como en la derecha, que han visto en Avatar una oda new-age. Algunos afirman que el color azul de los nativos recuerda a la iconografía budista, que la cinta transmite el espiritualismo ecológico que hoy está tan de moda y una apología del panteísmo en la medida en que no hay distinción entre la creación (naturaleza) y el Creador. Quienes dicen esto pueden tener buenas razones para defender sus respectivos puntos de vista. Pero nosotros mantenemos otra interpretación.

En el Osservatore Romano se publicaron varios artículos tratando este tema desde varios enfoques. En uno se dice que “el ecologismo de Avatar se empantana de un espiritualismo ligado al culto de la naturaleza”. En otro se sostiene que la película defiende “una cierta forma de espiritualismo ecológico hoy de moda y el temor, muy difundido, a vivir una verdadera trascendencia”. Finalmente, el diario vaticano cita en otro artículo al comentarista de asuntos religiosos del New York Times, Ross Duhat, quien considera que Avatar presenta “una apología del panteísmo, una fe que hace a Dios igual a la naturaleza, y llama a la humanidad a una comunión religiosa con el mundo natural”. Este mismo autor también sugiere, citando a un blogger estadounidense, que Cameron también podría haber “unido la antigua teología cristiana de la gracia y de la redención a su parábola antiimperialista’ (cuando afirma que llegar a ser un na’vi es volver a nacer)”. “El debate, como se ve, está más abierto que nunca”, concluye el comentarista del NYT.

Este último argumento no nos parece menor. Sobre todo porque hay un detalle fundamental: la científica que aterriza en Pandora se llama Grace Agustine. El nombre Grace (Gracia) Augustine (Agustín), nos lleva a pensar fácilmente en San Agustín, a quien se lo conoce también como el Doctor de la Gracia. La teología no es nuestro fuerte, pero no creemos que alguien de la genialidad de Cameron esté dando una puntada sin hilo. [Una nota que o lo decimos o reventamos: la científica es una fumadora compulsiva y su primera frase es para pedir un cigarro: ¡zas! en toda la boca a la corrección política progre. Bueno, ya lo hemos dicho]

En cualquier caso, nuestro principal argumento para desvirtuar que Avatar promueva el panteísmo new-age está en que Eywa, la diosa creadora, escucha la oración. Antes de la batalla final Jake pide a Eywa para que interceda por ellos en la lucha. Los nativos  dicen al marine “renacido” que la diosa no interviene sino que sólo mantiene la armonía. No obstante, en la batalla final Eywa apoya activamente a los Na’vi frente al ejército mercenario de la corporación, dotado con un armamento muy superior. “¡Eywa te ha escuchado!”, grita Neytiri desde lo más profundo de su corazón. El Creador es distinto de sus criaturas. Tiene sus propios planes y su propia providencia. Y las criaturas pueden mantener un diálogo personal con él por medio de la plegaria. La “segunda religiosidad” del new-age se cae echa añicos.

En cualquier caso, lo que no se puede negar es que la película vuelve a poner en el debate un tema que es eminentemente conservador: la necesidad de una visión espiritual de la vida. Lo vemos en la calle: la gente está enferma de materialismo y busca una verdad trascendente.

El desencantamiento del mundo. Avatar transmite una visión de un mundo pre-moderno en el que lo sagrado sigue vivo y está presente en el día a día de las personas. Tal y como percibe también Sebastián Núñez en las páginas de LeerCine, los nativos de Pandora “están totalmente ritualizados. Por ello todos y cada uno de sus actos están en función de algo superior, trascendente” (De ritos, arquetipos y salvación). Los pasos iniciáticos, las tradiciones orales, los mitos del dominador de la gran bestia alada, la caza (lo siento vegetarianos, los Na’vi comen carne) e incluso la cópula, la unión entre el hombre y la mujer es también un paso ritual (lo siento, defensores de la liberación sexual).

Vemos que la comunidad Na’vi no tiene nada que ver con nuestra sociedad, pero sí mucho que ver con lo que fuimos en otros momentos de la historia. El desencantamiento del mundo es otro tema clásico del pensamiento conservador. Es un término utilizado en ciencias sociales para explicar la racionalización cultura y la devaluación del misticismo propios de la sociedad moderna. El concepto fue acuñado originalmente por Max Weber para describir el carácter de una sociedad occidental modernizada, burocratizada y secularizada donde la comprensión científica está más valorada que la creencia, y donde los procesos están orientados a metas racionales. La Ilustración acabó de dar la puntilla a una visión del mundo en la que el plano espiritual tiene más importancia que el plano material. La filosofía de las Luces demolió las sociedades trascendentes y edificó la sociedad moderna, presidida por el racionalismo, el utilitarismo, el positivismo y el enciclopedismo.

Con esta nueva visión Dios deja de ser el centro del universo, el productor de sentido para convertirse en un capítulo de la filosofía denominado teodicea. El desencantamiento del mundo se produce cuando, en palabras de Hegel, el bosque sagrado de toda la tradición medieval y premoderna se transforma en “mera leña”. El objeto ya no es lo bello sino que degradándose a objeto material es sólo lo calculable, lo mensurable, lo dominable por la razón.

Pero los Na’vi preservan una visión alternativa. Siguen arraigados al bosque sagrado, habitan en el Árbolmadre y preservan los lugares místicos del Árbol de las Voces y el Árbol de las Almas.

¿Después de leer estos posts aún crees que se sostiene la interpretación progre-hippy-kumbayá de Avatar?

Una reflexión final

Muchos sectores auto-denominados conservadores se han sentido molestos por el mensaje de la película Avatar. La han interpretado en clave anti-americana, anti-occidental, anti-militarista o anti-capitalista. Ellos sabrán por qué han dado más valor a esas claves que a la defensa de los vínculos tradicionales, la moral comunitaria y el sentido de trascendencia, claramente presentes en la película. Julio Caro Baroja distinguía entre conservadores y conserva-duros. De los que suman cinco pesetas. Pues eso.

En la Casa en el Árbol estamos muy decepcionados con los planteamientos políticos de quienes dicen sostener nuestras banderas hoy. Al final del día siempre priman los intereses económicos sobre los valores de fondo. Han vaciado de contenido nuestra visión del mundo. Por eso, nos hemos propuesto volver a los principios y reimaginar desde ahí un nuevo discurso más allá de etiquetas políticas de conveniencia. Podemos cambiar nuestras hojas, pero nunca cambiaremos nuestras raíces. Nos mantenemos fieles a unos principios que valen más que cualquier coyuntura electoral de circunstancias, más que cualquier alianza estratégica y más que cualquier interés económico en el exterior. Por eso, coincidimos con Alain de Benoist cuando afirma lo siguiente:

Uno queda sorprendido cuando los adversarios de la ideología del progreso no perciben que la ecología representa hoy la forma más vigorosa de contestación de esta ideología, que personas para las que el hombre es primeramente un heredero no comprenden que el entorno natural forma parte de la herencia y que los valores propios de las sociedades tradicionales derivan de allí, por  pura estupidez o pereza intelectual, para hacerse ardientes defensores de una modernidad que ha laminado todo lo que habrían querido conservar”.

Ahí queda eso.

Avatar es una buena prueba de ello. Y las distintas reacciones que provoca la película permite separar a tirios y troyanos.

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