AVATAR: UNA VISIÓN CONSERVADORA (2 de 3)

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¿Y si los salvajes fuéramos nosotros?

En el anterior post analizamos los temas del arraigo, la identidad y la desposesión que están presentes en Avatar. Como si fueran unas gafas psicodélicas de 3-D, en esta  entrada daremos nuevas claves para apreciar la dimensión conservadora de película más taquillera de la historia:

Cultura: La película muestra que los Na’vi, lejos de ser unos salvajes, poseen y cuidan una cultura amplia y compartida, completada con rituales, tradiciones orales, ritos de paso, habilidades transmitidas y arte propio. La cultura está orientada al bien común y al mantenimiento de la identidad. Esta concepción sorprende mucho en un tiempo marcado por el pop-art, la abstracción, el anti-arte y la contracultura en el que la cultura o bien se utiliza como palanca para hacer saltar los valores comunes o bien es un simple producto de consumo más. Después de vivir un tiempo en el clan de los Omaticaya, el marine Jake Sully dice a sus superiores que los nativos “no van a abandonar su hogar. No van a hacer un trato. Pfff ¿a cambio de qué? ¿De cerveza light? ¿De unos vaqueros? No tenemos nada que ellos quieran”. Existe una tendencia ilustrada a mirar con superioridad las culturas pre-modernas. Avatar da a la modernidad una bofetada con la mano abierta.

Pertenencia. Los Na’vi poseen un sentimiento de propósito compartido, de solidaridad y de moral comunitaria. Lo que Weaver llamó el  “sentido de pertenencia compartida”. Para Weaver una comunidad que aspire a ser “metafísica” y no puramente “empírica”, es decir, la sociedad que aspire a ser algo más que una agrupación circunstancial de individuos, debe reposar en el vínculo y en el sentimiento que ofrecen “una misma mirada sobre el mundo”. Los Na’vi comparten una cosmovisión, como en su día la compartió el Occidente cristiano.

Comunitarismo. El centro de la vida pública no es el individuo sino la comunidad. Las decisiones que afectan a la vida y futuro del pueblo se toman pensando en el bien de todos. En la comunidad Na’vi es inconcebible una visión individualista de la persona y que los intereses particulares puedan imponerse al bien común. Ojo. Hablamos de comunidad, no de colectivismo. Como decía Russell Kirk, “la comunidad significa variedad y complejidad, el colectivismo exige uniformidad y una árida simplicidad”.

Por otro lado, la ciudadanía no se regala. Los derechos hay que ganárselos con una carga equivalente de obligaciones. Antes de integrarse en la comunidad Na’vi el marine Jake Sully aprende y acepta su lengua, sus costumbres, su visión del mundo. Luego es aceptado sin reservas por la comunidad. La comunidad que forma el clan de los Omaticaya no es precisamente multicultural y está muy lejos de ser una “sociedad abierta” conforme a los parámetros modernos. Sin embargo, es difícil imaginar un pueblo más abierto a la relación personal con su Creadora (Eywa), con la naturaleza y con el prójimo. Respecto a esto último, destaca la expresión “te veo” que utilizan los Na’vi para decir a otro miembro de la comunidad que ve su interior, que ve su alma. Son un pueblo esencialmente espiritual mientras que los marines, empresarios y científicos que aterrizan en Pandora arrastran un aire escéptico que les impide ver todo aquello que no sea sensorial. ¿Cuál es realmente la sociedad cerrada? ¿La suya o la nuestra?

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Vemos que Avatar es un alegato a favor de los vínculos tradicionales, la solidaridad comunitaria y el sentimiento de pertenencia compartida. Son los cimientos para la visión de un pueblo como un proyecto trascendente. Es una medicina muy fuerte para una sociedad enclenque que ha abandonado la centralidad de los lazos fuertes y tiende a favorecer relaciones sociales y familiares coyunturales y de menor compromiso. El trabajo se está desplazando de las organizaciones a las redes, las vocaciones políticas a los compromisos puntuales, las pasiones de toda una vida a las relaciones esporádicas, el matrimonio a los emparejamientos de hecho, las amistades cercanas a los amigos de Facebook.

Basta echar un ojo a los Na’vi para comprender que no hay plenitud sin compromiso. ¿Quiénes son los salvajes? ¿Ellos o nosotros?

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