AVATAR: UNA VISIÓN CONSERVADORA (1 de 3)

 

Avatar-Teaser-Poster

La película más taquillera de la historia es un alegato a favor de los vínculos tradicionales. ¿Se habrá dado cuenta de eso la meca progresista de Hollywood?

Una voz crítica con la modernidad.

Avatar ha sido aplaudida, entre otros, por ecologistas, decrecentistas, animalistas, antimilitaristas, anticapitalistas, americanos de la izquierda heterodoxa, antiamericanos, feministas, indigenistas, defensores de las minorías raciales, panteístas, budistas y new-agers. Hacen bien. Tienen motivos para ello porque la película permite una interpretación ideológica conforme a su particular visión del mundo.

Pero los post-modernos no deberían estar solos. Los pre-modernos (o anti-modernos) también tenemos razones para sonreír. La película admite una clara lectura en clave conservadora.

No. No hemos fumado nada extraño aquí arriba, en la Casa en el Árbol. Dejad que nos expliquemos antes de que saquéis las cachimbas y pongáis en marcha los CDs de Bob Marley.

Desde este blog sostenemos que el verdadero ecologismo, defendido con honestidad intelectual, es un poderoso caballo de batalla contra la modernidad y la ideología de progreso. El ecologismo llevado hasta sus últimas consecuencias termina en la protección del sentimiento de pertenencia a un territorio, la valoración de la (bio)diversidad, el agrarismo, la primacía del ser sobre el tener y la defensa de las costumbres y la moral comunitaria. Todas éstas son temáticas propias de una cultura de Derecha (no liberal). Avatar es, fundamentalmente, una fábula ecologista. Por eso, la película más taquillera de la historia acaba siendo, consciente o inconscientemente, un alegato a favor del arraigo, los vínculos tradicionales y una visión trascendente de la vida.

Comprendemos que estén molestos los modernos, es decir, los liberales y sus distintas ramificaciones: los militaristas, los libertarios, los anarco-capitalistas, los apologetas del mercado global, la oligocracia cosmopolita, las mega-multinacionales y los defensores del imperialismo económico. La película les mete el dedo en el ojo de una forma evidente. Pero quienes defendemos el retorno a lo local, el bien común, la identidad, la economía de proximidad, el valor de lo sagrado y la convivencia entre pueblos tenemos buenos motivos para coger unas palomitas y pasar un buen rato frente a la televisión. Incluso podemos sentarnos en el sofá junto con los revoltosos de la izquierda anticapitalista y echarnos unas risas viendo cómo los nativos Na’vi les hacen sudar la camiseta a los militares mercenarios y desbaratan los planes de la corporación avariciosa que quiere dominar las minas de mineral de Pandora. Y es que, no nos engañemos, Cameron no arremete contra la cultura de Occidente, critica el “estilo de vida” occidental, moderno y post-cristiano. Que no es lo mismo.

Existe otra visión de Occidente que no sale mal parada en esta película. Y esto es lo que los progres de Hollywood, más dados al eslogan fácil y el hooliganismo, no han sabido ver.

Los temas conservadores de Avatar

Algunos de los grandes temas conservadores presentes en la película Avatar son los siguientes:

Arraigo: El pueblo de los Na’vi está íntimamente vinculado a su territorio. Vitalmente vinculado a él. El Árbol Madre (Kelutrel), también conocido como Arbolcasa es un gigantesco árbol con un gran tronco hueco. El interior, el exterior y los alrededores conforman el poblado donde se asienta el clan de los Omaticaya. Para los Na’vi el árbol además de ser su hogar es parte de su cultura y religión, junto a otros lugares místicos y sagrados como el Árbol de las almas (Uitraya Ramunon) y el Árbol de las voces (Utral Aymokriyä), tres verdaderos pilares de su relación y conexión con la «Madre Naturaleza» y con su deidad, Eywa. Es difícil ignorar la raíz tradicional de esta conexión entre el territorio y la vida comunitaria, cultural y religiosa de un pueblo. Para una visión conservadora del mundo, cada lugar es irremplazable e irrepetible.

Por cierto, el ataque aéreo al Árbol Madre tiene una estética que recuerda el ataque terrorista a las torres gemelas del 11-S. De ahí que, según nuestra interpretación, Avatar no es una película “antiamericana”, sino “anti-moderna”.

Avatar archo y flecha

Identidad y desposesión: Una de los principales efectos que ha traído consigo la modernidad es el sentimiento de alienación que atenaza el alma del hombre actual. El hombre de hoy sabe intuitivamente que está perdiendo algo terriblemente valioso. Algo que no es cuantitativa ni económicamente mensurable y que, sin embargo, está cargado de valor. La película refleja muy bien la sensación de pérdida que provoca la llegada de fuerzas externas que amenazan las costumbres, la cultura y los lugares que amas. Los fumanchús del capitalismo moderno son “cosmopolitas” (léase desarraigados), agentes libres y expatriados que nunca han amado y vivido un lugar con la suficiente intensidad como para luchar en su defensa. La lógica capitalista del incremento del beneficio conduce a hacerse con el dominio de la materia prima y a producir donde los costes son más bajos, produciendo una creciente movilidad del trabajo y los medios de producción. Estos procesos económicos globales generan “externalidades negativas” en las costumbres y culturas locales que erosionan el sentido humano del “lugar”.

En el siguiente post analizaremos otros temas conservadores que aparecen en la película de James Cameron.

Si te ha gustado, comparte

Deja un comentario