ANTINATALISMO Y CORDURA

Antinatalismo

Resulta que la libertad de planificación familiar es más draconiana que la ley china del hijo único.

 Hace unas semanas escuche una conversación de bar que me dejó preocupado. Unos tipos comentaban el caso de una familia con tres hijos en la que el marido había perdido el empleo. Parece ser que se trataba de una familia de clase media-media o media-baja. Una de las personas que participaba en la conversación calificó de pasada al hombre como “insensato” por haber traído al mundo a tres niños a pesar de tener un oficio modesto.

El tipo llamó a su paisano “insensato” con algo de escarnio. La palabra le salió con naturalidad, como si se limitara a constatar un hecho. Hoy en día una familia con tres hijos es una familia numerosa. El número de hijos marca el estatus social y el poderío económico. Por eso, el pobre diablo había sido un imprudente al tener tres niños. Poco menos que se merecía lo que le estaba pasando, por haberse pasado de listo.

Esta frase cazada al aire me dio que pensar. Vivimos en una sociedad en la que rige la planificación familiar. Una sociedad en la que tener más de un hijo se considera un lujo. Una sociedad en la que no hacer bien los cálculos te sitúa más allá de los límites de la cordura. Y, sobre todo, una sociedad que cree que lo sensato es vivir con miedo al futuro.

Paradójicamente, esta “sensatez” es incompatible con la supervivencia y el reemplazo generacional. La idea de “cordura” que nos han inoculado lleva a la sociedad al colapso. Hasta donde yo sé, se necesita tener 2.1 hijos por pareja para mantener un crecimiento poblacional positivo. Si todas las familias pasan a ser “sensatas”, tenemos los años contados.

En China la dictadura totalitaria aplica la ley draconiana del hijo único. Aquí no es necesario: rige la libertad de planificación familiar. En España la tiranía soft-totalitaria es astuta y todo lo presenta bajo un maquillaje razonable y de elección personal. La cultura del miedo que se alimenta desde los medios de comunicación y la industria del entretenimiento hace que las personas hagan “voluntariamente” un uso muy restrictivo de esa “libertad” y que sancionen socialmente a quien se pase de listo.

La ley del miedo es mucho más poderosa que la ley del hijo único, porque nos la imponemos nosotros mismos y no es necesaria ninguna fuerza de coacción.

La cultura antinatalista de occidente conduce a un suicidio demográfico. Se ha dado la vuelta a la cordura como si fuera un calcetín. Pero alertar de la insensatez reinante te convierte en reaccionario. Será porque en un mundo al revés el sentido común es revolucionario.

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